El hombre no parece tener apuro.
B° Candioti Sur: una mañana entre colchones, orina y miedo, donde el problema de vivir en la calle vuelve a aparecer
Los vecinos aseguran que en las últimas semanas aumentó la presencia de personas en situación de calle en las inmediaciones de la Terminal de Ómnibus y el antiguo predio ferial. Hay reclamos por problemas de higiene, peleas e inseguridad. La vecinal advierte que el fenómeno lleva años y que los operativos para despejar el lugar sólo generan una solución pasajera.

Está parado en la esquina de Las Heras y Crespo de la ciudad de Santa Fe y orina directamente sobre la reja de una vivienda. Es jueves por la mañana y apenas comienza la actividad del barrio. Del otro lado de la calle, sobre la plaza, varios hombres y mujeres acomodan colchones y bolsos. Algunos todavía parecen dormir. Otros conversan. A pocos metros, dos personas caminan sin rumbo.
La escena dura unos minutos.
Pero alcanza.
Porque eso que se ve en esa esquina de Candioti Sur no es una excepción ni una situación extraordinaria. Es apenas una postal de lo que los vecinos dicen que ocurre cotidianamente en un sector del barrio que, con el paso de los años, se convirtió en uno de los puntos de concentración de personas en situación de calle de la ciudad.
Hay colchones. Hay bolsos. Hay gente que duerme en espacios públicos. Hay quienes buscan comida. Hay quienes recorren las calles durante horas. Hay vecinos que les acercan algo para comer y otros que prefieren no cruzarse con ellos.

Hay inspectores municipales que vuelven en loop a asistir a la gente e intentar persuadirlas para que reciban la asistencia del Estado y cambien el rumbo de sus vidas.
Y hay, sobre todo, una sensación instalada entre los frentistas: el problema vuelve siempre.
Baldear antes de que salga el sol
Victoria vive sobre calle Las Heras. Dice que una de las consecuencias más concretas de esta situación ocurre antes de que empiece el día.
“La verdad que ya no sabemos cómo reclamar para que nos den una solución, porque es indigno que yo salga de mi casa y tenga que baldear todos los días antes de que pegue el sol en mi vereda para evitar que el olor nauseabundo entre a mi casa”, resume.
El problema no queda circunscripto a una esquina.
Desde la zona de la Terminal de Ómnibus Manuel Belgrano, el movimiento se extiende hacia el interior de Candioti Sur. Las personas que viven en la calle encuentran en este sector algo que no tienen en otros puntos: circulación permanente, comercios, restaurantes, bares, movimiento nocturno y la posibilidad de conseguir algún tipo de ayuda.
Es también un barrio donde durante buena parte del día hay gente entrando y saliendo.
La terminal funciona como un imán.

Y detrás de la terminal está el otro escenario de esta historia: el amplio espacio verde del antiguo predio ferial municipal.
Allí, los vecinos aseguran que en las últimas semanas volvió a crecer la cantidad de personas que se instalan para pasar la noche. Y el día.
No es la primera vez.
Una historia que se repite
Candioti Sur ya vivió esta escena.
En 2023, los vecinos denunciaban la presencia de personas que dormían en colchones y carpas en distintos sectores del barrio, especialmente en el predio ubicado detrás de la terminal. El reclamo se extendía también a la plazoleta Emilio Sola, el Skate Park, terrenos baldíos y otros espacios donde quienes no tienen un lugar donde vivir encontraban refugio.
Desde entonces, un hombre utiliza la canilla pública del Skate Park para asearse. Lo hace con pudor a la vista de quienes transitan la zona. Pese a su estado de abandono mantiene su higiene y resiste.
En 2024, la escena volvió a repetirse: colchones, personas durmiendo y vecinos reclamando por lo que consideraban una apropiación de los espacios públicos.
En 2026, el municipio volvió a relevar el área y reconoció que en el entorno de la terminal podía haber más de 40 personas en situación de calle, aunque aclaró que la cantidad es variable.

