A las puertas de cumplirse 45 años de la guerra de Malvinas, Iván Ambroggio considera que todavía “queda mucho por decir”. Licenciado en Relaciones Internacionales, especializado en Ciencia Política, Seguridad y Defensa, docente universitario, columnista de distintos medios periodísticos y habitual colaborador de El Litoral, es indudablemente una de las voces más autorizadas para afirmarlo.
“El sacrificio de los soldados en Malvinas no puede quedar como algo abstracto”
Entre la creciente importancia estratégica de las islas, la perspectiva histórica y la dimensión moral del rol de los combatientes, destaca la necesidad de impedir la “desmalvinización” de la agenda pública y la conciencia nacional. La mirada analítica y el testimonio personal.

Sobre todo porque, además de escribir decenas de artículos y tres libros al respecto (el último de ellos titulado Malvinas (territorio de veteranos de guerra, política exterior argentina y viaje a las islas), tuvo la oportunidad de visitar esa porción del territorio argentino, y compenetrar su bagaje técnico y analítico con el impacto emotivo y la dimensión física de la tragedia.
- A casi 45 años de la guerra ¿cuánto queda por decir sobre Malvinas?
- Queda mucho por decir y la importancia estratégica de las islas potenciará su relevancia global en los años venideros.
Geopolíticamente, el Atlántico Sur sigue siendo un espacio estratégico por sus recursos y su cercanía a la Antártida, los hielos continentales argentinos chilenos, el acuífero guaraní y la selva amazónica, que son las mayores reservas más importantes de agua dulce del planeta, en un mundo de casi 9 mil millones de personas en el que más de 2 mil millones ya no tienen acceso a este bien esencial.

A esto se agregan los argumentos jurídicos, históricos y geográficos argentinos, la Resolución 2065 de la ONU como base jurídica irrenunciable, y el hecho de que la recuperación de Malvinas por la vía pacífica y respetando el derecho internacional, es un objetivo constitucional argentino desde 1994.
Emocionalmente, el dolor por los 649 caídos y lo que debieron enfrentar los Veteranos de Guerra en la guerra y después, siguen latiendo fuerte en el alma nacional. No es solo historia: es un deber moral que exige memoria activa y reclamo diplomático, para lo cual debemos armarnos de “ardiente paciencia”, parafraseando al poeta francés Arthur Rimbaud.
- Venís trabajando el tema desde el punto de vista geopolítico desde hace muchos años. Pero hubo un punto de inflexión con tu visita a las islas. ¿Qué te pasó en ese viaje?
- Pisar Monte Harriet, Monte Longdon, Dos Hermanas, Pradera del Ganso y el Cementerio de Darwin con frío y viento constantes que paralizaban el cuerpo, fue un impacto demoledor para mí. Fue una lección para dimensionar realmente lo que vivieron los combatientes en 1982.

El análisis geopolítico se transformó en angustia oceánica y orgullo patrio al ver trincheras, restos de camillas, municiones, cañones y cruces. Allí el sacrificio dejó de ser abstracto: se volvió viento helado, lágrimas y memoria viva que me conmovió muchísimo.
El Cementerio de Darwin es un sitio magnético, allí el sonido de los rosarios moviéndose al ritmo del viento y chocando con las cruces es devastador. Es el sitio donde más lloré en mi vida. Hay un aroma a valentía y arrojo impactante. Ellos siguen allí defendiendo nuestra soberanía...
Testimonios
- También tomás aquí los testimonios de Veteranos de Malvinas, seguramente en un ejercicio para que esa memoria no se pierda. Pero a la vez, ¿hay cosas que todavía no se saben, o que no se piensan, sobre lo que pasó en Malvinas?

