La década del 2000 en lo que respecta a la nocturnidad en la ciudad de Santa Fe fue una época atravesada por cambios, por modificaciones a costumbres que culminaron con un proceso de reubicación, regulación y más controles.
Salir de la Recoleta: los episodios que derivaron en emergencia y regulación
El descontrol derivó en violencia y en situaciones que provocaron molestias a vecinos y comerciantes de la zona. El municipio a instancias del Concejo sancionó una Ordenanza que cambió la lógica de las salidas nocturnas.

Ocurre que en aquellos tiempos, en un radio de 10 cuadras se concentró toda la oferta de divertimento nocturno. Entre bares y boliches, el amplio menú de lugares donde pasar el rato tuvo su punto neurálgico en lo que popularmente se conoce como La Recoleta.
Sin embargo, cuestiones vinculadas a la falta de regulación, de control y cuidado fueron carne de cañón para que los disturbios, peleas o situaciones escatológicas sucedan todos los fines de semana en las veredas del barrio.

Qué se decía
El Litoral siguió de cerca los acontecimientos, sobre todo durante y el post declaración de emergencia en la noche. Entre tanto material periodístico producido se dedicó un espacio a escuchar (y reproducir luego) la voz de los vecinos y comerciantes afectados.
“Sería muy bueno que se avance en el traslado. El viernes pasado cuando vine a abrir alguien había desparramado por todas las paredes fernet y los vidrios rotos son costumbre. A veces los clientes no pueden entrar y esperan en la vereda a que limpiemos lo que dejan”, dijo una comerciante.
“Veo bien que se trasladen pero siempre y cuando haya controles donde los ubiquen, sino es lo mismo. Acá hace un tiempo la gente del boliche de la cuadra me limpian la vereda, muestran voluntad pero hay cosas que no pueden manejar. Ver el estado en el que andan los chicos por acá a las 8 de la mañana es lamentable; el principal problema es el consumo de alcohol”, agregó otra comerciante.

“Yo soy portero del edificio y todas las mañanas de los fines de semana tengo que limpiar con la manguera lo que la gente hace en la vereda. Lo de menos es orina por toda la cuadra así que me parece perfecto que los saquen de acá”, sumó un encargado de un edificio.
Otra comerciante en tanto manifestó: “Creo que está bien que se reubiquen en la zona de la Ruta 168 pero deberían ser más claros con los riesgos que se pueden generar en esa zona. Allá también hay gente que va a trabajar y que vive. Yo lo hablé con mis hijos y pensamos que si salen alcoholizados es un peligro la ruta y el principal problema es ese, el consumo de alcohol”.

Desolado
Atravesar las calles de la Recoleta y sus adyacencias, sobre todo el paseo de bulevar (Pellegrini / Gálvez) los domingos a primera hora era desolador. En el archivo de El Litoral se guardan fotografías de aquellos tiempos que prueban la problemática para los damnificados.
Basura, suciedad y hasta gente tirada en la calle se convertían en elementos “comunes” de la post fiesta. Mientras, el maltrago para vecinos y comerciantes que debían sortear, como se dijo, a los trasnochados y sus atropellos.
Episodios violentos, peleas callejeras y otro tipo de vandalismo también fueron moneda corriente de aquellos días. La conjunción de estos factores inclinó la balanza para que las autoridades de aquellos tiempos debatan y finalmente aprueben la emergencia con restricciones.






