La olla, el chorro y una tarde típica en la playa Rizzi. Gentileza
Recuerdos de verano
Sol, playa y arena: el balneario que brilló en Santa Fe y se lo conoció como “Casa Rizzi”
Fue escenario de largas jornadas estivales a fines de los 90 y principio de los 2000. Años más tarde, parte de las instalaciones se transformaron en un complejo nocturno y la antigua olla fue usada, en ocasiones, como pista de baile. El recuerdo en el testimonio de uno de los socios.
Cuando el sol golpeaba con fuerza en la ciudad de Santa Fe de los 90 había un espacio para disfrutar las jornadas de verano, un lugar que convocaba a un importante número de personas y que hoy vive en los recuerdos de las imágenes y en la memoria de la comunidad que asistía.
Ubicado a la vera de la Ruta Nacional 168, el camping de la “Cámara de Artefactos del Hogar”, conocido también por algunos como “Casa Rizzi”, en alusión a la cartelería que estaba instalada por aquel entonces referida a la cadena de electrodomésticos local, tuvo su época dorada hasta los primeros años del 2000.
Una olla con un chorro de agua en el medio, amplios espacios de solarium, asadores y canchas de voley, tenis y fútbol, eran parte de las instalaciones que el complejo supo tener. Acompañado de baños y un buffet, el lugar se transformó rápidamente en un oasis para los santafesinos que escapaban del calor.
Las palmeras casi pegadas al espejo de agua le daban el toque mágico al balneario. También había lugares vedados, como el sector sur que era el resguardo de fauna local, como tortugas acuáticas.
Grandes y chicos supieron disfrutar los veranos en el camping.
La popularidad del lugar fue in crescendo y se convirtió en un punto casi obligado para aquellos que buscaban sobrepasar los extensos y calurosos veranos santafesinos. Cuota societaria o entrada por día, eran la diferencia con los balnearios públicos. Figuras del ambiente local, como Ricardo Porta o el basquetbolista Ricardo De Cecco, solían concurrir con sus familias al balneario.
Quienes visitaban religiosamente el lugar recuerdan el paso previo por el flamante hipermercado inaugurado a pocos metros de allí para hacerse de provisiones. Artículos que duraban poco y la reposición se hacía en el comedor del camping. Además de bebidas frescas, el buffet contaba con metegol y algún que otro flipper para luchar contra el aburrimiento de los más jóvenes.
Arena y agua fresca, para sobrepasar los calores santafesinos.
Afortunadamente, el archivo de El Litoral permite recorrer parte de la historia del balneario a través de las fotografías que fueron tomadas en aquella época.
Una recorrida veraniega en 2003 aseguraba que la térmica hacia finales de enero de ese año tocaba los 50°. Periodista y fotógrafo del diario llegaron hasta este oasis y charlaron con los visitantes. El denominador común de aquellos comentarios fue lo agradable del lugar.
El ingreso al predio. A la izquierda los asadores bajo los árboles, a la derecha el espejo de agua. Gentileza
Inicios y apogeo
Para conocer un poco más acerca de este espacio, El Litoral habló con Roberto Slobodianiuk integrante del directorio del Centro Comercial de Santa Fe y de la Federación Argentina de Artefactos para el Hogar, entidad que tiene la propiedad del camping. Fue parte de aquellos años dorados del lugar y gentilmente dialogó sobre ello.
El entrevistado contó que el predio fue adquirido en los inicios de los 80, bajo la intendencia de Coquet. Todo a pulmón se hicieron trabajos de relleno, levantamiento de terrenos a la altura de la vieja traza de la Ruta Nacional 168, hoy reconvertida en calle de acceso a los boliches.
El lugar tuvo su boom en la década del 90. Gentileza
“Primero se construyó el quincho, de lindas dimensiones 20 por 15 metros aproximadamente. Luego se pensó en el lago artificial. Entonces, se compró una bomba gigantesca y se hizo una estructura de caños subterráneos que tomaba el agua del Riacho Santa Fe y la depositaba mediante un chorro en el centro de la olla”, recordó Slobodianiuk.