Los números cambian. Los nombres cambian. Los lugares donde cada uno arma su refugio también. Pero el problema permanece. Y eso es justamente lo que más irrita a los vecinos.
“Hemos hablado con la vecinal, con la municipalidad, con el propio intendente del tema, y siempre nos dicen que van a controlar la situación y ordenarla, pero al día siguiente se repite y nada cambia”, se lamentó Raúl.
Dos Candioti frente al mismo problema
En el barrio no todos piensan igual.
Hay quienes quieren que las personas sean retiradas del predio y de los espacios públicos. Que no haya colchones en las plazas. Que no se duerma en las veredas. Que nadie orine frente a las casas. Que vuelva el orden.
Otros vecinos, en cambio, entienden que sacar a las personas de un lugar no resuelve nada: simplemente las desplaza hacia otro.
La propia vecinal se encuentra en el medio de esa discusión.
“Algunos tienen una mirada de que hay que sacarlos y chau”, explicó Matías Galíndez, presidente de la Vecinal Candioti Sur. “Y después otros pensamos que hay un tema de fondo”.

Galíndez sostiene que la situación se volvió a activar con fuerza durante las últimas semanas.
“Es un tema que siempre está latente. Ahora, este último tiempo se reactivó porque empezó a haber mucho movimiento, sobre todo lo que es la parte del predio detrás de la estación, en lo que es el predio ferial, aumentó significativamente en las últimas semanas”, señaló.
El problema, agrega, lleva años.
“Por más de que los vengan a sacar, los lleven, un día está todo tranquilo, pero a la semana vuelven y así y así va constantemente”, describió.
Por eso, desde la vecinal plantean que no alcanza con la vigilancia policial.
“Hace años ya, hace un par de años. Nosotros el tema siempre lo tomamos con mucho cuidado porque, más allá de que es una gran problemática para el barrio, entendemos que es un gran problema social de fondo y, bueno, de la ciudad y de país diría”, sostuvo Galíndez.
Peleas por territorio
Hay otra preocupación que aparece ahora con mayor fuerza: las peleas entre las propias personas que permanecen en el predio.
Según la vecinal, el aumento de la cantidad de gente en las últimas semanas también incrementó los conflictos internos.
“Este aumento aparte genera conflictos entre ellos. Eso también es lo que preocupa un poco porque se ven muchos hechos de violencia entre ellos, entre que eso es de territorio, de quién ocupa qué zonas”, contó Galíndez.

Para algunos vecinos, ese escenario genera especialmente temor entre las personas mayores. “Entonces eso da mucho miedo, sobre todo a las personas mayores”, agregó.
Un vecino lo resumió de otra manera.
“El problema es que la gente también sufre al estar en situación de calle, no es sólo un problema de los vecinos del barrio, y en ocasiones hay trifulcas y peleas, y tenemos mucho temor de que terminemos siendo testigos o víctimas de algún hecho lamentable”.
Es una frase que contiene buena parte de la contradicción que atraviesa al barrio.
Los vecinos quieren vivir tranquilos.
Las personas que viven en la calle también están atravesadas por una situación de extrema vulnerabilidad.
Y entre ambas realidades aparece un espacio público que no termina de encontrar una respuesta.
La Casa de Juan Diego y los mitos del barrio
En esa discusión aparece otro nombre: la Casa de Juan Diego.
El espacio de asistencia y contención para personas vulnerables funciona en el barrio y durante mucho tiempo fue señalado por algunos vecinos como uno de los lugares que explicaría la concentración de personas en situación de calle en la zona.
La hipótesis era sencilla: allí reciben comida, ayuda o asistencia y luego algunos vuelven a la calle.
Desde la vecinal decidieron comprobar qué había de cierto en esas versiones.
“Nosotros el año pasado, este año a principio de año, nos reunimos con la gente de Juan Diego, acá de la casita de Juan Diego, porque muchos vecinos se quejaban de que ahí les daban de comer y que salían a robar”, relató Galíndez.
La conclusión de aquella reunión fue muy diferente de algunos comentarios que circulaban entre los vecinos. “Estuvimos reunidos con la comisión directiva de la vecinal con todo el equipo de Juan Diego y trabajan de manera excelente”, afirmó. Y agregó: “Al contrario, tendría que haber más espacios como ese para poder contener”.
Para la vecinal, esa experiencia permitió también desmontar algunos mitos que circulan alrededor de la situación de calle y la delincuencia. “El problema viene de mucho más abajo, es más profundo”, insistió Galíndez.
La plaza frente a la Terminal
Mientras tanto, a pocos metros de las plataformas donde llegan y parten colectivos de larga distancia, el antiguo predio ferial sigue siendo uno de los puntos más sensibles. Es un espacio enorme.
De día, hay vecinos que lo atraviesan, personas que pasean y gente que utiliza las inmediaciones de la terminal. De noche, cambia.
Los colchones aparecen contra paredes, árboles y sectores reparados del predio. Se arman pequeños refugios. Se acumulan pertenencias. Algunas personas permanecen allí durante varios días.
Y cuando la cantidad aumenta, también crecen los conflictos. La situación ya fue objeto de sucesivas intervenciones municipales y policiales. Pero cada vez que se despeja el lugar, dicen los vecinos, el tiempo empieza a correr nuevamente. Hasta que aparecen otra vez los colchones. Otra vez los bolsos. Otra vez las personas. Otra vez el reclamo.
“No todo se soluciona con un desalojo”
Desde la Municipalidad reconocen que la situación es compleja y que Candioti Sur reúne condiciones particulares para que las personas en situación de calle permanezcan allí.
“En el caso particular de Candioti, la actividad comercial, gastronómica, la nocturnidad y la circulación permanente de personas hacen que quienes se encuentran en situación de calle quieran permanecer allí porque encuentran mayores posibilidades de obtener algún tipo de ayuda o sustento”, explicó Hugo Marchetti, secretario de Políticas Sociales del municipio.
El funcionario sostuvo que el fenómeno no es exclusivo de Santa Fe. “La situación que se observa en barrio Candioti no puede analizarse como un fenómeno propio del barrio ni tampoco como una problemática exclusiva de la ciudad de Santa Fe”, señaló.
Para Marchetti, se trata de una problemática atravesada por situaciones sociales que llevan años. “La situación de calle es una realidad compleja que atraviesa a las principales ciudades del país y que debe ser entendida en un contexto social y económico más amplio, marcado por situaciones de pobreza estructural y vulnerabilidad que llevan muchos años”, afirmó.

