Pensando en el bienestar integral de las delegaciones, la Villa Sudamericana de la ciudad de Santa Fe en el marco de los Juegos Suramericanos Santa Fe 2026 fue equipada con un gimnasio de alto rendimiento, salas de reuniones, áreas de recreación y un sector comercial con un drugstore, peluquería y centro de estética que ofrece servicios de depilación, manicuría, pedicuría y masajes relajantes.
Así funciona la Villa Suramericana de la ciudad de Santa Fe desde adentro
El complejo ofrece un servicio gastronómico continuo con menús especiales, espacios de relajación y una conexión directa hacia las sedes de competencia.

Pero una de las cuestiones más importantes a tener en cuenta para un deportista de alto rendimiento es la alimentación. Para ello también se instaló un gigantesco comedor principal, donde tres nutricionistas supervisan el funcionamiento y la preparación de las comidas. “Vamos rotando durante todo el día para estar presentes durante todo el servicio, junto con los cocineros y los camareros. Tratamos de que las preparaciones estén listas 15 minutos antes de que la gente ingrese a cada desayuno, almuerzo, merienda y cena”, cuenta Matías, uno de los profesionales a cargo.

“Una vez que está todo listo, que la gente empieza a consumir, comenzamos a trabajar en la reposición para que estén todos los grupos de alimentos y los atletas no tengan que esperar”, agrega.
El trabajo en el comedor comprende largas jornadas y distintos tipos de atenciones. El desayuno en la Villa comienza a las 5 de la mañana, para eso el personal de cocina ingresa dos horas antes para tener todo listo. Allí se desempeñan 10 personas, a las que se suman los camareros. Además el comedor cuenta con un stand de comidas exclusivas para celíacos, y otro para quienes no pueden consumir lactosa.

El comedor funciona hasta las 24, ofreciendo y garantizando cuatro momentos diarios esenciales: desayuno, almuerzo, merienda y cena, bajo una dinámica de buffet asistido. El menú está diseñado por un equipo interdisciplinario de nutricionistas municipales y de la empresa contratada, y varía a diario asegurando un óptimo balance de proteínas, cereales, frutas y fibras adaptado a la alta competencia.
Además los atletas pueden solicitar el lunch box, es decir, la posibilidad de llevarse su almuerzo ya que muchas veces deben almorzar en las instalaciones donde compiten: “Es un menú que está armado los 7 días de la semana. Se puede pedir desde la mañana hasta las 15 del día anterior para que nosotros lo podamos preparar a primera hora, para que los atletas se puedan llevar a sus lugares de competencias”, destaca Matías.

Las dinámicas de las competencias hacen que el almuerzo muchas veces sea afuera de la Villa, pero no así las cenas, momentos en los que el trabajo del comedor crece: “El momento en que más gente viene es a partir de las 19, cuando empieza el horario de cena, momentos en los que llegamos a tener un flujo de 900 personas. Los camareros son muchos y en cocina están trabajando todo el tiempo para ir reponiendo los alimentos, por eso no hemos tenido inconvenientes, pero es el horario que más gente pasa”, cuenta uno de los nutricionistas del complejo habitacional.
De la Villa a la cancha
Las distintas disciplinas de que se desarrollan en la Sede Santa Fe lógicamente también presentan diferentes escenarios para sus competencias: desde disciplinas acuáticas en la laguna Setúbal, los distintos deportes que se realizan en el polo deportivo del sur de la ciudad, hasta el tiro en Recreo o incluso el softball en la vecina ciudad de Paraná. Todos se alojan en la villa y por supuesto, necesitan llegar a sus competencias.

Para garantizar la movilidad a los diferentes escenarios, se puso a disposición una línea de colectivos exclusiva que conecta la Villa con los diferentes clústers deportivos cada 15 minutos. Estos colectivos permiten a las delegaciones desplazarse con fluidez tanto para competir y entrenar como para alentar a sus compatriotas.
Esta línea cuenta con experimentados choferes del transporte urbano de la ciudad. Uno de ellos es Maxi, jubilado de la línea 16, que decidió volver a tomar el volante para participar de este evento deportivo: “Es una situación muy agradable, muy linda, si bien es diferente porque no trabajas parando y arrancando en todas las esquinas, es muy satisfactorio porque conoces mucha gente. Se disfruta de la organización que tenemos, que es muy buena. La pasamos muy bien aunque lo tomamos con la responsabilidad que requiere porque es un trabajo igualmente”, reflexiona.

A Maxi le ha tocado trasladar a numerosas delegaciones, incluso al seleccionado masculino de hockey sobre césped de Argentina, aunque se lamenta no haber tenido la suerte de llevar a Las Leonas. “Toda gente muy cordial, muy amable, muy atenta”, resalta.
Los traslados a Paraná, donde se desarrolla el softball, están a cargo de la empresa que hace a diario la conexión interurbana. Uno de sus conductores, Fernando, valora la experiencia que está haciendo al formar parte de este evento: “Es muy lindo lo que estamos haciendo, encontramos gente que nos ha tratado muy bien, y nosotros también a ellos, obviamente. Me tocó llevar a deportistas de países como Bolivia, Colombia, Argentina, Perú. La gente es muy agradable, y se siente el clima de alegría en el colectivo a pesar de si el resultado deportivo es bueno o no”, cuenta Fernando. ”Por ahí te dan ganas de parar y ponerte a bailar”, bromea para cerrar.
De Santa Fe a todo el continente
La Villa Suramericana cuenta también en sus instalaciones con espacios donde la representantes de la subsecretaría de Turismo asesoran y ofrecen los productos típicos a los visitantes. “El alfajor santafesino, sin duda”, responde Antonela a la consulta sobre el producto que más se vende. “Se está vendiendo de todo, por suerte. Tenemos la remera con la imagen del faro, el vaso de café, el gorro”, agrega.
Las consultas también se repiten en torno al liso, y al modelo de vaso que ofrece el stand. “Nos preguntan mucho por el vaso de liso. Les contamos la historia, y dónde pueden ir a probar el liso, una vez finalicen sus respectivas competencias, por supuesto”, cuenta Antonela. “La gente se está llevando un pedacito de la ciudad a sus países”, cierra.








