El médico infectólogo y epidemiólogo Hugo Pizzi recibió el Premio Maestro de la Medicina Argentina, una distinción que reconoce su trayectoria profesional, científica y docente. Profesor titular plenario e investigador de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC), el profesional destacó el valor del reconocimiento y la responsabilidad que implica continuar formando a las nuevas generaciones.
Hugo Pizzi, Maestro de la Medicina Argentina: el valor de enseñar y sus raíces santafesinas
El infectólogo y epidemiólogo fue distinguido por su trayectoria científica y docente. Recordó sus años de trabajo en Santa Fe y destacó el compromiso con sus pacientes y alumnos.

La ceremonia se realizó en el Aula Magna de la Academia Nacional de Medicina (ANM), en Buenos Aires, durante la 49.ª edición del premio que entrega la revista La Prensa Médica Argentina, fundada en 1914. Pizzi estuvo acompañado por el prorrector de Cooperación Interuniversitaria de la UNC, Rogelio Pizzi, quien también se desempeña como secretario técnico de la Facultad de Ciencias Médicas.

En esta edición, el reconocimiento fue compartido con Fernán Quirós, ministro de Salud de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires; Cristóbal Papendieck, especialista en cirugía pediátrica y síndromes vasculares, y Silvia González Ayala, infectóloga pediatra. Los cuatro profesionales recibieron una medalla y una placa conmemorativa.

Un reconocimiento que también implica responsabilidad
Para Pizzi, la distinción tiene un significado que trasciende la satisfacción personal. Consultado sobre lo que representa ser el primer médico de la región central —integrada por Santa Fe, Córdoba y Entre Ríos— en recibir el premio, sostuvo que el reconocimiento constituye un impulso para seguir adelante con su trabajo.
“Ser el primero implica una gran alegría y, concomitantemente, una responsabilidad para seguir esforzándome por mis pacientes y mis alumnos”, expresó.
El Premio Maestro de la Medicina Argentina distingue trayectorias que se destacan por sus méritos profesionales, éticos y científicos. Instituido en 1977, busca reconocer el trabajo de toda una vida y ofrecer referentes a las nuevas generaciones del ámbito sanitario.

En ese sentido, la palabra maestro adquiere para el infectólogo un valor ligado a la transmisión del conocimiento y a la relación humana que se construye durante el aprendizaje.
“Enseñar, transmitir, formar es una tarea maravillosa”, afirmó. Para explicar esa concepción, evocó al filósofo francés Henri Bergson y su idea de la educación como un puente afectivo entre dos personas: el educador y el educando.
San Vicente y los años de trabajo en Santa Fe
La trayectoria de Pizzi también está atravesada por sus vínculos con la provincia de Santa Fe. Descendiente de los fundadores de San Vicente, manifestó su orgullo por sus raíces y por la identidad de una comunidad que, según describió, se caracterizó históricamente por el trabajo, el empuje y la inventiva.
“Como descendiente de los fundadores de San Vicente, siento mucho orgullo. Siempre fue una comunidad pujante, trabajadora, con una inventiva que la distinguió”, señaló.
A ese arraigo se suman los años de ejercicio profesional en Santa Fe, una etapa que recordó especialmente por el vínculo con sus pacientes y colegas. “Fueron invalorables. El cariño de mis pacientes y el respeto y consideración de mis colegas fueron excepcionales”, destacó.
Durante ese período, además, encontró un vínculo particular con los profesionales que se formaban en Córdoba. “Los egresados de la UNC eran mis exalumnos”, recordó, en referencia a una relación entre la práctica médica y la enseñanza que acompañó su recorrido profesional.

La docencia como una vocación de toda la vida
Al reflexionar sobre el camino recorrido, Pizzi resumió en pocas palabras el mensaje que le transmitiría a aquel joven médico que comenzaba su carrera en Santa Fe: “Todo se puede alcanzar, hace falta dedicación y esfuerzo. No declines”. La frase sintetiza una mirada sobre la profesión en la que la constancia y el compromiso resultan centrales, tanto para la atención de los pacientes como para la formación de nuevos médicos.
Para el infectólogo, la pasión por enseñar y ejercer la medicina se mantiene a lo largo del tiempo. “La pasión por la docencia y la asistencial persiste toda la vida, solo cesa con la enfermedad”, sostuvo.
Su distinción como Maestro de la Medicina Argentina pone en primer plano una trayectoria que reúne asistencia, investigación y formación académica. Para Pizzi, el reconocimiento también representa una responsabilidad hacia quienes confían en su trabajo y hacia los estudiantes que continúan aprendiendo de su experiencia.








