Es jueves a la tarde, temprano, Para muchos es la hora de la siesta pero para el grupo que se acomoda alrededor de una gran mesa en la Fundación Cauces, 1° de Mayo 2120 de la ciudad capital, es momento de poner, literalmente, manos a la obra. Es en el marco del curso de Electricidad Básica para Mujeres
Electricidad básica para mujeres: del “respeto” por los cables a la autonomía
Se dicta en Fundación Cauces y abrirá una nueva cohorte desde el 27 de mayo. El objetivo es promover la autonomía para resolver problemas básicos en el hogar. A futuro se planea incorporar nuevas disciplinas.

Durante ocho semanas compartirán aprendizajes, uso de herramientas, medidas de seguridad y estrategias básicas para resolver problemas cotidianos de electricidad en sus propios hogares y, si se animan, en el de un vecino.
En el grupo, en el que coinciden mujeres de todas las edades, alguna imagina una salida laboral y otras no dudan en indagar en nuevos cursos en los que puedan ampliar saberes y llegar a matricularse.
Para eso tienen la guía de la docente, Cecilia Emilce Pérez, electricista matriculada desde hace dos décadas.
La mayoría de las asistentes, y la profesora también (“una genia”, según sus alumnas) vienen de lejos: de Colastiné, Santa Rita, Villa Hipódromo, Cabaña Leiva y Santo Tomé, por mencionar algunos puntos.

Algunas se mudaron solas y decidieron resolver por su cuenta los inconvenientes en su nuevo hogar; otras no quieren depender de otras personas, en general hombres, para arreglar o mejorar las instalaciones; alguien más quiere armar sus dispositivos tal y como los necesita para su emprendimiento.
La mayoría admite que le tiene “mucho respeto” a la electricidad. Conocidas las medidas de seguridad, todas prefieren evitar un gasto adicional y resolver aquello que esté a su alcance.
La apertura de este curso se enmarca en el ciclo “Autónomas: hacer y resolver”, tuvo tanto éxito que se decidió abrir una nueva cohorte para comenzar el 27 de mayo. Esta vez las 8 clases se dictarán los días miércoles, de 14 a 16.30 y también estarán a cargo de Pérez.
Para consultas e inscripciones, las interesadas deben comunicarse por mensaje al whatsapp 3425470476.
El curso es arancelado.
A futuro se espera incorporar otras disciplinas como plomería, albañilería y pintura “con el objetivo de promover la independencia, la confianza y el acceso igualitario a saberes históricamente masculinizados” afirma Belén Juez, coordinadora del ciclo “pensado por y para mujeres”.
- Cuando tuvieron que pedir ayuda para resolver un problema eléctrico en su casa, ¿alguna vez respondió una mujer?-, preguntó El Litoral a las asistentes al curso.
La respuesta fue unánime. “No”.
Ahora esperan ser ellas las que puedan arreglar cuestiones básicas o, por qué no, trabajar en el oficio después de estudiar y lograr la matrícula.
Eli lo cuenta así: “Cuando digo que estoy haciendo un curso de electricidad, los hombres me quedan mirando y me dicen: ‘nunca encontré una chica electricista’. Y yo les digo: aquí estoy así que, cuando necesiten una, me llaman. Siempre me daba maña, hasta un secarropas arreglé”
Todas ríen con ganas mientras circula el mate. Todavía faltan unos minutos para que llegue la profesora y entonces se hará silencio.
- ¿Y como salida laboral?
- Yo-, dice Sonia. Mi hija está construyendo, pidió presupuesto y ya le dije, ¿quién va a ir? Mamá. Si te salta la térmica tenés que estar esperando que la vengan a arreglar. Estoy emocionada, me gustaría trabajar en esto.
“Para trabajar no se”, apunta Sandra, que prefiere hablar de autogestión para “no depender siempre de alguien. A veces querés hacer algún cambio y no hay recursos económicos. Pero tengo que estar segura de lo que hago; tengo respeto a la electricidad”.
Marcela hace trabajos en marroquinería y admite que tiene que “pedir que me hagan el tablero para los enchufes. El otro día empecé a analizar lo que aprendimos y comparé con lo que me habían cobrado: la conclusión fue que es bueno saber hacerlo porque a lo mejor en el momento puedo solucionar cosas que me permiten seguir trabajando”.
Fernanda tiene 35 años, se mudó hace poco y encontró algunos problemas de electricidad en su nueva casa: “Llamé a alguien para que me asista pero era un recurso económico con el que tenía que contar, mientras hay cosas que puedo hacer por mi cuenta. Ahora quiero aprender otras tareas como albañilería y plomería para arreglar las canillas, es decir, todo lo que permita mayor independencia dentro del hogar”.
Más fuerza que maña
El día de la entrevista iban por la mitad del curso y ya habían aprendido a armar el tablero de luces y de enchufes. “Nos enseñan las medidas de los cables y que los materiales tienen que ser normalizados porque, a veces, por resolver rápido en la casa se usa lo que se tiene y no es así”.

