Como un gigante que se va muriendo de a poco, lentamente, el edificio del Correo Argentino -o ex Correo Central-, una de las gemas arquitectónicas de la ciudad capital, sufre un destino que parece ser tristemente inevitable: el del abandono y el desvalimiento. El Litoral viene dando los “partes médicos” del inmueble, siempre con “pronósticos poco favorables”.
El edificio del Correo, caído en la desgracia de ser una "ruina urbana" y refugio de indigentes
El abandono de esta gema arquitectónica es total: vidrios rotos, revoques caídos, basura y sectores comidos por la humedad, con riesgo de desprendimientos. Personas en situación de calle se guarecen allí, y hacen sus necesidades.

Los antecedentes más cercanos de acciones institucionales que trataron de revertir esta situación se remontan a 2024. A finales de junio de aquel año, se realizó un emotivo y multitudinario abrazo simbólico al edificio del Correo Argentino, como contó El Litoral.

Este evento fue impulsado por el Colegio de Arquitectura y Urbanismo -Distrito 1-; referentes académicos y estudiantes de las facultades de Arquitectura (como Fadu/UNL), además de asociaciones gremiales ligadas al Correo.

20 años antes, el 17 de junio de 2004, un centenar de estudiantes de arquitectura, docentes y representantes de diversas organizaciones realizaron el primer abrazo simbólico al Correo, “alertados por su visible deterioro. Desde entonces hasta la fecha nada se hizo para preservarlo”, contaba la crónica.
Desde el Concejo, también
Además, en agosto de ese año, el Concejo de Santa Fe sancionó una comunicación donde se le solicitó a la Provincia el inicio de gestiones ante Nación para “procurar un permiso de uso prolongado del edificio de propiedad del Correo Argentino”.

La intención era, claro, restaurar el emblemático edificio y, una vez rehabilitado, “ubicar allí dependencias provinciales carentes de lugar propio o que les sea imprescindible reubicarse, considerando su situación geográfica o edilicia, para el mayor beneficio de la ciudadanía santafesina”.

Como se sabe, el edificio es patrimonio del Estado Nacional, que desde hace décadas se desentendió de su restauración y recuperación. Y con ello, “cayó en las últimas décadas en un deterioro alarmante. En la actualidad, funciona en planta baja una sucursal del Correo Argentino”, contaba otra crónica.
Su estado, hoy
El Litoral relevó días atrás el inmueble, en la Av. 27 de Febrero al 2300. En muchos sectores de las ventanas inferiores, hay roturas significativas en los vidrios. Por los huecos se ve la planta baja -hay pallets de maderas y otros trastos viejos, como sillas y tablones-. Allí funcionó hace unos años la Administración Provincial de Impuestos (API).
En muchos sectores de las paredes y columnas se puede ver que el revoque se ha caído; hay por todos lados pegatinas y pintadas diversas que afean aún más una cuadro arquitectónico y pictórico ya de por sí crítico.
La humedad va haciendo su trabajo, implacable. Se ve cómo ha carcomido el techo de la fachada, situación que da a pensar y advertir en la posibilidad de desprendimientos, incluso riesgos de derrumbes.

Al alzar la mirada, la estructura central del edificio muestra una sombría postal de ventanales con sus chapones oxidados; y con persianas entreabiertas. Parecen ojos sombríamente entristecidos de tanto tiempo y destino inevitable, que miran hacia el sector del Puerto local, lugar de progreso y modernidad.
En el área donde están las clásicas venecitas -cuadraditos de color blanco con un tono rosa muy tenue, que supieron distinguir el edificio en su Belle Époque-, allí han levantado su imperio las palomas, con total impunidad. Hay centenares de estas aves, y se ven pequeñas “montañas” de heces que van dejando. La caca de las palomas cae al suelo.
Personas indigentes
Se ve mucha basura desperdigada en todo el tramo de la fachada que da a la Avenida, entre Mendoza (a pasos del Cemafe) y la cortada Falucho. Botellas, plásticos de todo tipo, bandejas de comida. El olor a orina se vuelve insoportable. Sobre el techo de la vieja entrada principal, se ven cartones con nylons.

Entonces, todo indica que allí buscan guarecerse en las frías noches de Santa Fe capital personas en situación de calle. Quizás esconden esos cartones -que seguramente son “colchones” improvisados por aquello que niega la pobreza- para pernoctar.
Características
El edificio fue proyectado en 1948 por los arquitectos José María Spencer y Walter Finkbeiner, de la Dirección de Ingeniería y Arquitectura de la vieja Administración Central de Correos y Telecomunicaciones, y construido por la Compañía Americana de Construcción, en un terreno cedido por el Gobierno provincial.

Inaugurado el 25 de mayo de 1959, se integró a un plan nacional de sedes postales levantadas en distintas ciudades del país, en línea con los postulados de la arquitectura moderna impulsada por el Estado en la posguerra.
La obra responde a una composición racionalista, de líneas sobrias y volumetría clara, con marcada impronta horizontal y un lenguaje despojado de ornamentos. La estructura de hormigón armado permitió amplias plantas libres y una organización funcional acorde a los requerimientos del servicio postal y de telecomunicaciones de la época.
“La fachada, modulada y austera, combina llenos y vacíos con criterios de ritmo y proporción. Su escala y emplazamiento estratégico -frente al Parque Alberdi y en vínculo con el área portuaria- le otorgan carácter monumental y lo consolidan como hito del paisaje urbano”, dice una nota de El Litoral.

“En la Argentina, entre 1935 y 1955, se dio el ingreso de la corriente arquitectónica moderna (racionalismo funcionalista). El edificio del ex Correo Central es un ejemplo de lo que sería esa arquitectura de la Segunda Posguerra”, había explicado a este diario el Arq. Luis Müller, profesor e investigador (Fadu-UNL), Dr. en Arquitectura y experto en patrimonio arquitectónico.