Desde el municipio aseguran que existe un dispositivo permanente de recorridas y atención. “Desde la Municipalidad se sostiene durante todo el año un dispositivo de recorrida y atención en calle. Además de la asistencia que se brinda en el Centro de Día Beata Clara que está abierto los 365 días del año”, explicó Marchetti.
La intención, dijo, es ir más allá de la emergencia. “El objetivo no es solamente atender la emergencia, sino abordar cada situación en particular y, cuando es posible, generar procesos de revinculación familiar y dar herramientas para que la persona pueda dejar la calle”.
La misma escena, otra vez
Cuando el equipo de El Litoral termina de recorrer el barrio, la escena inicial sigue siendo posible a unas pocas cuadras de distancia. La terminal continúa con su movimiento habitual. Los colectivos llegan. Los pasajeros bajan con valijas. Los negocios abren. Los vecinos salen a trabajar.
Y en medio de todo eso, en una plaza, alguien acomoda un colchón.
La diferencia es que ahora se lo mira como parte de un problema que lleva demasiado tiempo. La discusión ya no es solamente qué hacer con quienes duermen en el espacio público. Tampoco si corresponde retirar un colchón, reforzar una recorrida policial o limpiar una vereda.
La pregunta que persiste en Candioti Sur es otra. ¿Cómo se resuelve un problema que vuelve cada vez que se intenta sacarlo del lugar?
Mientras los vecinos reclaman una respuesta que les permita recuperar la tranquilidad y el uso de sus espacios públicos, desde la vecinal insisten en que los operativos temporales no alcanzan. “Que hagamos siempre la denuncia al 0800 y al 911 con el Ministerio de Seguridad”, contó Galíndez que les transmiten desde la coordinación municipal.

El problema es que, después de la denuncia, vuelve a empezar la historia. Y en Candioti Sur ya conocen demasiado bien el final: unos días de tranquilidad, algunos espacios despejados y, poco después, nuevamente los colchones, los bolsos y las personas buscando un lugar donde pasar la noche.
Esta mañana, en Las Heras y Crespo, un hombre orinó contra la reja de una casa. Frente a él, otros dormían sobre colchones. A pocos metros, dos personas deambulaban por la plaza.
La postal duró unos minutos.
El problema, en cambio, lleva años.