En ese sentido, el entrevistado contó que el sistema contaba con filtros por lo que el agua salía más limpia y fría, lo cual hacía más interesante al balneario. “Hacia el sur se ideó una especie de desagüe hacia un terreno bajo, que eran en cavas naturales que luego después decantaba hacia el riacho”, agregó.
En 2002 se organizó una colonia de vacaciones.
—¿Por qué se la conocía como playa “Casa Rizzi”?, consultó El Litoral.
— Esteban Rizzi planteó la idea de tener una guardería naútica y se le ocurrió ese galpón, ubicado hacia el Este del predio. Pensó poner el cartel grande con letras verdes de neón “Casa Rizzi”, tenían como 2 metros de altura esas letras. Se veían desde el túnel, ya cuando pegaba la vuelta por la 168 viniendo de Paraná, ya se veía algo verde. Ese fue el origen, ese ícono que fue el cartel luminoso.
—¿Cuándo se puso de moda?
— En ese momento los socios que hicieron el predio iban con su familia, era como una especie de quinta, un ambiente muy fraternal entre los dueños de los comercios de artefactos del hogar, algunos que dejaron de existir por la llegada de las cadenas nacionales. Con el tiempo se creó la categoría “adherente” y ahí fue la explosión. Fue un boca a boca que dijo, "Mirá qué lindo que era este lugar”.
Creció tanto que llegamos a tener cerca de 2.000 grupos familiares. Mucha gente venía con su reposera, su heladora y nosotros teníamos a disposición para alquilarle tablones, sillas y los asadores, todo a precio simbólico. Había momentos en los que decíamos “Puede entrar, pero no sé dónde te vas a sentar, porque ya no hay sillones, ya no hay sillas, nada... y entraban lo mismo”.
Con el auto se hacía imposible encontrar lugar para estacionar. Logramos en aquel momento que el colectivo que iba a barrio El Pozo y al Walmart tuviera una dársena de estacionamiento frente al camping. Entonces, se metía un par de metros, paraba en paralelo la ruta y ahí la gente podía bajar.
Con las crecidas, el agua avanzaba en el sector del quincho. Gentileza
Maldito momento
Parafraseando a la banda de rock No Te Va a Gustar, el balneario se enfrentó a “ese maldito momento”. Según el testimonio de Slobodianiuk convergieron una serie de factores que hicieron que, de a poco, caiga la masa societaria y el lugar vaya perdiendo el brillo que supo tener.
“Hay un punto de inflexión que fue cuando Vialidad Nacional cerró el guardrial y el colectivo ya no pudo entrar al estacionamiento”, sostuvo el entrevistado y siguió: “Al tiempo, ocurrió un grave accidente en la Fuente de la Cordialidad y se cerró la rotonda, entonces muchos no sabían cómo llegar hasta el camping. Recuerdo que había que dar una vuelta hasta El Pozo”.
Las inundaciones perjudicaron la vida del camping. Gentileza
Slobodianiuk también enumeró como problema las crecientes del río que indefectiblemente golpeaban al predio. “Con una de las inundaciones grandes estuvo un año cerrado y costó muchísimo volver”, rememoró.
Fue así que la cantidad de socios empezó a caer, y se tornaba insostenible el mantenimiento. “No podíamos contratar un servicio de jardinería”, se lamentó el entrevistado al tiempo de recordar aquellos días de ocaso hasta que apareció la posibilidad de concesionar parte del predio.
Se practicaban todo tipo de deportes.
Cambio de época
“Aparecieron los muchachos del Grupo Kwam y tuvieron buenas experiencias con fiestas de Navidad y Año Nuevo”, reconoció Slobodianiuk.
Al tiempo, parte del predio fue concesionado para un emprendimiento nocturno que rápidamente capturó al público joven. “Complejo Minna” se transformó en el faro de la noche santafesina y un punto de referencia en varias temporadas estivales.
El complejo bailable en sus inicios.
Con una carpa situada sobre el muro del frente, el boliche veraniego supo tener temporadas más que exitosas y se sostuvo en el tiempo. En la nueva década, el complejo albergó las primeras fiestas de fin de año, congregando a miles de santafesinos en la olla, ahora ya sin agua y con un inmenso escenario.