En un contexto regional donde el dengue sigue siendo una amenaza latente, la Municipalidad sostiene una política activa de prevención para evitar un brote en la ciudad.

Con más de 35 barrios con presencia del mosquito Aedes aegypti, el Municipio despliega un abordaje integral que combina vigilancia entomológica, operativos de descacharrado, concientización puerta a puerta y control sanitario durante todo el año. Tras una temporada crítica en 2023, los casos se redujeron drásticamente gracias a una estrategia sostenida y al compromiso comunitario.

En un contexto regional donde el dengue sigue siendo una amenaza latente, la Municipalidad sostiene una política activa de prevención para evitar un brote en la ciudad.
El trabajo, coordinado desde la Subsecretaría de Salud Municipal, se apoya en la experiencia acumulada tras una de las temporadas más intensas de los últimos años y en un esquema de vigilancia permanente que permite anticiparse al riesgo.
Así lo explicó, a CyD Litoral, Lorena Massari, subsecretaria de Salud Municipal, al detallar cómo se construyó este escenario epidemiológico favorable en el inicio de la temporada 2026.

“Nosotros nos manejamos por temporadas, porque esto es de agosto a agosto”, explicó Massari. Bajo esa lógica, la temporada 2023 marcó un antes y un después: fue “bastante intensa”, con más de 1.600 casos de dengue intervenidos en la ciudad.
A ese número, advirtió, siempre hay que sumarle un subregistro estimado, ya que se calcula que por cada caso notificado hay al menos cinco más que no llegan al sistema de vigilancia.
Ese escenario obligó a fortalecer las capacidades locales. “Venimos preparados desde esa temporada para poder abordar las siguientes”, señaló la funcionaria. Los resultados fueron evidentes: durante las temporadas 2024 y 2025 se registraron solo 21 casos intervenidos en la ciudad, una cifra significativamente menor en comparación con otras localidades de la región.
Ese aprendizaje quedó reflejado recientemente, cuando se activó un operativo de bloqueo sanitario en la zona sur ante un caso altamente sospechoso. Aunque finalmente el diagnóstico dio negativo, la intervención se realizó siguiendo los protocolos vigentes.
“Es una enfermedad que se transmite a través de un vector y si no intervenimos puede transmitirse a la comunidad”, subrayó Massari. La situación, lejos de generar alarma, sirvió para reforzar el mensaje preventivo hacia la población.

Uno de los pilares de la estrategia municipal es el monitoreo entomológico. Actualmente, más de 35 barrios de la ciudad registran presencia del mosquito Aedes aegypti en el sistema de vigilancia. Para ello, el Municipio cuenta con una red de 90 puntos de control, cada uno equipado con ovitrampas y trampas para mosquitos adultos.
“En algún momento todos van a dar positivos, porque en nuestra ciudad siempre hubo y va a haber mosquitos”, aclaró Massari. Sin embargo, el objetivo no es erradicar al insecto, sino seguir de cerca la actividad de esta especie en particular, que tiene hábitos domiciliarios y se reproduce principalmente en recipientes con agua dentro o alrededor de las viviendas.
La información que surge del monitoreo permite planificar las acciones territoriales. “De esta manera vamos trabajando con los barrios para alertarlos de que hay mayor o menor actividad en su espacio, para que puedan tomar todas las medidas de prevención”, explicó. El enfoque pone el acento en la corresponsabilidad entre el Estado y la comunidad.

La eliminación de criaderos sigue siendo la medida central para cortar la transmisión del dengue. Desde el Municipio insisten en que el descacharrado no debe limitarse a los días posteriores a las lluvias, aunque en esos momentos se intensifica el pedido a los vecinos.
“Las temperaturas ideales para la reproducción ya las estamos teniendo”, advirtió Massari. En ese contexto, cualquier recipiente que acumule agua puede transformarse rápidamente en un foco de mosquitos. “Los huevos quedan a la espera de agua y, con estas temperaturas, en cinco días podemos tener mosquitos nuevos”, detalló.
Por eso, el mensaje es claro: la revisión de patios, terrazas y balcones debe sostenerse durante todo el año. El Municipio cuenta con un cronograma de descacharrados que se ajusta semana a semana en función de los datos que arroja el sistema de monitoreo, y que se comunica a través de las redes oficiales.

El abordaje municipal no se limita a los barrios. Durante el verano, los equipos de salud despliegan operativos de prevención en playas, balnearios, eventos masivos y espacios de alta circulación.
También trabajan en el cementerio municipal, promoviendo el reemplazo del agua de los floreros por arena húmeda, y en la terminal de ómnibus, con acciones orientadas a prevenir el ingreso de viajeros con síntomas.
“Este abordaje el año pasado nos dio muy buenos resultados”, destacó Massari, al comparar la situación local con la de otras ciudades de la provincia. Mientras en la ciudad los casos se mantuvieron bajos, Rosario registró más de 3.000 casos notificados en la misma temporada.
Cuando los equipos municipales llegan a un barrio, el primer paso es la identificación. “Somos personal de salud, estamos identificados, con credenciales y uniformes, y los vecinos pueden llamar al 0800 del municipio para confirmar”, explicó la subsecretaria. Luego, el trabajo es puerta a puerta: asesoramiento, revisión de posibles reservorios y diálogo directo con la comunidad.

Aunque el conocimiento sobre el dengue ha crecido, Massari reconoció que aún persisten dudas. Por eso, cada visita es una oportunidad para reforzar cómo se transmite la enfermedad y qué medidas son efectivas para prevenirla.
Las recomendaciones se sostienen en tres ejes: descacharrado, uso de repelente y vacunación. La vacuna contra el dengue continúa disponible en los vacunatorios provinciales, especialmente recomendada para quienes ya tuvieron la enfermedad en temporadas anteriores.
Además, se insiste en extremar cuidados al viajar a zonas con circulación viral, como el norte del país, Brasil o Paraguay, y en consultar de manera temprana ante la aparición de síntomas.
“Si no tenemos el mosquito, no se transmite la enfermedad”, resumió Massari. Esa premisa guía una política local que combina planificación técnica, presencia en el territorio y participación comunitaria, con un objetivo claro: evitar que el dengue vuelva a convertirse en un brote en la ciudad.