Fidel Roig Matóns nació en Girona a finales de mayo de 1885, estudió en la Academia de Bellas Artes de Barcelona y llegó a Mendoza en el año 1908, sin intención de permanecer mucho tiempo allí. Sin embargo, se quedó durante 70 años.
El "pintor de San Martín" que subió los Andes para hacer historia
El catalán Fidel Roig Matóns llegó a Mendoza en 1908 y convirtió la Cordillera de los Andes en el centro de una obra monumental: retrató el cruce sanmartiniano subiéndose él mismo a la montaña, hasta perder la vista.

Fundó instituciones culturales, acompañó como violinista al propio Arthur Rubinstein cuando el pianista estuvo en Buenos Aires, documentó la cultura huarpe de Guanacache y subió a la Cordillera de los Andes decenas de veces para pintar el cruce de San Martín. Hasta que la montaña le quitó la vista.
De Barcelona a los Andes
Roig Matóns cursó estudios en la Academia de Bellas Artes de Barcelona y egresó en 1907. Un año después desembarcó en Buenos Aires y luego se instaló en Mendoza, ciudad que lo retuvo. El paisaje andino, la luz de la precordillera, la cordialidad de sus habitantes, todo eso lo ancló.

Durante sus primeros años en la provincia se dedicó a la música (fue violinista de nivel, integrante del cuarteto Fontova y llegó a acompañar a Rubinstein) y a la enseñanza. Fue director del coro de Don Bosco, uno de los fundadores de la Sociedad Orquestal de Mendoza y profesor de dibujo en el Colegio Nacional Agustín Álvarez.
En su domicilio organizó la Academia Velázquez de música y pintura. Pero en 1925 algo cambió. Roig Matóns dejó la música en segundo plano y se entregó a la pintura. Tenía 40 años.
El alma huarpe
Antes de que la montaña lo absorbiera por completo, miró hacia el otro extremo del territorio mendocino. En 1931 realizó su primera expedición a Guanacache, la zona de lagunas del noreste provincial donde sobrevivía, cada vez más precariamente, la cultura huarpe.

Como señala el libro "Guanacache, Fidel Roig Matóns, pintor del desierto" (EDIUNC, 2019), "la pintura lagunera de Roig Matóns no es la simple búsqueda de expresiones de la naturaleza o la mera satisfacción estética, va más allá y quiere aprehender, dentro de la naturaleza interpretada, nuevos valores humanos".
"La suerte del hombre americano, arrinconado en aquellas soledades, abandonado de todos los beneficios de la civilización, le inspiró el deseo ferviente de captarlo artísticamente".
La EDIUNC reeditó ese libro en 2019 con nuevo diseño, imágenes mejoradas, versión en inglés y el catálogo completo de la obra. Una segunda vida editorial para un registro que, sin Roig Matóns, simplemente no existiría.

Pintar la historia donde ocurrió
A partir de los últimos años de la década de 1920, el músico devenido pintor encontró la empresa que marcaría el resto de su vida: retratar el cruce de los Andes por el Ejército Libertador del General José de San Martín.
Lo hizo subiendo él mismo a la cordillera, con mulas, campamento ambulante y varios colaboradores, siguiendo los mismos pasos que el Libertador había transitado en los primeros años del siglo XIX.
En una entrevista publicada en Revista Argentina en agosto de 1949, el periodista Sixto Vila Ruiz describió su epopeya. "La dura piedra inhóspita de nuestras montañas ha sido testigo de los afanes de este Quijote de nuestros tiempos”.

Impulsado, según Vila Ruiz, por "el irremediable propósito de captar el instante en que un concierto de formas y colores produce un milagro de suprema belleza".
El resultado fue una obra sanmartiniana de más de 200 piezas con composiciones de gran aliento: San Martín presenciando el paso de las tropas por el Espinacito; la conducción del Libertador en camilla hacia los baños de Cauquenes; el encuentro con Olazábal en la cumbre del Portillo.
Para reconstruir la fisonomía de San Martín, Roig Matóns estudió todos los antecedentes disponibles en Argentina, Chile y Perú, y eligió como referencia el daguerrotipo realizado en París en 1848, único testimonio gráfico que consideró confiable.

La ceguera
En 1952, Roig Matóns tuvo que detener su trabajo. Una afección ocular progresiva, consecuencia de años de exposición a la luz solar y la resolana de alta montaña, fue privándolo gradualmente de la visión. La serie sobre el Paso de Los Patos quedó inconclusa.
Es una de esas ironías que la historia del arte parece reservar para sus figuras más obstinadas, el instrumento que más necesitaba para su obra fue también lo que la naturaleza que tanto amó le fue quitando. Roig Matóns falleció en Mendoza en mayo de 1977. Tenía más de 90 años.
Reconocimiento póstumo
Hoy, sus obras más significativas se exhiben en la Pinacoteca Sanmartiniana "Fidel Roig Matóns", ubicada en el Honorable Concejo Deliberante de la Ciudad de Mendoza.

Ese mismo cuerpo legislativo le otorgó recientemente el título de "Ciudadano ilustre" a título póstumo, en una ceremonia en la que participaron su hijo Enrique Roig, su nieto Esteban Roig y su bisnieta Valeria Roig.








