El recambio de autoridades en la Universidad Nacional del Litoral tuvo este viernes algunas escenas inesperadas. En el acto de asunción la primera rectora mujer en 106 años de historia -Laura Tarabella-, las autoridades salientes les obsequiaron plantas a las entrantes. El gesto tenía -quizá- un sentido práctico: ayudar a decorar los despachos que ahora comenzarán a habitar. Mientras se hacía la entrega de obsequios, el rector saliente, Enrique Mammarella, comentó en el estrado que eran "verdes, color esperanza". La frase se alcanzó a escuchar apenas en el micrófono y despejó connotaciones.
El recambio de autoridades se da en medio de un panorama económico y social conflictivo y de tensiones con el gobierno nacional. En ese escenario, la palabra "esperanza" pareció sintetizar, al menos por un instante, el ánimo de la comunidad académica. El clima dentro del Paraninfo fue de celebración. Hubo aplausos sostenidos, abrazos y una fuerte carga emotiva durante buena parte del acto. Mammarella, que deja la conducción de la universidad tras ocho años de gestión, se mostró visiblemente conmovido. En varios momentos estuvo al borde de las lágrimas y leyó su discurso con la voz quebrada de a ratos.
"La casa es chica, el corazón es grande… y el presupuesto escaso", dijo el ahora ex rector, antes de su discurso en un Paraninfo donde no cabía un alfiler y quedó gente afuera, aunque podían seguir el acto por pantallas colocadas para la ocasión.
El recinto también fue escenario de una postal institucional poco frecuente: entre el público se encontraban rectores anteriores de la UNL y de otras casas de estudio superior. El espíritu de la jornada se condensó entre despedida, continuidad y expectativas puestas en lo que vendrá.