Aurelio Giménez Pastor nació en Montevideo en 1877 y murió en Ituzaingó, Buenos Aires, en 1910. Perteneció al grupo de dibujantes del primer decenio del siglo pasado, junto a José María Cao, Manuel Mayol y Mario Zavattaro. En un momento de fuerte expansión del humor gráfico rioplatense.
Hace 50 años El Rosa Galisteo abrió una "ventanita" a la Argentina de galera, bastón e inmigración
A través de 40 originales del ilustrador de Caras y Caretas Aurelio Giménez Pastor, la exposición incluyó escenas, personajes y tensiones de un país que estaba en plena transformación por las olas de inmigrantes europeos.

Arrancó como ilustrador en 1894, con apenas 17 años, en la revista Caras y Caretas de Montevideo, publicación que en esa época ya era popular y que sirvió de base para la edición porteña homónima, fundada dos años más tarde.
En 1896 decidió trasladarse a Buenos Aires, ciudad que por entonces concentraba la producción editorial y gráfica del Río de la Plata. Ese traslado fue el comienzo de la etapa más fecunda de su carrera.

"Caras y Caretas" y El Diario
Instalado en la capital argentina, Giménez continuó su colaboración con Caras y Caretas, ya una de las revistas más leídas del país, y sumó un trabajo regular en El Diario. Fue en ese medio donde desarrolló los dibujos a pluma y color que lo ubican entre los mejores ilustradores del momento.
Ese período coincidió con la llegada masiva de inmigración europea, la consolidación de una clase dirigente ligada al Régimen conservador y una vida social y política que ofrecía, semana a semana, abundante material para la caricatura.
La Vida Moderna
En 1907, Giménez dio un paso más allá del trabajo para terceros, cuando fundó y dirigió, junto a su hermano, el semanario La Vida Moderna. En sus páginas publicó las primeras historietas de origen norteamericano que circularon en el país, un material entonces novedoso en el mercado editorial argentino.

Las tiras publicadas en La Vida Moderna sirvieron de modelo directo para Viruta y Chicharrón, personajes que "Caras y Caretas" comenzó a editar en 1912, dos años después de la muerte de Giménez.
Su producción abarcó distintos géneros dentro del dibujo. Hizo caricaturas sociales, evocaciones históricas y cuadros de costumbres. Ecos de la coyuntura política y de la vida cotidiana de la sociedad argentina de comienzos del siglo XX.
La muestra en el Rosa Galisteo
El 9 de noviembre de 1976, El Litoral publicó la reseña de una exposición dedicada a su obra, firmada por Jorge Taverna Irigoyen. La muestra, montada en el Museo Rosa Galisteo de Rodríguez reunió 40 originales de Giménez.
Habían sido cedidas por el Museo de la Ciudad de Buenos Aires. Según la crónica, la exhibición tenía valor documental, porque los dibujos registraban figuras y episodios de la Argentina de comienzos del siglo XX.

Y tenía, a la vez, valor artístico, porque se trataba de los cartones previos a la impresión final, con las anotaciones a lápiz, las correcciones y los arreglos todavía visibles.
Detalles de la reseña
En su texto, Taverna Irigoyen se preguntaba por el fenómeno sociológico de Caras y Caretas. Describió a la publicación como una "tribuna popular" de tinta fresca, capaz de incluir información, humor, acento poético y fantasía.
El crítico también situó la muestra en una Argentina "de galera y bastón, de progreso material y de curiosidad europea", con las tensiones de la creciente inmigración. En ese contexto, afirmó, había "mucho material para el análisis, la crítica, el humor sano y directo".

Sobre el aspecto técnico de la obra, Taverna Irigoyen destacó el uso de tintas y témperas, a veces en estilos opuestos entre sí, y remarcó la "capacidad dibujística y la certeza de trazos" de Giménez por encima de los temas retratados.
Concluyó que ese lenguaje gráfico, aunque hubiera perdido parte de su vigencia hacia 1976, conservaba "incólume toda su encanto".








