Hay una pregunta que el arte occidental no dejó de formularse desde los mismos inicios de la cristiandad: ¿quién fue, exactamente, Jesús de Nazaret? No el Cristo que vive en el Nuevo Testamento, sino el hombre cuya imagen sigue dando que hablar cada vez que un artista decide acercarse.
Caravaggio, Dalí y Ferrari: las obras más polémicas inspiradas en Jesús
La llegada de la muestra "The Mystery Man" a Estados Unidos, reflejada por medios de todo el mundo, vuelve a poner en foco una larga tradición de obras inspiradas en Jesús que despertaron un debate cultural. Aquí proponemos un repaso por el abordaje de distintos artistas desafiaron la forma clásica de representar a Cristo.

Ahora, con la llegada de "The Mystery Man: El hombre de la Sábana Santa" a Estados Unidos, esa pregunta vuelve a instalarse en el debate cultural. La exposición que lleva ese nombre desembarcó en Miami el 21 de mayo y allí se quedará hasta el 15 de agosto.
El proyecto, desarrollado por el artista español Álvaro Blanco tras años de investigación, une historia, tecnología y arte para analizar la identidad del hombre retratado en el Sudario de Turín, un lienzo de lino que muestra la imagen frontal y dorsal de un hombre torturado y crucificado.
El recorrido se organiza en cinco salas temáticas pensadas para completarse en aproximadamente una hora. El punto de llegada es una escultura hiperrealista a tamaño real del cuerpo de quien pudo haber sido Jesús tras su muerte.

Esa figura está construida a partir de análisis anatómicos sobre el Santo Sudario, con las marcas de la flagelación y la crucifixión reproducidas con gran precisión.
La controversia que puede generar una exposición como "The Mystery Man" no es novedosa. La figura de Jesús lleva siglos como campo de batalla estético, político y teológico. Cada época que intentó representarlo con honestidad artística cosechó rechazo, censura o escándalo. A veces las tres cosas.
Un niño demasiado humano
Cuando John Everett Millais exhibió "Cristo en casa de sus padres" en 1850, la reacción del público victoriano fue negativa. El problema era de clase: Millais retrató a la Sagrada Familia como una familia obrera, con aserrín en el piso, manos encallecidas y el niño Jesús con el pelo rojo y una rodilla lastimada.

Por ejemplo Charles Dickens, de sensibilidad social legendaria pero con gusto estético burgués, rechazó enfáticamente la obra. Lo que ofendía no era la irreverencia religiosa sino el realismo, que lo sagrado pudiese parecer tan parecido a los habitantes de los barrios pobres de Londres.
El naturalismo como provocación
Antes que Millais, Caravaggio ya había hecho del naturalismo transgresión religiosa. "La incredulidad de santo Tomás" (1602) muestra al apóstol introduciendo el dedo en la llaga del costado de Cristo con una literalidad sorprendente. No hay ángeles, ni luz celestial, ni distancia épica. Solo cuatro hombres inclinados sobre una herida.
El tenebrismo de Caravaggio (el contraste entre luz y oscuridad que inspiró la fotografía de "El padrino") es una declaración filosófica: lo divino no está por encima de lo humano, sino dentro suyo, con su incomodidad y peso corporal. Una posición que el siglo XVII toleró con dificultad.

Herejía psicológica
El ruso Iván Kramskói eligió un camino diferente pero que igualmente dio tela para cortar dentro del publico y la crítica. En "Cristo en el desierto" (1872) se ve un hombre agotado, sentado sobre las piedras, mirando el suelo con una fijeza que da idea del peso de lo que está por decidir. La tentación no es exterior sino interior. Se asemeja a la duda.
Los sectores conservadores lo acusaron de irreverencia. Paradójicamente, León Tolstói consideró que era el mejor retrato de Cristo que había contemplado jamás.
La polémica que se volvió tesoro
Salvador Dalí encaró el mismo problema desde la dirección opuesta. El "Cristo de San Juan de la Cruz" (1951) muestra a un Jesús crucificado desde una perspectiva cenital, como si el espectador fuera Dios mirando desde arriba, sin heridas visibles, sin clavos, sin corona de espinas.

Cuando los Museos de Glasgow adquirieron la obra en 1952 la crítica especializada consideró casi unánimemente que era una inversión pésima. Hoy, ese cuadro es el tesoro más querido de la ciudad. El escándalo, una vez más, resultó ser una forma demorada de consagración.
Arte, política y censura
El caso de León Ferrari es el más explícitamente político de esta historia. En 1965, convocado por el Premio del Instituto Torcuato Di Tella, el artista argentino presentó una obra que unía un avión de guerra norteamericano FH 107 con un Cristo de santería. El título: "La civilización occidental y cristiana".
La pieza fue censurada antes de la apertura de la exposición. Las tres cajas restantes de Ferrari sí fueron exhibidas, pero generaron la indignación del crítico Ernesto Ramallo, escandalizado de que una institución "seria" expusiera lo que él llamó "libelos políticos".

Ferrari respondió en la revista Propósitos. Y su pregunta (¿en nombre de qué Cristo se bombardea?) seguiría siendo central en su obra durante las décadas siguientes.
Lo que une a Millais, Caravaggio, Kramskói, Dalí y Ferrari y lo que conecta su trabajo con una propuesta contemporánea como "The Mystery Man", es una misma apuesta: tratar la figura de Jesús con la seriedad de quien cree que la representación importa. Que elegir cómo mostrar un cuerpo, una herida, una expresión, tiene consecuencias culturales y políticas.