Como en todo grupo, hay un whatsapp compartido. Y allí se suben consultas, preguntas y respuestas, como las de aquella integrante que necesitaba arreglar la estufa y lo logró, siguiendo instrucciones precisas de integrantes y docente.
La charla previa al inicio de la clase sigue. Victoria se acercó al curso por pura curiosidad: “Siempre cambié enchufes pero nunca está de más aprender y saber resolver lo más básico”. En este punto, reflexiona en que sería importante que la actividad se hiciera extensiva a otros espacios geográficos. Como se dijo, la mayoría viene de lejos, pero no faltan. Son ocho encuentros y hay mucho por aprender.
Evelyn reconoce que siempre busca cosas para hacer en sus tiempos libres. “Nunca había hecho un curso de estas características; una amiga lo sugirió y me decidí porque es importante para las mujeres tener este tipo de acceso que siempre está limitado a los hombres. Me gustaría seguir para llegar a electricista como la profe”.
Una “puerta de entrada”
La “profe” entra saludando y apoya dos tableros en la pared. Serán los elementos sobre los que se desarrollará el cuarto encuentro del curso. “El objetivo es que las participantes tengan la mayor cantidad de herramientas y recursos para abordar soluciones eléctricas dentro de su hogar, sea cambiar una térmica o una llave, medir con un tester y resolver pequeños problemas”.
“Este es un puntapié inicial, la puerta de entrada hacia algo más, tanto para intensificar conocimientos en electricidad como para iniciarse en otros oficios”.
Este último punto es importante: “Cuando empiezan con electricidad tienen que saber un poco de todo; de albañilería, de soldadura, porque todo se va conectando. Si vamos a colocar una caja, tenemos que saber picar y hacer la mezcla para volver a tapar”.
Pérez se recibió hace 20 años luego de hacer un curso en un aula radial; en su caso, fue en Colastiné. “Iba todos los días de 14 a 17 y ese título me habilitó a sacar la matrícula”.

Pertenece a la Asociación de Profesionales de Instalaciones Eléctricas (Apie) y allí son varias mujeres. “No somos ni más ni menos que los hombres, estamos en igualdad de condiciones”, reflexiona.
Si el curso en Cauces es la puerta de entrada, está la posibilidad de continuar el aprendizaje en los centros de formación profesional y en otros espacios educativos que ofrecen capacitaciones con las que se accede a la matrícula.
“Con lo que aprenden acá, les alcanza par desenvolverse. Ahora estamos empezando a armar circuitos y con eso ya amplían las posibilidades”. Todo es práctica, porque “una cosa es imaginar y otra es hacer”.
La meta es que, cuando salgan “tengan la seguridad de que pueden desarmar un artefacto en su casa y lo pueden arreglar. No con miedo, porque la electricidad es cuestión de conocimiento y una vez que se tienen las medidas de seguridad necesarias, es muy básica”.
Sin dudas, será el logro de Jésica, que se mudó y no tenía “habilidades mínimas para hacer frente a un corte de luz cuando salta el disyuntor”.
Para otras, la puerta de entrada se abrirá por 8 semanas a partir del 27 de mayo. Habrá que estar atentas, los cupos se completan rápido.









