Una interesante reseña sobre Estanislao López del senador Rodrigo Borla (UCR-San Justo) mereció los aplausos de toda la Cámara, seguramente tanto por lo vibrante de sus palabras como por lo profundo de su observación sobre las interpretaciones que de la historia que se han hecho desde Buenos Aires sobre su figura "silenciada". Expresó que en la visión porteña para criticarlos o elogiarlos dominan la escena otros caudillos, palabra que no usó el presidente de la bancada radical porque en general evita la comodidad de los etiquetados en sus lecturas de la historia. Fue con la precisión de los hechos (mencionados con sus fechas), como el Estatuto como primer antecedente constitucional en el país, sus batallas en defensa de Santa Fe y del federalismo, su arrojo a las órdenes del Ejército del Norte de Belgrano , sus decisiones políticas, enfrentamientos, alianzas y sus victorias sobre los unitarios de más alto prestigio militar, hasta el bárbaro trofeo de la cabeza de Ramírez expuesta al público, capaz de ilustrar una época, que en apenas unos minutos dejó sentada la centralidad de Santa Fe y de López.
Estanislao López (I)

Borla no tenía previsto hablar. No lo hizo en el momento adecuado, el de las manifestaciones, lo que confirma que improvisó al llegarle al celular el recordatorio sobre las celebraciones por el natalicio del brigadier. Desde su banca, Como al pasar, observó un asunto del que otro senador, Ciro Seisas, tomó nota al arquear las cejas: "no hay un monumento a López en Rosario", lamentó Borla en un párrafo donde explicó que al menos "una avenida de esa importante ciudad santafesina" lleva su nombre, pero que -insistió - en la capital federal no se le admiten bronces.
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