Por Herbert A. R. Norman
La promoción de inversiones (los temas intocables)
Es obvio que son necesarias las inversiones. Llegan, contratan personal local y por tanto son un paliativo contra la desocupación. Adquieren materias primas o semielaboradas para incorporarlas a sus líneas de producción. Aumentan la oferta de bienes y servicios en el mercado interno, y también las exportaciones contribuyendo al equilibrio de la balanza de pagos.
Pero hay cuestiones que frenan la decisión de arribar con capitales para ser invertidos en actividades concretas. Trataremos de enunciar algunas de las consideraciones que tienen en cuenta los potenciales inversores. Porque, esos capitales disponibles andan por el mundo y analizan y comparan los ofrecimientos que se le presentan en otros lugares del planeta. Algunas de las situaciones a que he de referirme producen escozor en los niveles políticos y sindicales porque son temas “intocables”, como las indemnizaciones por despido, y quien osara referirse a ellos es reo, políticamente destrozable.
Algunas consideraciones
a) Nivel de costos salariales comparativos: con un “dólar bajo” se frena la posibilidad de exportación de los bienes producidos. Los dólares que recibiría el industrial o exportador por la venta de sus productos en el exterior, transformados a pesos al ser recibidos, no cubrirían convenientemente los costos de salarios y/o materias primas.
b) Nivel de leyes sociales muy altos: pensados inicialmente para pagar jubilaciones mejores, finalmente aumentan los costos de producción, pese a lo cual, por ejemplo y al margen del análisis que estamos realizando, no implican una jubilación razonable. Las obras sociales, muy caras, frenan decisiones de inversión porque contribuyen al encarecimiento productivo; cubren con quejas las necesidades de la salud del trabajador y su familia. Los aportes sindicales forzosos finalmente aumentan el costo salarial, alejan intenciones de inversión, y lógicamente atentan contra los niveles de empleo.
c) Un sistema endiablado de obligaciones -abrigado por la ley de despidos- que en muchos casos significan que la contratación de personal sea una verdadera arma de doble filo pues frente a un eventual cambio en las condiciones de mercado, se tenga que forzosamente optar por el despido de parte del personal. Muchas veces implica, por el monto de las indemnizaciones, la quiebra de la empresa. En ese caso, la supuesta “defensa” del trabajador queda aniquilada porque la quiebra empresaria deja sin trabajo a la totalidad del contingente trabajador.
Este caso que terminamos de visualizar trae a la memoria el comentario que un analista definió hace varios años como aquellas dos famosas palabras que apuntalaron el enorme desarrollo de los Estados Unidos: está despedido. Son dos palabras dolorosas que han dado pábulo a políticos para denostarlas, creyendo que están beneficiando a los trabajadores. En su cortedad mental pensaron tal vez que tal postura crítica les significaría un aumento del número de votantes que necesitarían en las próximas elecciones.
“Estás despedido”
Las dos palabras tienen desventajas pero también ventajas importantes. Por cierto que la desventaja más directa es que el trabajador que sufre el despido recibe un shock considerable pues está en juego su futuro, su familia y diversas consideraciones muy atendibles. Es por tanto una situación que tiene que ser cubierta por el sistema de una manera inteligente y humanizada.
El sistema debe implementar la constitución de un Fondo Nacional Para Despidos, el cual debe ser transparentemente auditado y monitoreado por un Directorio constituido tanto por entidades de empleadores, sindicatos y por el Estado, que quede por ley al amparo de manos desesperadas o de gobiernos ansiosos de utilizar espuriamente esos fondos. Fondos que deben constituirse con un aporte mínimo de todos los trabajadores del país, con los cuales se podrá atender temporariamente la situación del trabajador despedido. Esa temporalidad no debería superar el año contado desde la fecha del despido, partiendo del supuesto que la persona despedida conseguirá en ese período empleo en otra actividad.
La suma que debería percibir el despedido en doce cuotas mensuales, relacionada con el nivel de su último sueldo básico, debe ir lentamente disminuyendo a fin de que haya un estímulo en la búsqueda de una nueva ocupación, que al ser lograda implica la interrupción indemnizatoria. Este sistema debe preservar también la cobertura de salud.
Si regresamos al inicio de nuestro escrito, podríamos agregar que los posibles interesados en inversiones, anotarán como elemento positivo la existencia de una caja nacional que cubrirá en forma justa las hipótesis de despido de personal.
No hay que pasar por alto que la actitud del trabajador será aplicar su interés en resguardar su puesto, mejorando la producción y ayudando a asegurar la permanencia activa tanto propia como de la empresa en el devenir económico. Pasa a ser un elemento humano con posibilidades de ascenso, tanto en el puesto como en la retribución.
Por éstas y algunas otras consideraciones, es constructivo avanzar hacia un sistema realista de ley de despidos, en sustitución del retrógrado sistema vigente, si es que queremos de verdad que Argentina sea un faro de prosperidad que aproveche las condiciones naturales con que Dios la ha beneficiado.





