"Su luenga y barbada figura se recortó con fuerza en la puerta de la redacción". Así presentó El Litoral, en su edición del lunes 11 de agosto de 1975, a Rodolfo Medina, un artista plástico de 41 años que había llegado hasta el diario acompañado por el maestro Francisco Puccinelli.
"Un grito muerto": el artista Rodolfo Medina y su particular mirada sobre la pintura
Tenía 41 años cuando llegó por primera vez a Santa Fe acompañado por el maestro Francisco Puccinelli. Habló con El Litoral sobre su obra. Frente a la pintura de caballete, defendió al mural como expresión capaz de llegar a más personas.

Poco después, aquella primera impresión se afirmó a través de la conversación y de las imágenes de una obra que ya transitaba los terrenos del dibujo, la pintura y la escultura.

Medina llegaba por primera vez a Santa Fe y, con el respaldo de Puccinelli, una figura entonces muy influyente en el ambiente artístico local, evaluaba la posibilidad de realizar muestras en algunas galerías de la ciudad.
Una búsqueda a través del mural
Además de su actividad artística, Medina trabajaba en el ámbito ferroviario. Para entonces ya había desarrollado una particular propuesta en el terreno del mural, que El Litoral definió como la "conjunción" de la pintura y la escultura.

Medina realizaba sus murales en relieve y luego los policromaba. El proceso comenzaba con el modelado del boceto en barro, continuaba con el vaciado en yeso y finalizaba con la realización de la obra en cemento.
En 1975 ya había realizado murales en las estaciones de subterráneos de San Martín, Once y Almirante Brown, en Buenos Aires, además de una obra en Pinamar. Lo de la estación San Martín, luego serían tapados durante la dictadura militar de 1976.

Para Medina, el mural tenía una característica fundamental: permitía llegar a un público más amplio. "Un intento de llegar a mayor cantidad de gente", explicó durante aquella entrevista.
Frente a la pintura de caballete, a la que consideraba una suerte de "grito muerto", reivindicaba la posibilidad de intervenir espacios destinados a una circulación masiva.

La libertad, la pampa y el potro de Bragado
Su búsqueda artística, explicaba, podía resumirse en la figura del potro de Bragado, la localidad bonaerense donde había nacido en 1933. Según cuenta la leyenda, el animal, cercado por el hombre, prefirió hundirse en una laguna antes que renunciar a su libertad.
Esa idea atravesaba buena parte de su producción, la libertad, la pampa y la vida natural aparecían enfrentadas a la artificialidad de los grandes conglomerados urbanos.

En los años posteriores, Medina desarrolló una extensa trayectoria como dibujante, escultor y docente. Realizó murales y participó de exposiciones en salones, galerías y museos de Argentina y del exterior.
Su obra recibió numerosos reconocimientos, entre ellos el Segundo Premio de Dibujo en el Salón Nacional y el Primer Premio de Dibujo de la Fundación Memoria de América Latina, en San Pablo, en 2004. Falleció en 2017.








