Casi todos los santafesinos conocen a don Agustín Zapata Gollán o tienen alguna referencia, aunque sea mínima, sobre él. Es que este ilustre intelectual, que falleció un día como hoy, 11 de octubre, de 1986, hace 40 años, fue también un hombre de acción. A tal punto que le cabe el mérito de haber sacado a la luz los secretos encerrados en Santa Fe La Vieja.
Agustín Zapata Gollán, a 40 años de su muerte: la faceta artística del descubridor de Santa Fe la Vieja
En una entrevista publicada por El Litoral en enero de 1969, el intelectual santafesino contó cómo la literatura y los grandes ilustradores lo acercaron al grabado. También recordó la influencia de Sergio Sergi y el reconocimiento que recibió por su trabajo en muestras nacionales e internacionales.

Sin embargo (y por eso la referencia en esta sección), se dedicó también a las artes plásticas, en particular al grabado sobre madera, influido por el trabajo de Sergio Sergi. Las obras de Zapata están muy imbricadas con la identidad de la zona litoraleña, que estudió desde varios ángulos. En sus grabados está el paisaje y lo cotidiano, también lo religioso.

En busca del secreto interior
"Fue, en primacía, un artista. Le apasionó desde muy joven la potencialidad de la línea, del dibujo que atrapa formas y descubre otras, que construye escenarios reales y fantásticos", escribió Jorge Taverna Irigoyen al referirse a esa faceta de don Agustín, nacido el 23 de noviembre de 1895.
"Le fascinó entender ese dibujo como síntesis, pero también sintió que esa hondura, que esa fortaleza de la línea, comprometían su capacidad, su celo para darle vuelo al espacio. Así, hizo del dibujo una escritura cotidiana, una manera de visualizar el universo. Medio para penetrar en el secreto interior de cada criatura", agregó.

"Así, también, le dio alegría compartir con Ingres aquello de que el dibujo es la probidad del arte. Y se dejó atrapar por sus trazos y sus manchas. Se dejó conducir por la línea: como si ella fuera el definitivo hilo de Ariadna para hallar el camino. Se dejó seducir por la tinta y el papel en el encuentro de diálogos que lo transportaban de la mediatez", subrayó.
Recordar el vínculo con la técnica
Para ahondar sobre su vínculo con el grabado, es ilustrativa una entrevista que el propio Zapata Gollán le concedió a El Litoral (en cuyas páginas colaboraba frecuentemente con artículos científicos y literarios) en enero de 1969. El escenario: la "segunda casa" del descubridor de Santa Fe la Vieja, es decir el Departamento de Estudios Etnográficos y Coloniales.

Allí recibió al cronista, rodeado de papeles, documentos, viejos libros y mapas. De los tantos "sacos" que poseía (hombre estudioso, científico visionario, investigador) se colocó para la charla el de "artista innato" y "grabador intimista". Que lo llevó desde joven a recorrer xilografías, tintas y buriles.
"Pienso que llegué al grabado a través de la literatura: los grandes ilustradores de otrora, despertaron mi curiosidad primero y mi posterior admiración. De ahí, desembocar en el grabado, arte emanado de la imprenta por antonomasia, fue casi una derivación lógica para mí", explicó en la nota.

"Aunque muy joven comencé pintando algunos cartones, el grabado en madera constituyó siempre mi mejor medio de expresión", aseguró posteriormente. Repasó algunas tardes en la academia de D'Annunzio "copiando láminas y yesos con obediencia escolar", pero dijo que ese aprendizaje duró muy poco, ya que se "aburría tremendamente".
Aparece un maestro
De modo que el minucioso investigador científico llegó al grabado huérfano de toda orientación. "Sin embargo, a poco de andar encontré a un gran consejero y amigo. Una tarde, en 1928, aparecieron a buscarme Mateo Booz y Horacio Caillet-Bois. '¿No sabes que en Santa Fe hay un grabador?', me preguntaron. Era Sergio Sergi con quien iniciamos desde entonces una fructífera comunicación", evocó.

Sergi lo estimuló en sus primeros años y le prestó los buriles para que dejara atrás el cortaplumas que usaba. "Fue para mí la voz interior que, amistosamente, me invitaba a seguir, seguir adelante. Por él y junto con él, participé de la II Exhibición Internacional de Grabado de Chicago, en 1931. Constituimos la representación argentina", explicó.
En los años siguientes, 1935 y 1937, Agustín fue el único grabador argentino incluido en la muestra, siendo posteriormente seleccionado para la exposición circulante de cien grabados, que durante un año recorrió todos los museos de los Estados Unidos.

Decano de los grabadores
"Grabo siempre aunque expongo poco mi obra. Desde 1932, en que expuse en Nordiska, Buenos Aires, he realizado muy pocas individualidades. Si en total les digo que no suman más de media docena. En 1966, se presentó un conjunto de mis xilografías en Buenos Aires. Al año siguiente, reuní varios trabajos para el Museo Municipal de Santa Fe, con motivo del mes del grabado", explicó.
En 1968, poco antes de la entrevista, fue seleccionado no obstante como invitado de honor, junto con Pompeyo Audivert, Adolfo Bellocq, Víctor Rebuffo y Sergio Sergi, para la Primera Bienal Internacional de Grabado, organizada conjuntamente por Art Gallery y el Club de la Estampa de Buenos Aires.

Para Zapata Gollán el verdadero grabado, el más auténtico, es "aquel que se vale únicamente de los medios originales que contó desde sus albores alrededor de la imprenta". Sin dudar de las técnicas mixtas, consideró en la entrevista a las mismas una suerte de evasión de la realidad expresiva.
Al concluir la charla con el periodista de El Litoral, Zapata Gollán se mostró sorprendido por el título de "decano de los grabadores santafesinos" que llevaría finalmente la nota. Estrechó la mano de los interlocutores y los despidió. Quedó allí, en su segunda casa, rodeado de papeles y esos tacos xilográficos iluminados por la pasión con que había hecho del grabado su mejor medio de expresión.








