Hay lugares que están cerca, pero que parecen quedar lejos. El Chaparral es uno de ellos. El barrio se encuentra a pocos minutos del centro de Santo Tomé y muy cerca de sectores donde en los últimos años avanzaron nuevos desarrollos residenciales y barrios privados. Sin embargo, para quienes viven allí, esa cercanía no siempre se traduce en mejores condiciones para la vida cotidiana.
El Chaparral, el barrio de Santo Tomé que reclama ser visto
Está a pocos minutos del centro y rodeado por sectores que crecieron en los últimos años. Sus vecinos reclaman mejoras en las calles, iluminación, conectividad y seguridad para sentirse parte del desarrollo de la ciudad.

Caminar, circular en bicicleta, salir después de una lluvia o trasladarse hacia otros puntos de la ciudad puede convertirse en un desafío. El estado de algunas calles, la falta de veredas y de iluminación en determinados sectores y las dificultades de conectividad forman parte de los reclamos que los vecinos vienen planteando.
La sensación que atraviesa muchas de esas demandas es sencilla: El Chaparral quiere ser tenido en cuenta como parte de Santo Tomé.
Un barrio cerca del centro, pero con dificultades para llegar
La ubicación es una de las principales particularidades de El Chaparral. No se trata de un barrio alejado del ejido urbano. Por el contrario, se encuentra cerca del centro santotomesino y de importantes vías de circulación.
A pocos minutos están la Plaza Libertad, el área comercial y distintos sectores que fueron modificando su fisonomía con el crecimiento de nuevos emprendimientos inmobiliarios.
Pero el recorrido cotidiano desde El Chaparral hacia esos lugares puede ser muy diferente.
En distintos sectores, los vecinos deben transitar por calles de tierra o caminos con infraestructura peatonal insuficiente. La ausencia de veredas obliga en algunos casos a caminar por la calle, mientras que la iluminación aparece como otra de las cuestiones que genera preocupación, especialmente durante la noche.
Para quienes se movilizan a pie o en bicicleta, las distancias que en un mapa parecen cortas pueden transformarse en trayectos incómodos o riesgosos.

Cuando llueve, los problemas se hacen más visibles
El estado de las calles es uno de los reclamos más concretos.
Después de las lluvias, el barro, los pozos y el deterioro de las calzadas dificultan la circulación. La situación afecta especialmente a quienes necesitan salir del barrio todos los días para trabajar, estudiar o realizar trámites.
También genera preocupación cuando se necesita el ingreso de algún servicio. Ambulancias, remises, taxis y otros vehículos pueden encontrar mayores dificultades para circular por algunos sectores cuando las condiciones climáticas empeoran.
Para los vecinos, no se trata solamente de una cuestión de comodidad. El estado de las calles termina condicionando actividades básicas y profundiza la sensación de aislamiento respecto del resto de Santo Tomé.
La inseguridad, una preocupación cotidiana
A las dificultades vinculadas con la infraestructura se suma otro tema que aparece entre las principales preocupaciones de los vecinos: la seguridad.
En los últimos años, El Chaparral fue escenario de distintos episodios policiales y procedimientos vinculados con delitos y narcomenudeo. En mayo de 2026, investigaciones por microtráfico derivaron en allanamientos en el barrio y otros sectores del área metropolitana, con secuestro de drogas y detenciones.
También se registraron episodios de violencia armada que generaron preocupación entre quienes viven en la zona.
Pero la mirada de los vecinos sobre la seguridad va más allá de los hechos policiales. La iluminación deficiente en algunos sectores, las calles deterioradas y los espacios públicos que necesitan mantenimiento también influyen en la forma en que se transita el barrio.
Durante la noche, algunos recorridos se vuelven especialmente difíciles y aumentan las preocupaciones de quienes regresan de trabajar o estudiar.

La otra cara de El Chaparral
Sin embargo, El Chaparral no puede quedar reducido a las noticias policiales.
Detrás de esos hechos hay una comunidad. Familias que viven allí desde hace años, comercios de cercanía, jóvenes, adultos mayores y vecinos que construyen relaciones cotidianas y sostienen la vida del barrio.
Por eso, uno de los reclamos que atraviesa las distintas demandas es también el de cambiar la mirada sobre El Chaparral.
Los vecinos quieren que las necesidades de infraestructura y seguridad sean atendidas, pero también que el barrio deje de aparecer solamente cuando ocurre un hecho negativo.
Hay una vida cotidiana que transcurre todos los días y que muchas veces queda fuera de la mirada del resto de la ciudad.
El contraste con las nuevas urbanizaciones
El crecimiento de Santo Tomé vuelve todavía más visible esa situación.
En los últimos años, distintos sectores cercanos al corredor de la autopista experimentaron un fuerte desarrollo residencial, con nuevos emprendimientos y barrios privados que modificaron el paisaje urbano.
El Chaparral quedó cerca de esa transformación, pero sus vecinos sienten que las mejoras no avanzaron al mismo ritmo.
La postal genera un contraste particular: a pocos minutos de zonas nuevas, con obras y desarrollos inmobiliarios, persisten calles donde todavía se reclama por infraestructura básica.
No se trata de estar lejos. Se trata de las diferencias que existen dentro de una misma ciudad.








