¿Es la era del Piroceno?: Tras los incendios, un "cóctel tóxico" afecta la fauna de los humedales
Un equipo del Conicet y la UNL comprobó que los sedimentos de humedales incendiados liberan sustancias letales cuando vuelven a inundarse. El trabajo -realizado en suelos de una isla sobre renacuajos- fue publicado en una revista científica internacional de alto impacto y es considerado inédito en Argentina.
En los suelos que se habían quemado muchas veces, más del 80% de los renacuajos murió en poco tiempo. Gentileza: Conicet/UNL
Cuando el fuego se apaga y el agua vuelve a inundar los humedales, el peligro no necesariamente termina. Por el contrario, recién puede empezar. Esa es una de las conclusiones a la que arribó una investigación científica liderada por especialistas del Conicet y de la Universidad Nacional del Litoral (UNL), que demostró que los suelos de humedales quemados de forma reiterada liberan toxinas capaces de provocar una alta mortalidad en organismos acuáticos.
"El fuego deja una huella tóxica que persiste cuando vuelve el agua. El impacto de los incendios no se limita a lo que vemos a simple vista. Queríamos saber qué pasaba después, cuando el agua vuelve a ingresar a los humedales de nuestro litoral", explicó el biólogo Rafael Lajmanovich, investigador con más de 30 años de trayectoria en Ecotoxicología y conservación de humedales.
El estudio se desarrolló en la isla Los Sapos, ubicada debajo del Puente Carretero, en Santo Tomé, dentro de un área natural protegida. Se trata de una zona que sufrió incendios reiterados durante los años de mayor sequía, especialmente en 2020, en plena pandemia. Para este último trabajo se tomaron muestras en 2022 y 2023, años en que hubo muchos incendios en el verano.
El área natural protegida ubicada en la Isla de Los Sapos, debajo del Puente Carretero, es donde se realizaron los muestreos de suelos con distinto historial de incendios.
La bióloga Paola Peltzer es autora del trabajo, junto al grupo de trabajo conformado por Ana Paula Cuzziol, Andrés Attademo, Fernanda Simoniello, Ayelén Muchiutti y Gonzalo Libramento de los Santos. En tanto, Rafael Lajmanovic es quien lidera el Laboratorio de Ecotoxicología de la Facultad de Bioquímica y Ciencias Biológicas de la UNL, donde se desempeña el grupo de profesionales.
A diferencia de otros estudios que se basan predominantemente en análisis remoto de imágenes satelitales o evaluaciones indirectas del área quemada, este trabajo se hizo en terreno, con muestreos de campo y posteriores investigaciones en laboratorio. "No hay estudios similares en el país y muy pocos en el mundo. Por eso fue tan importante poder publicarlo en una revista internacional", remarcó Lajmanovich.
El estudio se hizo tras incendios en los bañados del río Salado. Foto: Manuel Fabatía
Piroceno, la era del fuego
"En ese momento, cuando hicimos la investigación, se sabía muy poco. Los incendios siempre existieron, pero hoy estamos frente a algo distinto: un aumento global enorme producto del calentamiento del planeta. A tal punto que algunos ya hablan del 'Piroceno', la era del fuego", señaló el biólogo en diálogo con El Litoral.
Para recabar más información sobre las consecuencias de los incendios en los humedales, el equipo de UNL-Conicet decidió salir al territorio. "No quisimos mirar los incendios por televisión, así que salimos a investigar porque es lo que sabemos hacer: observar, recolectar datos y analizar", recordó el científico.
Los investigadores recogieron sedimentos de tres sectores distintos: suelos sin incendios, suelos quemados dos veces y otros afectados por múltiples incendios. Luego, en laboratorio, simularon el reingreso de agua limpia, como ocurre tras una lluvia o una crecida del río. Para evaluar los efectos, utilizaron renacuajos como organismos modelo. "Son vertebrados muy sensibles, excelentes bioindicadores. Su piel es altamente permeable y absorbe todo lo que hay en el agua", explicó Lajmanovich.
Investigación Conicet-UNL.
El 80% de los renacuajos murieron
Los resultados fueron contundentes. "En los suelos que se habían quemado muchas veces observamos una mortalidad muy aguda. En algunos casos, más del 80% de los renacuajos murió en poco tiempo", detalló. En cambio, en los sedimentos no quemados "no pasó absolutamente nada: el agua era normal y los organismos sobrevivían sin problemas".
La clave estuvo en lo que no se ve a simple viste. "El agua parecía transparente, normal, pero las toxinas producidas durante las quemas se solubilizan y pasan al agua", explicó el investigador. Entre las sustancias detectadas se encontraron sales y metales como sodio, calcio, potasio, hierro, magnesio y zinc, generados o liberados por las altas temperaturas del suelo.
"Ese cóctel tóxico es extremadamente nocivo para los organismos acuáticos", advirtió. Y añadió que incluso los renacuajos que sobrevivieron mostraron daños severos. "No hace falta que mueran directamente. Muchos quedan con su fisiología tan afectada que no pueden alimentarse ni nadar bien. Eso es lo que llamamos 'muerte ecológica'", indicó el biólogo.
"Lo importante es que el fuego deja una huella tóxica que persiste cuando vuelve el agua. Si no entendemos eso y no se investiga, los ecosistemas no tienen posibilidad real de recuperación", advirtió el científico.
Los sedimentos de humedales incendiados liberan sales y compuestos nocivos cuando ingresa el agua, afectando a anfibios y otros organismos acuáticos.
Dificultades de hacer ciencia y en la prevención del fuego
Más allá de los resultados de este estudio, el investigador alertó sobre el contexto en el que se desarrolla la ciencia. "Este trabajo fue prácticamente autofinanciado. No contamos con vehículos oficiales ni recursos específicos. Nos apoyamos mucho en ciudadanos y ambientalistas de Santo Tomé, que incluso apagaban incendios cuando nadie lo hacía", contó.
Y dijo que en ese momento venían con el envión de presupuestos anteriores. "Hoy, encarar un trabajo así sería muy difícil porque la Agencia Nacional de Promoción Científica, que financia buena parte de la investigación en el país, fue desmantelada", indicó.
Los biólogos Rafael Lajmanovich (parado en el centro), Ana Paula Cuzziol y Paola Peltzer (agachadas) junto a ambientalistas de Santo Tomé que colaboraron en terreno.
-¿Como grupo de investigación siguen preocupados por los incendios en los humedales?
-Han bajado un poco de la cantidad, pero es una amenaza que está totalmente latente. Con la crisis climática, los veranos son cada vez más extremos. Es muy probable que esto no termine acá. A esto hay que agregar que las políticas de prevención del fuego y el financiamiento para la investigación están prácticamente desmantelados en el país.