A finales de 2025, en esta misma sección entrevistamos a la artista Nilda Marsili para repensar la figura de César Fernández Navarro, un pintor nacido en Bahía Blanca que eligió Santa Fe para realizar buena parte de su trayectoria artística y generar una de las obras más singulares de la plástica regional.
La mirada de César Fernández Navarro sobre el paisaje, otra perspectiva para revisar su obra
Una columna publicada por el diario el 6 de agosto de 1972, invita a volver sobre una faceta menos difundida del artista plástico. Y a revisar el lugar que el paisaje ocupa dentro del conjunto de su obra.

En aquella conversación, Marsili decía que el nombre de Fernández Navarro merecía mayor difusión. A su entender, el reconocimiento público no siempre estuvo a la altura de la calidad de su producción, sobre todo si se lo compara con otros grandes referentes de la pintura santafesina, como Ricardo Supisiche o César López Claro.
Coincidiendo con esa mirada, desde la sección de Arte nos detuvimos en distintas oportunidades sobre la producción del artista, especialmente en su vínculo con la figura humana. Sobre todo la mujer, que aparece de manera recurrente como eje compositivo y emocional de muchos de sus cuadros.

Hallazgo en el archivo
Sin embargo, una recorrida por los archivos históricos de El Litoral (que, de paso, contiene numerosas referencias a Fernández Navarro y evidencian la importancia que tuvo dentro del panorama cultural santafesino) permitió descubrir una faceta menos conocida de su trabajo.
Se trata de su condición de paisajista, un aspecto que hoy suele quedar en un segundo plano frente a la notoriedad alcanzada por sus composiciones más centradas en lo figurativo.
Una prueba de esto aparece en una columna publicada el domingo 6 de agosto de 1972, firmada por el crítico Jorge Taverna Irigoyen. Allí, el autor ofrece una lectura que ubica al paisaje como otro núcleo a tener en cuenta para entender la sensibilidad artística de Fernández Navarro.

Lejos de entender el paisaje como una mera reproducción de la naturaleza, Taverna sostiene que el artista buscaba tomar una atmósfera, una dimensión espiritual que trascendía la representación de ríos, islas o bañados.
Para el crítico, el pintor conseguía que el espectador ingresara en un "más allá" del paisaje, donde lo visible daba paso a una experiencia sensorial y emocional mucho más profunda.
El análisis también pone el foco en la evolución del creador. Según describe, los escenarios litoraleños que habían alimentado su pintura desde los comienzos fueron adquiriendo con el paso de los años una mayor densidad expresiva.

La síntesis formal, la reducción de elementos y una paleta progresivamente más difuminada permitían construir espacios de gran potencia poética, donde el silencio y la luz pasaban a ser protagonistas.
Sutileza, equilibrio y color
Todo eso se hizo visible en la exposición que Fernández Navarro presentó en la galería Finuart entre 1971 y 1972. Allí reunió quince obras que, para Taverna, marcaron un momento de madurez artística.
Pinturas como "Paisaje de Castilla", "Atardecer" o "Contraluz en la costa" eran destacadas por la sutileza de su tratamiento lumínico, el equilibrio entre materia y color y la manera en que la figura humana dejaba de ocupar el centro de la escena para integrarse armónicamente al protagonismo del paisaje.

La lectura de aquella reseña avala que Fernández Navarro fue algo más que un notable pintor de figuras. Su mirada sobre el paisaje, gestada desde la síntesis y la contemplación es un capítulo a tener en cuenta en la historia del arte santafesino.
Cómo señaló con lucidez Taverna Irigoyen, Fernández Navarro sintió al paisaje "de una manera muy particular y con las variaciones lógicas de todo artista ha sabido infundirle un claro y vigoroso acorde de valores".








