A fines de enero de 1975, el Museo Rosa Galisteo de Rodríguez presentó en su planta alta un montaje didáctico de obras de arte que se destacó por dos aspectos: su enfoque pedagógico y la amplitud de artistas convocados.

En enero de 1975, el espacio cultural presentó un montaje didáctico que intentó orientar al público en la comprensión del lenguaje plástico, priorizando la forma y la estructura de las obras por sobre escuelas, estilos y debates estéticos.

A fines de enero de 1975, el Museo Rosa Galisteo de Rodríguez presentó en su planta alta un montaje didáctico de obras de arte que se destacó por dos aspectos: su enfoque pedagógico y la amplitud de artistas convocados.
La propuesta, que fue reseñada por El Litoral en su edición del miércoles 29 de enero de ese año, tuvo como objetivo central orientar al público en la comprensión del lenguaje de las artes plásticas, sin recurrir para eso a clasificaciones rígidas ni a polémicas estéticas.

El criterio del montaje se apartó, deliberadamente, de la lógica de escuelas, tendencias o valoraciones jerárquicas, para centrarse en los aspectos formales y estructurales de las obras, considerados base de todo proceso cultural auténtico.
Según informa el artículo periodístico, el montaje respondió al propósito de "señalar a quienes la observan algunos puntos esenciales que atañen al lenguaje de las artes en general y de las artes plásticas en particular".

La muestra fue concebida como una herramienta de aproximación al hecho artístico, destinada tanto al público especializado como a los visitantes sin formación previa.
Por su carácter didáctico, fue despojada de toda intención polémica, evitando debates sobre corrientes estéticas o interpretaciones cerradas.

En cambio, se buscó que el espectador pudiera reconocer los mecanismos formales que operan en la obra de arte y que constituyen su estructura interna.
El montaje reunió obras de un conjunto representativo del arte argentino del siglo XX.

Entre los artistas se encontraban Emilio Pettoruti, figura de la modernidad y la renovación del lenguaje plástico; Juan Del Prete, pionero de la abstracción en el país y Raúl Soldi, referente de una figuración sensible.
También formaron parte de la muestra Miguel Victorica, Enrique Policastro, Medardo Pantoja, Antonio Scordia, Eugenio Daneri, Valentín Thibon de Libian, Miguel Diomede.

A los cuales se sumaron Mariano Pagés, Juan Cingolani, Raúl Russo, Ricardo Supisiche, Mario Mollari, Bop Sinclair, Laico Bou, Francisco Lacámera, Zulema Adaime, Sergio de Castro y Herrero Miranda, entre otros.
La selección permitió construir un panorama diverso de lenguajes, generaciones y búsquedas estéticas, ofreciendo de esa forma al visitante múltiples ejemplos de soluciones formales y expresivas.

El texto de El Litoral subraya que los aspectos formales y estructurales, utilizados con un sentido evolutivo y no académico, posibilitan el desarrollo de un lenguaje artístico capaz de expresar aquello que el hombre "desea y debe expresar", en relación con su contexto y sus motivaciones.
En ese marco, se reconocía que las obras pueden ser captadas sin una comprensión racional plena, pero se insistía en la existencia de principios, no fórmulas, que regulan las artes. El conocimiento de estos principios, lejos de limitar la experiencia estética, contribuye a fortalecerla.

El montaje didáctico realizado en el Museo Rosa Galisteo de Rodríguez en enero de 1975 puede considerarse un antecedente importante en las prácticas de mediación cultural en Santa Fe.
La propuesta colocó al espectador en el centro del recorrido, promoviendo una observación activa y una comprensión más profunda del lenguaje plástico.
