Del Japón milenario al cubismo: el ciclo cinematográfico del Rosa Galisteo en 1968
A través de 85 películas documentales y 21 funciones, el museo transformó su sala en una "clase abierta" sobre arte oriental, impresionismo y vanguardias europeas. El lanzamiento fue en febrero de ese año.
"Primavera y otoño" de Yokoyama Taikan. Foto: Tokyo Fuji Art Museum
El 18 de febrero de 1968 el Museo Provincial de Bellas Artes Rosa Galisteo de Rodríguez anunció un ciclo cinematográfico cultural de enorme interés: 85 películas, 21 funciones y un recorrido por el arte oriental, las artes visuales en Estados Unidos y la pintura moderna europea desde el impresionismo hasta las vanguardias del siglo XX.
Con el apoyo de las embajadas de Alemania, Estados Unidos, Francia, India y Japón, el programa ampliaba la experiencia iniciada el museo el año anterior (muy exitosa, según El Litoral) y colocaba al Rosa como uno de los principales polos de difusión artística del litoral argentino.
"La lotería" de Vincent Van Gogh. Foto: Van Gogh Museum
En una ciudad donde el acceso a los grandes museos del mundo era, en aquellas décadas, mucho más lejana que ahora, el cine se convertía en instrumento de estudio. Cada función era una suerte de "clase abierta" sobre historia del arte.
Tradición, síntesis y espiritualidad
El primer bloque diseñado por el plantel del Rosa estuvo dedicado al arte oriental. Documentales como "Arquitectura japonesa", "Templo sintoísta de Ise" o "Tesoros del Japón" permitían comprender una concepción del espacio donde arquitectura, naturaleza y espiritualidad forman una unidad.
"Casa en Provenza "de Cézanne. Foto: Indianapolis Museum of Art
La inclusión de un film sobre Taikan Yokoyama aparece como un rasgo significativo. Yokoyama fue un referente del nihonga, que defendió la pintura tradicional japonesa frente a la occidentalización. Sus paisajes, construidos con veladuras sutiles, proponían una alternativa, avanzar sin romper del todo con la tradición.
Las películas dedicadas a Khajuraho, Tanjore o los templos jainistas de la India ampliaban la mirada hacia una cultura visual donde el cuerpo humano es símbolo cósmico y la escultura narra mitologías milenarias.
"El espíritu de los muertos observa" de Gauguin. Foto: Colección Conger Goodyear
Fundamentos formales y expansión contemporánea
El segundo eje, "Panorama de las artes visuales en EE. UU.", abordaba cuestiones estructurales: línea, color, textura, composición. Películas como "Qué es la línea" o "Qué es el color" proponían una especie de "alfabetización visual".
La referencia a la "Pintura moderna en los Estados Unidos" introducía debates vinculados al expresionismo abstracto y a la expansión del muralismo contemporáneo.
"Payaso" de Bernard Buffet. Foto: Colección particular
La abstracción, el gran formato y la relación arte e industria configuraban una estética distinta de la tradición europea. Estas proyecciones brindaban ideas para pensar el lugar de la pintura dentro de una sociedad industrializada.
La ruptura moderna
El núcleo del ciclo fue"De Manet a nuestros días". Allí, el museo trazó una genealogía de la modernidad pictórica. El recorrido incluía a Paul Cézanne, que desarmó la perspectiva tradicional y abrió el camino a una pintura estructural.
"La Goulue entrando en el Moulin Rouge" de Henri Toulouse Lautrec. Foto: MoMA
Esa ruptura se radicalizó con Pablo Picasso y Georges Braque. El cubismo fragmentó el objeto y multiplicó los puntos de vista, cuestionando la ilusión renacentista. Picasso llevó esa experimentación a la pintura, la escultura, y la cerámica. Y Braque aportó rigurosidad constructiva.
El programa también incluía a Vincent van Gogh, cuya pincelada hizo de la emoción materia pictórica; a Henri Matisse, revolucionario del color plano y la síntesis decorativa; y a Wassily Kandinsky, pionero de la abstracción.
"Composición IX" de Wassily Kandinsky. Foto: Centro George Pompidou
El expresionismo alemán encontraba su representación en Max Beckmann, (de quien se habló hace poco en esta sección) cuyas figuras reflejan el trauma de la Primera Guerra Mundial, y el surrealismo en Max Ernst, explorador del subconsciente.
A su vez, Marc Chagall aportaba una poética donde memoria, religión y fantasía se entrelazan. Y la programación incluía a Rodin, Maillol y Bourdelle en escultura y referencias al arte africano como influencia decisiva en las vanguardias.
Archivo El Litoral
El documental sobre el "Museo de Albi", consagrado a Toulouse-Lautrec, completaba el mapa de una modernidad diversa y compleja.
Un mapa estético
Lo que el ciclo cinematográfico del Rosa Galisteo propuso en 1968 fue, en esencia, una cartografía de las distintas corrientes artísticas modernas. Impresionismo, post impresionismo, cubismo, fauvismo, expresionismo, surrealismo y abstracción desfilaron por la pantalla del museo con una coherencia pedagógica notable.