En mayo de 1968, el Museo Municipal de Artes Visuales de Santa Fe presentó una muestra integrada por jóvenes pintores y escultores cordobeses, organizada con la colaboración del Museo Emilio A. Caraffa de Córdoba.
"Ni la última vanguardia ni los viejos ismos": la muestra cordobesa que llegó a Santa Fe en 1968
El crítico Jorge Taverna Irigoyen analizó, en las páginas de El Litoral, una exposición que reunió a artistas situados en un punto intermedio entre las tradiciones y las nuevas formas de experimentación visual. Los detalles.

La exposición reunió a una generación de artistas situada entre las vanguardias radicales y los lenguajes modernos legitimados, en un momento de convulsión, de intensos cambios culturales en Argentina.
En aquellos años, el debate alrededor de la experimentación artística atravesaba buena parte de la crítica argentina. Era la época del Di Tella y sus experiencias vanguardistas y asentadas en la provocación.

Como botón de muestra de todo esto, en una entrevista publicada por El Litoral en 1969, Ernesto Ramallo, crítico del diario La Prensa, se refería a las tensiones que comenzaban a aparecer dentro del campo artístico.
"Últimamente la situación se presenta confusa porque ciertos sectores han entronizado a la experimentación, con todos los riesgos inmediatos y futuros que ello supone", decía Ramallo.
"Siempre ha habido evolución en arte, pero la misma ha estado sustentada por gente seria que ha dado a las cosas su preciso valor, su oportunidad, su trascendencia, sin pretender imponerlas. No hay que olvidar nunca que antes es el hallazgo que la búsqueda, y que el arte exigirá siempre reposo y maduración", agregaba.

Dentro de ese escenario cultural, la muestra cordobesa fue analizada por Jorge Taverna Irigoyen en una columna publicada el 29 de mayo de 1968 en El Litoral, donde destacó el valor estético y conceptual de varias de las obras expuestas.
Para Taverna, el interés central residía en la posibilidad de observar "algunas de las expresiones más valederas de una generación intermedia de artistas cordobeses: ni la última vanguardia, ni los representantes de ismos transicionales".
Alfredo Garzón y Carlos Peiteado
La escultura ocupaba un lugar destacado dentro de la exposición. Taverna Irigoyen subrayó especialmente las obras de Alfredo Garzón y Carlos Peiteado, dos artistas que trabajaban el metal desde búsquedas formales diferentes.

Sobre Garzón, el crítico escribió que presentaba "una bien concebida serie de figuras en metal", donde la construcción de volúmenes livianos generaba recorridos visuales dinámicos y contrapuntos espaciales.
También destacaba el tratamiento de las superficies, atravesadas por texturas, soldaduras y reflejos dorados que aportaban intensidad expresiva a las piezas. La columna recordaba además que Garzón, nacido en Salta, había obtenido el primer premio de escultura en el XLIII Salón Anual de Santa Fe.
En el caso de Carlos Peitado, el texto señalaba que obras como "El grito" y la serie "Humanoides" mostraban una aproximación a la llamada "escultura lineal", vinculada al trabajo del escultor español Julio González.

Para el crítico, aquellas piezas abandonaban parte del peso volumétrico de sus trabajos anteriores para construir formas a partir de líneas y tensiones espaciales.
Neoexpresionismo, abstracción y búsquedas cromáticas
La exposición también reunía distintas experiencias pictóricas y técnicas mixtas. Entre los artistas destacados aparecía Eduardo Giusiano, definido por Taverna como "un neoexpresionista de imágenes fugaces", representado por tres óleos de fuerte impronta personal.
Antonio Monteiro exhibía sus característicos paisajes con puertas, aunque el crítico creía que esas obras habían perdido parte de la frescura inicial, debido a la reiteración del planteo formal.

María Amelia Luque, por su parte, presentaba abstracciones geometrizantes que la columna juzgaba limitadas en su resolución cromática.
Uno de los comentarios más elogiosos estuvo dedicado a Eduardo Abrile y sus jardines "de Oualata", realizados con témperas y tintas de colores. Allí aparecía una combinación de verdes, azules, rojos y amarillos que construían "una musical atmósfera entre engarzados grafismos lineales".
Expresionismo, crítica social y tensiones de época
Dentro de la diversidad de propuestas también aparecían las obras de Héctor Bianchi Domínguez, Dalmacio Rojas, Raúl Diego Cuquejo, Agustín Guggia y Carlos Leone.

Taverna observaba que Bianchi Domínguez atravesaba una etapa de transición expresiva, aunque destacaba especialmente su obra "Mesa tendida". Sobre Dalmacio Rojas señalaba una producción situada entre el expresionismo y el surrealismo, aunque cuestionaba aspectos técnicos de su realización.
En relación con Raúl Diego Cuquejo, el crítico consideraba que su intento de crítica social no alcanzaba resultados sólidos desde el punto de vista artístico.
Agustín Guggia presentó rostros de intensa deformación expresiva dentro de una paleta dominada por rojos y azules, mientras que Carlos Leone expuso composiciones cromáticas moduladas bajo el título "El silencio".

El uso artístico de materiales de desecho
El cierre de la columna estuvo dedicado a Manuel Reyna. Taverna destacó tres trabajos realizados con materiales de desecho dentro del formato tradicional del cuadro de caballete. Según escribió el crítico, esas obras alcanzaban "por su finura" un "admirativo trance de contemplación".
La observación permite advertir cómo ciertas experiencias ligadas al ensamblaje y a la incorporación de materiales no convencionales comenzaban a ocupar un lugar cada vez más visible dentro del arte argentino de finales de los 60.
La muestra de artistas cordobeses presentada en Santa Fe en mayo de 1968 quedó registrada como el testimonio de un momento en que el arte argentino intentaba redefinir sus lenguajes entre la tradición, la experimentación y las nuevas tensiones culturales.