- Los testimonios de Daniel Grión preservan el horror bélico y la indiferencia posterior a la rendición del 14 de junio de 1982.
Primero tuvieron que pelear en condiciones desfavorables contra una potencia central en una guerra desatinada y mal planificada, como lo explicita el informe Rattenbach, que es un documento oficial de evaluación de las responsabilidades políticas, militares y estratégicas en la guerra del Atlántico Sur.
Y luego tuvieron que luchar contra el olvido de una sociedad que había sido anestesiada con información falsa. Sin embargo, aún subyace el impacto psicológico intergeneracional, el rol subestimado de apoyos regionales como Perú y las fallas de inteligencia logística. El dolor por Malvinas sigue vivo y esto exige repensar cómo la sociedad procesa esa tragedia sin diluir el reclamo soberano.
- Entre esos testimonios está el de una enfermera militar reconocida como Veterana de Guerra, lo que por un lado te permite un acercamiento directo al dolor de los heridos, pero a la vez sirve para visibilizar una cuestión que quedó bastante escondida, la presencia de mujeres en Malvinas.
- El testimonio de Alicia Reynoso acerca al dolor crudo de los heridos bajo fuego y frío, con una humanidad desgarradora. Al mismo tiempo, visibiliza el heroísmo silenciado de las mujeres: su rol en el campo de la salud en condiciones extremas revela una dimensión femenina del conflicto que la historia oficial escondió durante muchos años.
Alicia cuenta, desbordada de angustia, que todos los heridos en las situaciones límites pedían por sus madres. Cuando escuché esto, escribí un poema dedicado a las madres de los Veteranos y Caídos de Malvinas que está plasmado en este nuevo libro y que también se convirtió en canción. Se llama “Botellas al mar”.
Política exterior
- La política exterior argentina sobre la soberanía en las islas ha sido algo errática, por lo menos en los modos o los niveles de énfasis. ¿Cómo ves este derrotero?
- En el jardín de la República no abunda la flor de la continuidad y en nuestra política exterior tampoco. De Alfonsín a Milei se alternó diplomacia multilateral firme con pragmatismos coyunturales.
Como política de Estado debe consolidarse en una estrategia consistente que invoque la Resolución 2065 y el apoyo latinoamericano, con firmeza emocional que honre la sangre derramada sin caer en nuevas aventuras castrenses.
Es importante mantener la tradición diplomática de no considerar a los isleños como un tercer actor en este conflicto de soberanía, respetando lo que expresan las resoluciones internacionales.
Los Estados que tienen esta controversia son la República Argentina y el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte (este es el nombre oficial correcto de este Estado que contiene cuatro naciones: Inglaterra, Gales, Escocia e Irlanda del Norte).
El presidente Milei, rompiendo con la tradición diplomática, pronunció unas palabras que pueden interpretarse como reconocimiento del principio de autodeterminación de los pueblos, que no aplica en el caso Malvinas por tratarse de una población implantada por el Estado usurpador. Hay que ser prudentes en la arena internacional.
Perspectivas
- Aparece también como tema que marcaste un elemento geopolítico y económico, pero que a la vez se desprende del desarrollo de la ciencia y la tecnología, como es la desalinización. ¿Qué perspectivas ves al respecto?
- Los avances en la desalinización del agua del mar representan un factor disruptivo geopolítico y económico. Cuando se democraticen los costos de este proceso, los intereses nacionales (incluidos los del Reino Unido) y el statu quo se alterarán, por una cuestión de análisis de costos y beneficios.
El politólogo Robert Gilpin plantea que los Estados intentan su expansión territorial siempre que los costos marginales de esa expansión sean inferiores a los beneficios marginales. Cuando al Reino Unido le resulte más conveniente resolver la cuestión del agua mediante la ciencia que mantener una base militar costosa en el Atlántico Sur, la situación cambiará.
Visualizo que el capítulo sobre la solución de esta controversia de soberanía no lo escribirán diplomáticos, sino la ciencia y la tecnología. Ese día, por razones de intereses, creo que el Reino Unido devolverá las islas del Atlántico Sur a su legítima dueña: la República Argentina.
Hay un antecedente interesante que es cuando el Reino Unido hizo retrocesión de Hong Kong a China en 1997 (seguramente no lo hizo por una profunda reflexión sobre sus deberes internacionales, sino por intereses nacionales, que es el modo como se mueve el tablero global).
- Finalmente, después de tres libros y muchos artículos sobre Malvinas, ¿qué considerás haber logrado, qué aspectos te parece que todavía no están saldados en la sociedad sobre este tema, y cuáles son los objetivos que te siguen movilizando?
- En lo personal hace muchos años que me fijé como objetivo contribuir a “malvinizar”, esto es, a colaborar a llevar la causa Malvinas a todos los rincones de la Patria y también hacer conocer nuestra lucha más allá de nuestras fronteras nacionales, porque al mundo le interesa mucho este tema.
A mí solo me pertenece el dolor de lo ocurrido y el de deseo de hacer un aporte académico para honrar a los que dieron o arriesgaron sus vidas por nuestro pabellón nacional. Me moviliza seguir defendiendo la memoria de los veteranos y caídos y contribuir a una recuperación diplomática inteligente de nuestra soberanía austral.
No sé cuándo, pero estoy convencido de que la bandera argentina va a volver a flamear fuerte en nuestra perla austral. Ese día volveremos a las Islas Malvinas sin pasaporte.
El origen de un nombre
Las Islas Malvinas deben su nombre a la expedición francesa comandada por Louis Antoine de Bougainville, quien zarpó del puerto de Saint Malo (Francia) en 1763.
Al llegar en 1764 y fundar el primer asentamiento (Puerto Luis o Port Saint Louis), las denominó Îles Malouines, en honor a los habitantes de Saint-Malo, conocidos como "malouins" o "malouines". Posteriormente, este topónimo francés se castellanizó como Malvinas. A esto obedece el nombre argentino del archipiélago.











