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Reapertura del Museo en La Cumbre.

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Luego de un año de esterilidad de los espacios culturales del país a causa de la pandemia, el Museo Ocampo, de la Cumbre, Córdoba, relanza la obra del reconocido pintor argentino que llegó a representar a nuestro país en las bienales de San Pablo y Venecia, y concibió este lugar para exponer su obra de décadas. Lo hace a través de una muestra curada por la historiadora y crítica de arte María José Herrera, a partir de una idea de Laura Ocampo, la hija mayor de Miguel Ocampo Leloir (1922 – 2015), el pintor que después de itinerar largos años por el mundo como artista y diplomático, encontró su lugar definitivo en este rincón serrano de la Punilla cordobesa.
La apertura de la muestra, primer paso de un programa de exhibiciones que recorrerá distintos lugares de la Argentina, se hizo en el Museo que evoca su nombre, con un número de asistentes ajustado a los protocolos sanitarios vigentes, en un clima de sobriedad que hubiera complacido a Ocampo, con la presencia de su esposa, Susana Withrington, amigable anfitriona del encuentro, familiares y amigos, gente de museos, artistas -entre ellos el gran escultor Hernán Dompé-, funcionarios provinciales y municipales.

"Intuiciones", es el nombre de la muestra que, acertadamente, desnuda su trasfondo: el descubrimiento de aspectos permanentes en la obra del artista a través del tiempo, más allá de su adscripción a distintas corrientes (empezando por el arte concreto en los 50), la experimentación de técnicas pictóricas diversas, las variaciones temáticas, sus propios cambios madurativos y perceptivos, relacionados con búsquedas constantes. La curadora, encuentra esos vínculos y los pone de manifiesto. La síntesis se expresa en un panel que ocupa el centro de la exhibición, donde se muestran juntas dos obras distantes en el tiempo y próximas en su genoma: "Rojo invierno", pintado en 1965 y considerado un exponente del expresionismo abstracto que Ocampo cultivó en París en los 60; y "Aire tibio", gestado en La Cumbre en 1992, también inspirado en la naturaleza, imagen en la que la abstracción le cede espacio a formas reconocibles en una fusión singular que caracterizará a la obra del pintor de allí hasta el final de su camino.
El inteligente montaje incluye paneles con fotografías del pintor en distintos escenarios históricos, cronologías e información sucinta sobre hechos contextuales de las obras que se observan. En suma, un buen punto de partida para conocer a un pintor que despierta en el contemplador una emoción estética que lo acerca al arte, sin la mediación de lecturas eruditas o saberes técnicos, simplemente por la irradiación indefinible que surge de sus pinturas e impregna el receptor sensible.
La reapertura del Museo Ocampo en una ceremonia austera en la que hablaron el Arq. Sebastián Martínez Villada, partícipe en el proyecto y ejecución del edificio cultural, y María José Herrera, ex directora artística del Museo Nacional de Bellas Artes, se produce a poco de dictarse el decreto presidencial que declara a La Cumbre "Poblado Histórico de la Nación" y como preludio del centenario del nacimiento de Miguel Ocampo, que se cumple el año próximo.

La síntesis se expresa en un panel que ocupa el centro de la exhibición, donde se muestran juntas dos obras distantes en el tiempo y próximas en su genoma: "Rojo invierno", pintado en 1965 y "Aire tibio", gestado en La Cumbre en 1992.
La reapertura del Museo Ocampo, se produce a poco de dictarse el decreto presidencial que declara a La Cumbre "Poblado Histórico de la Nación" y como preludio del centenario del nacimiento de Miguel Ocampo, que se cumple el año próximo.