Para quienes abordan temáticas de género, desigualdades de ingresos y de acceso a trabajos remunerados, algunos conceptos resultan conocidos: pisos pegajosos, escaleras rotas y techos de cristal.

Con datos de la Argentina, la publicación repasa conceptos claves en la desigualdad frente al mundo laboral. Recomienda sostener el plan ENIA para prevenir el embarazo adolescente no intencional, distribuir la carga de las tareas de crianza, y promover el acceso a mejores puestos de trabajo y al crédito.

Para quienes abordan temáticas de género, desigualdades de ingresos y de acceso a trabajos remunerados, algunos conceptos resultan conocidos: pisos pegajosos, escaleras rotas y techos de cristal.
Son representaciones que permiten ilustrar los obstáculos que enfrentan las mujeres para lograr la autonomía económica, y han sido un insumo útil para fundamentar la implementación de políticas que atiendan sus necesidades particulares.
“La identificación y caracterización de estas barreras busca explicitar las diferencias entre las mujeres y sus interrelaciones, y de esa manera, informar adecuadamente a quienes planifican las políticas públicas, para que puedan diseñarse con las especificaciones necesarias para atender las necesidades de las mujeres y los múltiples obstáculos que enfrentan”.
Así lo explica la publicación conjunta de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) y ONU Mujeres. Se trata de “Vulnerabilidad financiera, género y cuidado en los hogares monomarentales”. Un término, este último, que se impone en el análisis particular de aquellas unidades que tienen a las mujeres como único sostén familiar.
El estudio parte del concepto de autonomía económica como “la capacidad de generar ingresos propios, controlar recursos y disponer del tiempo”, y muestra que “la división sexual del trabajo, especialmente la sobrecarga de tareas de cuidado no remuneradas, afecta a todas las mujeres, aunque de manera diferenciada según su posición socioeconómica.
En concreto, la autonomía económica que se aborda en este documento se refiere a la posibilidad de controlar activos y recursos, y de generar ingresos propios. Para ello “es imprescindible contar con libertad para planificar el uso del tiempo y tener a su vez acceso a las oportunidades económicas sin que se vulneren otros derechos”.
A grandes rasgos, el informe establece que las mujeres tienen, en promedio, mayor nivel educativo que los varones, pero menor participación laboral, mayores tasas de informalidad y brechas salariales persistentes.
Además, la maternidad temprana, la falta de servicios de cuidado y la desigual distribución de tareas domésticas limitan la inserción laboral femenina.
El análisis muestra diferencias significativas entre las mujeres que tienen un nivel educativo alto en relación con las que pertenecen a un nivel bajo o medio. Por ejemplo, a los 19 años el 38 % de las mujeres con nivel educativo bajo ya son madres (21 % las de nivel medio).
En el caso de las que cuentan con un nivel educativo alto, solo el 3 % son madres.

Por su parte, a los 29 años el 85 % de las mujeres con nivel educativo bajo son madres (80 % las de nivel medio); mientras que a esa edad solo el 40 % de nivel alto son madres.
Al analizar en qué ramas de actividad se insertan las mujeres, se observa que aquellas que tienen un nivel educativo bajo tienden a ocuparse en el servicio doméstico (38 %), el comercio (24 %) y la industria manufacturera (10 %).
Mientras tanto, las de nivel educativo medio se encuentran en el comercio (25 %), el servicio doméstico (20 %) y la industria (11 %), aunque también suelen trabajar en hoteles y restaurantes y otros servicios comunitarios, sociales y particulares.
Por su parte, las mujeres de nivel educativo alto trabajan en mayor medida en enseñanza (23 %), servicios financieros, de alquiler y empresariales (15 %), servicios sociales y de salud (14 %) y en el sector público (11 % en administración pública, defensa y seguridad social).
El 9 % de las mujeres en edad activa (entre 25 y 64 años) se dedica exclusivamente a las tareas domésticas, mientras que solo el 0,9 % de los varones se dedica a los quehaceres domésticos.
A su vez, existen diferencias notables según los estratos de ingresos del hogar: en el primer quintil, el 15 % de las mujeres tiene dedicación exclusiva a estas tareas, a diferencia del tercer quintil (8 %) y el de ingresos más altos (3 %).
En definitiva, “un porcentaje significativo de mujeres carece de ingresos propios, lo que reduce su poder de decisión dentro del hogar”

La figura de “pisos pegajosos” afecta a mujeres con bajo nivel educativo y bajos ingresos. Se caracteriza por maternidad temprana, baja participación laboral, altos niveles de desempleo, subempleo e informalidad, concentración en sectores feminizados y de bajos salarios (como servicio doméstico) y una elevada dedicación al trabajo no remunerado.
La dependencia económica y la precariedad tienden a reproducirse intergeneracionalmente.
¿Qué recomiendan Cepal y ONU Mujeres? Modificar el marco normativo vigente en Argentina para ampliar la licencia por paternidad, incluyendo mecanismos para garantizar derechos de la seguridad social como la licencia por maternidad para mujeres empleadas por cuenta propia (monotributistas, por ejemplo) y/o trabajadoras de la economía popular o informal.
También se sugiere garantizar espacios de educación y cuidados de calidad para niños/as de 0 a 3 años, y personas adultas mayores y/o con discapacidad.
En tanto, se insiste en sostener el Plan Nacional de Prevención del Embarazo no Intencional en la Adolescencia (ENIA) que permitió disminuir la tasa de fecundidad entre los 15 y 19 años entre 2019 y 2025, y formalización del empleo.
¿A qué aluden las “escaleras rotas”? El concepto describe una situación intermedia, propia de mujeres con educación secundaria. La inserción laboral es intermitente, con salidas y reingresos al mercado de trabajo según las demandas de cuidado.
Presentan informalidad y subempleo relevantes, ingresos inestables y dificultades para sostener trayectorias laborales continuas.
En este caso se recomienda avanzar hacia un sistema de cuidados basado en la protección social como pilar, que garantice los derechos de las personas que requieren cuidados y cuidan, y amplíe la licencia por paternidad y otras licencias para el cuidado de niños, niñas, adolescentes, y personas adultas mayores y/o con discapacidad.
Además, propone asegurar el cumplimiento del Decreto 144/2022 que reglamenta el artículo 179 de la Ley de Contrato de Trabajo , para que empresas con 100 o más trabajadores/as cuenten con guarderías.
El “Techo de cristal” es otro desafío para el mundo del trabajo. Incluye a mujeres con educación terciaria o superior y altos ingresos del hogar. Aunque acceden a empleos formales y mejor remunerados, persisten brechas salariales, segregación ocupacional y obstáculos para ascender a posiciones de mayor jerarquía.
La maternidad suele postergarse, pero los cuidados siguen impactando en sus carreras.
En este caso, las recomendaciones pasan por trabajar con el sector privado (tecnología, industria o energía, entre otros) para promover la participación y el ascenso de las mujeres en sectores más productivos y mejor remunerados de la economía.
Además, se sugiere promover políticas para aumentar el acceso de las mujeres al crédito para invertir o comprar bienes de capital que les permitan mejorar sus niveles de ingresos.