El Museo Rosa Galisteo de Santa Fe conserva nueve retratos Manuel Mujica Láinez. Son obras en óleo, tinta y grafito, realizadas por Jorge Luis De la Vega, Antonio Berni, Leopoldo Presas, Luis Seoane, Luis De Figueroa, Bob Gésinus, Mariette Lydis, Marcos Tiglio y Héctor Basaldúa, y donadas al museo por el escritor en los 50.
Los nueve Mujica Láinez del Rosa Galisteo y la historia que un investigador descubrió detrás de ellos
El historiador y crítico de arte investigó los retratos que el escritor donó al museo santafesino en los 50. El ensayo resultante, ahora convertido en libro, muestra cómo esas obras, realizadas por artistas como Antonio Berni y Héctor Basaldúa, fueron parte de la construcción de la identidad pública del autor de "Bomarzo".

Esa colección fue el objeto de estudio del historiador y crítico de arte Juan Cruz Pedroni, cuyo proyecto "Figuraciones del crítico. Los retratos de la colección Mujica Láinez en el Museo Rosa Galisteo como dispositivos de memoria" fue premiado en 2019 dentro del Certamen Hugo Padeletti, que trabaja en el estímulo a la investigación en el campo de las artes.

La investigación derivó en un libro, "La galería infinita. Los retratos de Mujica Láinez en Santa Fe", presentado en la última Feria del Libro de la ciudad.
Pedroni dialogó con El Litoral sobre lo que esconde esa colección singular y por qué, entre todo lo que se puede decir sobre el autor de "Misteriosa Buenos Aires", eligió detenerse en sus retratos.

Una colección que rompe las reglas del género
Los nueve retratos llegaron al museo santafesino por decisión del propio escritor, que los donó en los años 50. Pedroni contó que la primera intuición de que ahí había un tema fue la repetición de lo mismo, de lo idéntico. "En un género como el retrato, asociado a la construcción de identidad", explicó.
"Una galería de retratos es un tópico de Occidente que tiene su propia historia, así como los museos tienen la suya", indicó. Se trata, dijo, de una invitación a recorrer rostros que deben ser recordados por alguna razón, que pertenecen a un panteón de notables de un pasado dorado que hay que mantener vivo.

"Si todos los rostros son de la misma persona, hay algo de ese artefacto cultural que no funciona, que entra en cortocircuito". Ahí, sostuvo Pedroni, hay una mueca de ironía. Mujica Láinez, que "pensó su vida como un museo", parece torcer deliberadamente las reglas del dispositivo.
El personaje que se construye a sí mismo
Para Pedroni, la clave de lectura pasa por entender la donación como una extensión de algo que el escritor practicó toda su vida, una performance de la identidad que excede largamente los libros.

"Son modos de poner en escena la identidad del escritor, que sabemos no es solo a través de los textos, sino de algo que podríamos llamar una performance en un sentido muy amplio, en el espacio público y mediático, interviniendo en instituciones que tienen como función administrar la memoria", indicó.
Esa especie de "autoconstrucción" del personaje encuentra en los retratos aludidos un capítulo poco abordado. Pedroni ubicó esa iniciativa del escritor en el cruce de dos tradiciones. La mirada hacia la gloria de los antepasados y la construcción de una genealogía. Y una subjetividad que emerge en la segunda mitad del siglo XX, cercana a una especie de dandismo.

Nueve artistas frente al mismo hombre
Coleccionar retratos de uno mismo hechos por distintos artistas es también, afirmó Pedroni, la voluntad de coleccionar estilos, armar un muestrario.
En el retrato de Marcos Tiglio, por ejemplo, hay una impronta vaporosa que dialoga con lo que la crítica de arte buscaba en su obra en ese momento. En el de Bob Gésinus, aparecen las pinceladas divididas y la contrastación de tonos que definían su estilo.

Distinto es el caso del boceto de Héctor Basaldúa, preparatorio de un retrato que integra la colección Fortabat. Ahí, según Pedroni, "claramente hay una larga conversación atrás". Un ejercicio calculado y administrado, resultado de una relación entre pintor y modelo.
Por qué el Museo Rosa Galisteo
Al ser consultado sobre los motivos de que la colección esté en el museo santafesino, Pedroni recordó que el Rosa es el primer museo del país cuyo edificio se construyó con el objetivo de alojar un museo de bellas artes. Eso "está presente en la identidad de la institución, en el relato, en la manera en que se cuenta a sí misma".

Esa vocación se une con un imaginario porteño de mediados del siglo XX de Santa Fe como ciudad letrada, con títulos de nobleza propios en el campo de la cultura. Y con una tradición institucional muy fuerte de homenaje a sus donantes. El propio museo, recordó Pedroni, "nació de una donación”.
Un retrato para empezar a mirar
Requerido sobre qué obra elegiría para introducir a un receptor ajeno al mundo del arte en esta historia, Pedroni se inclinó por el dibujo de Basaldúa, realizado mientras el artista preparaba el retrato pictórico que pertenece a la colección Fortabat.

La escena transcurre en el estudio que Basaldúa tenía como director de escenografía del Teatro Colón, y está sembrada de objetos de utilería que son como pistas. Entre ellos, un caduceo, atributo de Mercurio, que Pedroni vinculó con una ópera representada años antes, en la que un personaje encarnaba a ese dios.
"Cuando uno tiene ciertas informaciones mínimas puede ir pensando biografías, espacios, y después también gestos". En ese dibujo "Mujica Láinez aparece casi yéndose, poco instalado, con una confianza particular en la manera de entregarse a la mirada del otro", manifestó.

Esa lectura, hecha de indicios y de hipótesis que a veces se contrastan con fuentes y otras veces se sostienen en los saberes del espectador, es parte del trabajo de Pedroni. Que los nueve rostros de Mujica Lainez dejen de ser una curiosidad de museo y empiecen a enriquecerse con nuevas miradas.








