Las ruinas del molino de Oroño constituyen un sitio único en Gessler en el departamento San Jerónimo de la provincia de Santa Fe. El lugar es digno de recorrer e invita a conocer su rica historia, que incluye la figura del ex gobernador santafesino Carlos Sylvestre Begnis. El Litoral recorrió el edificio “fantasma” y reconstruyó los años en que tuvo vida.
La historia de un molino "fantasma", en el corazón productivo de la provincia
El Molino San Fernando (Begnis-Pautasso & Cia.) supo ser uno de los emprendimientos productivos más importantes del departamento San Jerónimo a finales del siglo XIX y principios del XX, logrando atraer a cientos de familias que se instalaron en Oroño.

El Molino San Fernando, fue abierto por la firma Begnis-Pautasso & Cia, propiedad del abuelo del ex gobernador de la provincia Carlos Sylvestre Begnis. Así lo destacó el presidente comunal de Gessler, Juan Pablo Alarcón en diálogo con este medio.

“(La madre de Carlos Sylvestre) Magdalena nació en 1874, un año después de la fundación de Oroño. Además el abuelo -Domingo Begnis- fue Juez de Paz de la localidad y fundador del Molino San Fernando a finales del siglo XIX. En el año 1877 el pueblo de Oroño contaba con 422 habitantes, y el molino fue el emprendimiento productivo más importante y motor de la economía de la localidad. Por ello cuando el Molino San Fernando cerró Oroño terminó por desaparecer”, expresó.
Actualmente las ruinas del molino permiten dimensionar el potencial productivo de la firma y cómo su caída influyó el la desaparición del paraje. “Oroño contaba con una escuela primaria, una capilla en honor a San José, el molino y las viviendas de las familias que trabajan en el emprendimiento productivo. Todo lugar cuando sus habitantes se van, el lugar se fue deteriorando, los dos incendios del molino a finales del siglo XIX llevaron al cierre de la actividad molinera”, aclaró Alarcón.

Tras el cese de las actividades del molino, comenzó en Oroño un progresivo despoblamiento. “El 7 de mayo de 1957, con la firma del decreto Nº 04591, la colonia fue suprimida y su administración pasó a estar bajo jurisdicción de la comuna de Gessler”, cerró el actual jefe comunal de la localidad santafesina.

Molino, producción y sociedad
Fanny Magnin, ex docente e historiadora de la localidad, investigó sobre el funcionamiento del molino y de la desaparecida comunidad de Oroño. El Litoral charló con ella y destacó la importancia que tuvo el molino harinero para esa región. “Fue muy importante en los primeros años de la colonia, pero a raíz de dos incendios a finales del siglo XIX terminó por cerrar, además de la crisis económica que afectaba al país. Algunos pobladores de aquella época decían que detrás de los dos incendios había un seguro muy grande, pero no hay ninguna certeza sobre este tema”, sostuvo.
Magnín precisó que Oroño llegó a ser en los últimos años del Siglo XIX una colonia mucho más importante que Gessler. “Tras la caída del molino y el cierre del ferrocarril, la gente de Oroño se fue mudando a Coronda y Gessler”, comentó.

Mujer trabajadora
La ex docente contó un dato no menor a la hora de reconstruir cómo era Oroño y el funcionamiento del molino. “La mayoría de los trabajadores eran italianos y de la banda oriental del Uruguay. También había una mujer que formó parte de la planilla de trabajadores, como lo muestra una foto de la época. No se sabe a ciencia cierta qué tareas realizaba pero sí que se desempeñaba en la firma”, apuntó.

La importancia de proteger los lugares históricos
El paso del tiempo afecto (y mucho) la estructura del Molino San Fernando. Como se explicó con anterioridad estas ruinas es lo único que quedó en pie del ya desaparecido pueblo de Oroño. Un pedazo de historia santafesina vive entre las paredes de ese gigante de la producción y es importante que se resguarde y sea reconvertido en un espacio cultural y por qué no en un museo.











