El comportamiento del río Salado vuelve a estar bajo observación en el área metropolitana de Santa Fe y Santo Tomé, aunque por el momento los especialistas no prevén crecidas significativas en el corto plazo. De acuerdo con técnicos del Instituto Nacional del Agua (INA), el sistema se mantiene en una condición hídrica cercana a lo normal y la evolución dependerá principalmente de las lluvias que se registren en la región durante las próximas semanas.
Juan Borus, especialista del INA, explicó que la cuenca inferior del sistema Juramento–Pasaje–Salado —que abarca unos 30.000 kilómetros cuadrados— presenta actualmente una situación equilibrada gracias a los últimos eventos de lluvia. “El caudal entrante a territorio provincial desde el tramo medio en Santiago del Estero había mostrado una muy leve tendencia ascendente y ya se encuentra oscilante. Lo mismo pasa con el acotado aporte proveniente del norte provincial”, señaló.
A orillas de Santo Tomé. Fernando Nicola.
En cuanto al pronóstico inmediato, indicó que las lluvias locales comienzan a disiparse y que el Servicio Meteorológico Nacional prevé precipitaciones en los próximos días sobre la mitad sur de la provincia, aunque sin montos acumulados significativos que puedan alterar el comportamiento del río. Además, las primeras proyecciones para el otoño anticipan condiciones hidroclimáticas dentro de parámetros normales al menos durante los próximos tres meses.
Un río que responde a las lluvias de la cuenca
El Salado tiene una dinámica particular en comparación con otros grandes ríos del Litoral. Su régimen depende en gran medida de las precipitaciones que se registran en su extensa cuenca de llanura. Cuando las lluvias son intensas se genera lo que los especialistas denominan una “onda de crecida”: una masa de agua que avanza lentamente hacia el sur hasta alcanzar el tramo final del río, en el área de Santa Fe.
Sin embargo, Borus aclaró que una crecida importante en la cuenca superior no alcanza por sí sola para provocar desbordes en territorio santafesino. “Para que se concrete un escenario húmedo tiene que darse una sucesión de eventos locales que produzcan la saturación de los suelos y luego un aporte en ruta significativo”, explicó.
Si las lluvias disminuyen o se vuelven esporádicas, ese aporte se reduce rápidamente y los niveles del río tienden a descender.
Impacto en la obra del nuevo puente Carretero
La evolución del Salado también incide en las obras que se realizan sobre su curso. En el tramo que atraviesa Santo Tomé, donde se construye el nuevo puente paralelo al histórico puente Carretero, las autoridades decidieron postergar una etapa clave de la obra.
Por debajo del puente Carretero. Fernando Nicola.
Con los pronósticos hidrológicos en la mano, Vialidad Provincial resolvió posponer hasta mayo la construcción de los cinco pilotes que restan ejecutar en el sector donde pasa el río. “Tenemos una etapa de crecida así que continuaremos en otros frentes de obra y terminaremos los pilotes en mayo”, explicó el administrador de Vialidad Provincial, Pablo Seghezzo.
Cómo se monitorea el río
Para anticipar el comportamiento del Salado, los organismos provinciales y nacionales utilizan estaciones hidrométricas ubicadas en puntos estratégicos del curso inferior, entre ellos Recreo, el puente de la Ruta Nacional 11 y el sector de Santo Tomé.
Estas estaciones permiten conocer en tiempo real la altura del río y establecer distintos niveles de referencia. En condiciones normales, el agua se mantiene dentro de su cauce sin impacto en zonas pobladas; cuando el nivel comienza a crecer de manera sostenida se declara el estado de alerta, lo que intensifica el monitoreo; y en situaciones extremas puede alcanzarse el nivel de evacuación, cuando el agua amenaza zonas bajas o presiona el sistema de defensas.
Un río central en la historia de Santa Fe
El río Salado es uno de los cursos de agua más extensos del norte argentino. Nace en la provincia de Salta, atraviesa Santiago del Estero y el norte santafesino y desemboca en el río Santa Fe, en jurisdicción de Santo Tomé, donde se origina el río Coronda antes de integrarse al sistema del Paraná dentro de la cuenca del Plata.
En su tramo santafesino, el río ha marcado la historia ambiental y urbana de la capital provincial. Durante gran parte del siglo XX registró períodos prolongados de caudales bajos, pero con el retorno de ciclos climáticos más húmedos desde la década de 1970 volvió a protagonizar crecidas significativas.
Vista aérea del Salado a orillas de Santa Fe. Fernando Nicola.
El episodio más recordado ocurrió el 29 de abril de 2003, cuando una crecida extraordinaria ingresó por el sector oeste de la ciudad y anegó cerca de un tercio del área urbana. La catástrofe dejó decenas de víctimas, miles de evacuados y marcó un antes y un después en la planificación de obras de defensa y en los sistemas de monitoreo hidrológico.
Hoy, con sistemas de alerta más desarrollados y un seguimiento permanente de la cuenca, los especialistas coinciden en que el desafío sigue siendo comprender la dinámica de un río profundamente ligado a la historia y al territorio de Santa Fe.