Hace más de 25 años que el tren de pasajeros no corre por la ciudad de Santa Fe (y en muchas otras ciudades y localidades del interior del país). Sólo lo hace el de cargas (Belgrano) que, con el tiempo, crece en cantidad de material transportado. Sin embargo, las vías y elementos ferroviarios de las otras compañías quedaron detenidos en el tiempo, como huella imborrable de un tiempo que ya no es.
Nostalgia ferroviaria: los tres puentes negros de la ciudad, signos de un tiempo de prosperidad
Fueron construidos a inicios del siglo XX, cuando el ferrocarril se expandía por la región y se inauguró el puerto de la capital provincial . Pasaron 100 años y quedaron detenidos en el tiempo.


Es el caso de los tres puentes negros que se instalaron en la capital de la provincia hace más de 100 años y todavía están firmes, esperando que alguna vez alguien se acuerde de ellos. Las conexiones elevadas fueron construidas en el marco de la expansión de las empresas que explotaban los servicios de pasajeros y de carga y la inauguración del puerto.

En los primeros años del Siglo XX, tres empresas pugnaban en el mercado de la creciente ciudad de Santa Fe. Con el flamante puerto de por medio, la necesidad de mover cargamento y mercadería era motivo del incremento del flujo de los FF.CC.

Por un lado los ingleses, y su ramal Rosario - Buenos Aires (que luego se llamaría Central Argentino y finalmente Mitre); los franceses con su tren a Las Colonias y el estatal (Central Norte) que viajaba al norte provincial.

“En 1911, la empresa británica construyó el otro ramal que se vincularía con el nuevo puerto. El inicio del recorrido en principio se hacía desde la estación Mitre, da comienzo en el extremo oeste a unos 500 metros a continuación del puente ferroviario sobre el río Salado, bifurcándose hacia el norte, para tomar luego un semicírculo hacia el este rodeando un perímetro alejado de la ciudad de entonces, con amplios sectores terraplenados y el sustento de tres puentes para mantener elevados los cruces con la Compañía del Ferrocarril Santa Fe, que por aquel tiempo operaba con su línea y ramales a Rosario, Rafaela y Gobernador Vera”, explicó en un artículo para El Litoral Andrés Andreis, quien supo ser director del Museo Ferroviario local.

El primero de los puentes está detrás del Parque Garay, donde actualmente corre la calle Naciones Unidas.

El segundo, pasa a la altura de barrio Ciudadela (zona de calle Luciano Torrent al 3200).

El tercero, y más conocido, es el que cruza sobre la transitada avenida Aristóbulo del Valle, donde en su momento corrían los trenes a Vera, Reconquista e incluso llegaba a Resistencia.

“Para la ceremonia inaugural en horas de la noche, se encontraron en el centro del puente, en posiciones opuestas, dos locomotoras, alumbrándose mutuamente y haciendo sonar largamente sus respectivos silbatos, haciendo lo propio las del Ferrocarril Santa Fe que por debajo de él se habían concentrado para sumarse a los festejos”, recordó Andrés en el citado artículo de hace 15 años.

Otra anécdota referida a este emblemático lugar de la ciudad santafesina da cuenta que en década del '30, junto al Puente Negro, se levantaron “campamentos de obreros entre los que se contaban muchos extranjeros como rusos y polacos, que trabajaban en el montaje del último puente ferroviario sobre la Setúbal, que unía el ramal a Colastiné y San José del Rincón del Ferrocarril Santa Fe”, rememoró Andreis.

Detenidos en el tiempo
De los tres puentes, sólo uno pudo ser “reinventado” como paseo peatonal y para bicicletas. Incluso fue tomado como símbolo del paseo comercial ACAV (Asociación Comerciantes de Aristóbulo del Valle).

En 2012, el gobierno municipal dejó inaugurado el primer tramo del Paseo Escalante, un “corredor verde” (así se lo llamó) que aprovecha la traza del FF.CC para unir con una bicisenda las avenidas Aristóbulo del Valle y Facundo Zuviría. Cinco años más tarde, el municipio habilitó por completo el tramo Este, desde el puente negro y hasta la Av. General Paz.

Los otros dos puentes quedaron olvidados, como una muestra de una lejana prosperidad que vivió el país hace un siglo. Invadidos por la naturaleza y algún que otro vecino que “aprovechó” los terrenos del Estado para levantar o ampliar una vivienda.









