Al abandonar el aeropuerto internacional, la primera sensación es que se ha llegado al ansiado Primer Mundo. Un tren impecable de alta velocidad recorrerá en media hora los 75 km que nos separan del centro, desde donde el skytrain por las alturas o el metro en el subsuelo nos permitirán acceder a casi cualquier punto de la ciudad en forma rápida y segura.
A pesar de contar con una red de medios de transporte de avanzada, Kuala Lumpur se encuentra sumergida en un tráfico caótico, aunque no al extremo de otras ciudades asiáticas. En las horas pico, los embotellamientos son los protagonistas y uno nunca sabe a qué hora llegará a destino. Por esta razón, la mejor opción es salir a conocer la ciudad a pie. Vendedores ambulantes de flores, de comida china e india, de verduras, de Duriam (fruta tradicional de estas latitudes con un sabor intenso y textura cremosa, pero un olor muy fuerte, lo que ha logrado que se prohíba su consumo en varios hoteles de Malasia y Singapur), aparecerán a cada paso, brindándole un tono multicolor al agradable y multifacético paisaje callejero.
Al recorrer sus calles, lo primero que llama la atención es que, al igual que en otros países vecinos del Sudeste Asiático, la conducción se realiza por la izquierda, legado de sus colonizadores ingleses, y prácticamente todas las mujeres, cubiertas de pies a cabeza, utilizan velos para ocultar el cabello, llamados hijab, seña de que nos encontramos en la capital de un país musulmán. En esta ciudad de casi 2 millones de habitantes (el área metropolitana supera los 7 millones) el 65% de la población es de origen musulmán por ley, pero la libertad religiosa está garantizada, lo que da lugar a una mezcla fascinante de mezquitas, templos chinos e hindúes.
A cada paso, la última tecnología, la cultura malaya, el pasado colonial británico, los cinco llamados diarios a orar desde las mezquitas, la comida india, los templos chinos, y el consumismo desenfrenado de los inmensos shoppings malls se funden creando un ambiente heterogéneo que mágicamente convive en equilibrio.
Con sólo 150 años, Kuala Lumpur ha crecido a un ritmo vertiginoso y esto la ha convertido en los últimos tiempos en uno de los destinos turísticos más importantes del planeta. Esto se ha debido en gran parte a la variedad de conexiones aéreas que se pueden realizar desde aquí a diferentes puntos del continente asiático. Hoy en día, la ciudad es sede de eventos internacionales deportivos y culturales al nivel de las grandes urbes del mundo.
Las gemelas de Malasia
Así como quien viaja a París no puede perderse la Torre Eiffel, cualquier persona que esté de paso por la capital malaya, tiene como visita obligada los edificios de la companía nacional de petróleo, las impresionantes Torres Petronas, que se han transformado en el ícono de la ciudad.
Estos increíbles edificios de 452 metros de altura, que transmiten majestuosidad al observar sus 88 pisos desde abajo, fueron diseñados por el arquitecto argentino César Pelli, con estilo muy moderno pero manteniendo el arte islámico. Se construyeron entre 1992 y 1998, y se consideraron las más altas del mundo hasta el año 2004.
En la actualidad, aún mantienen el podio como las construcciones gemelas más altas del planeta. Es factible subir hasta el piso 41, donde se encuentra el puente que une las dos torres, y desde el cual se obtiene una panorámica fantástica de toda la ciudad. Otra opción, aunque no cuente con vistas asombrosas, es visitar el lujoso shopping Suria KLCC, que abarca los primeros seis pisos.
Desde la mayoría de los rincones de la ciudad, se pueden observar las cautivadoras torres que, junto a la torre de Telecomunicaciones Menara de 421 metros de altura, dominan el cielo de Kuala Lumpur tanto de día como de noche.
Texto: Beatriz Fernández
Kuala Lumpur, Malasia
Cosmopolita y Futurista
Mundialmente conocida por albergar a las famosas Torres Petronas, el paisaje urbano de Kuala Lumpur alterna entre rascacielos modernos y mezquitas antiguas, presentando una diversidad cultural capaz de atrapar a cualquier visitante.
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