Lo que salió a la luz en Argentina en los últimos días, vinculado al uso indebido de propofol y fentanilo fuera del ámbito médico, no puede entenderse como un hecho aislado.
El riesgo invisible: cuando el saber médico se desvirtúa
El fallecimiento de un anestesista de 29 años por sobredosis no solo generó conmoción en el ámbito médico, sino que también puso en evidencia posibles fallas en los controles sobre medicamentos sensibles dentro del sistema de salud.

La muerte del anestesista Alejandro Zalazar (29), ocurrida en febrero pasado por sobredosis, revela una falla más profunda: cuando este tipo de medicamentos se aparta de los circuitos formales, el riesgo deja de ser individual y pasa a impactar en todo el sistema.

Estos episodios, además, no son inéditos. Ya hubo antecedentes que mostraron las consecuencias más extremas de este tipo de desvíos.
Caso Billiris
El caso de Gerardo Ismael Billiris, quien era anestesista y fue condenado a 14 años de prisión en 2019, es un claro ejemplo de cómo el acceso a estas sustancias, sumado al conocimiento técnico y la falta de control, puede derivar en situaciones gravísimas.
Los testimonios de víctimas reflejaron daños profundos, incluso con consecuencias cercanas a la muerte.
Aunque los contextos sean distintos —uno vinculado al consumo fuera de control y otro a hechos de abuso—, ambos comparten una misma raíz: el uso incorrecto de herramientas médicas que exigen un manejo estricto.
Ampliar el enfoque
Esto obliga a ampliar el enfoque. El problema no se limita a delitos tradicionales ni a circuitos externos. También puede surgir dentro de las propias instituciones, en manos de quienes tienen acceso privilegiado. Es una forma de delito menos visible, pero potencialmente más peligrosa.
A esto se suma un factor clave: la subestimación del riesgo. El propofol y el fentanilo son sustancias de alta peligrosidad, que requieren condiciones específicas para su uso. Cuando se utilizan fuera de esos parámetros, quienes deberían cuidar pueden convertirse en un riesgo.

Frente a esto, la respuesta no puede ser únicamente punitiva. Es necesario fortalecer los controles, mejorar los sistemas de seguimiento de estos medicamentos y revisar las responsabilidades dentro de las instituciones.
Porque cuando estas situaciones se repiten, dejan de ser excepciones. Pasan a ser señales de que algo en el sistema no está funcionando como debería.
* Abogado Penalista Ex investigador Federal, Especialista avanzado en la lucha contra el Narcotráfico









