Estanislao Giménez Corte
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“¡No hay un más allá de la sociedad del trabajo! O hay trabajo, o no hay nada”. Ulrich Beck, 2003.
I
Cierta sociología sobre la posmodernidad no es menos desalentadora que cualquier texto de la filosofía existencialista. Uno de los afamados pensadores de época, el sociólogo alemán Ulrich Beck, ha escrito a propósito de la sociedad post-industrial con una prosa brutal e incontestable. Sin ningún esfuerzo, podemos pensar a muchas de sus observaciones como aplicables a nuestra propia ciudad y país. En “Un nuevo mundo feliz” (2003), el académico arroja frases como: “A diferencia de los pobres de otras épocas, los pobres localizados de la era global ya no son necesarios”. Nada demasiado nuevo, se dirá, pero no por ello menos intimidante. Allí donde el alemán sostiene esto, el investigador argentino Esteban Rodríguez escribe, por caso: “(...) el capitalismo no necesita de la vida de los hombres” (2006).
La noción del trabajo como sinónimo de esfuerzo, progreso personal y material; reconocimiento, obtención de una posición económica, realización, se halla fuertemente arraigada en las sociedades, quizás desde los tiempos de la revolución industrial y el desarrollo de las sociedades capitalistas, que justamente dieron la posibilidad “a todos”, de conformar nuevas burguesías con acceso a la educación, el capital, el progreso económico y la movilidad social.
Durante el siglo XX, en muchos países del mundo occidental, una de las preocupaciones trascendentes de las políticas estatales fue incrementar la población empleada, sobre el concepto de que únicamente el trabajo podría proveer bienestar a la población y disparar al país a un mejor nivel de vida.
Toda la humanidad, desde el momento de la organización de la vida en la división entre tiempos productivos y no productivos, queda sometida entonces a la imperiosa necesidad de “aprovechar el tiempo” y producir, como un mandato o un dogma derivado de las normativas globales del capitalismo post-industrial. Pero todo eso es historia conocida, que muchísimos autores trataron muy bien. La novedad, la aterradora novedad, puede situarse como originada en la década del ‘90, cuando las condiciones genéricas del sistema, llamémoslo así, comienzan a desmadrarse, y entonces....
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