El 4 de agosto de 1970, la sala mayor del Museo Rosa Galisteo de Rodríguez, fue escenario para la inauguración de la muestra "10 artistas argentinos". La misma puede ser catalogada como un hito cultural de la ciudad, por la jerarquía de los participantes.
Chapa, bronce y aguafuertes: diez maestros del arte en la Santa Fe de 1970
A principios de agosto de 1970, el museo santafesino fue testigo de una diversidad de lenguajes que puso de manifiesto la madurez del arte argentino frente a las modas efímeras. Escultores como Aurelio Macchi y creadoras como Alda Armagni dejaron su impronta.

La exhibición sumó obras de los escultores Libero Badii, Aurelio Macchi, Antonio Pujía, Enrique Romano, Ferruccio Polacco y Carlos de la Mota; del dibujante Jorge Mario Ludueña, y de los grabadores Alda María Armagni, Reina Kochashian, que estuvo presente, y Norberto Onofrio.

Otro dato que sirve para medir la proyección de esta propuesta, es la presencia en el acto inaugural de los críticos de arte Vicente Caride, Romualdo Brughetti y Alejandro Bonome, este último también un afamado artista plástico.
También estuvieron presentes el entonces secretario técnico de la Dirección General de Cultura, José María Junges y quien era en ese momento director de la Escuela de Artes Visuales Juan Mantovani, el pintor César Fernández Navarro.

Verdaderos valores del arte nacional
Al inaugurar la muestra, el director interino del museo, Luis T. Sebille, destacó que la idea de la exposición era acercar al público santafesino investigaciones visuales desarrolladas con seriedad y respeto por artistas cuyo prestigio ya trascendía las fronteras del país.
Sebille sostuvo además que el arte suele anticiparse a su tiempo y advirtió que no toda producción plástica es auténtica. Cuestionó a quienes buscan imponerse con oportunismo y afirmó que los diez expositores representaban "verdaderos valores del arte nacional".

Escultores fecundos
Tres días después, el 7 de agosto de 1970, El Litoral publicó una extensa reseña con la firma de Jorge Taverna Irigoyen, dedicada a "10 artistas argentinos". Que hacía alusión al especial relieve de los expositores dentro del arte nacional.
"Dentro de la escultura geometrizante, Badii se caracteriza por su poder de síntesis y el uso de las texturas como elemento expresivo. Para comprender su obra podría caber aquello de que 'cuanto más cerrada es una forma, tanto más mundo se encierra en ella'", explicó el crítico.

"Las tres figuras de de la Mota tornan a confirmar su fecunda maestría para tratar la chapa. Son admirables, de un vitalismo potencial, los volúmenes con que estructura los cuerpos de sus figuras, casi 'reanimando la materia'", indicó después.
Sobre Aurelio Macchi, solo dijo: "ha enviado dos tallas en madera, de ritmo desigual, y una cabeza de bronce de muy ponderable concepción expresionista".

"Las obras de Polacco, siempre personales, continúan en el proceso de reflejar las tensiones de planos contrapuestos entre sí. Su abstracción lírica, casi de entonación concreta, desliza el goce de la luz sobre su superficie pulida, como acariciada artesanalmente", anotó en un párrafo posterior.
"Las obras de Antonio Pujía revelan su sólida formación escultórica. Sus formas desenvuelven una energía de líricas ascendencias, destacándose por la originalidad del enfoque el pequeño bronce 'Modelo con espejo'", afirmó acto seguido.

Finalmente, sobre Romano, subrayó que concurre "con tres ‘assemblages’ de chatarra cromada y soldada, a las que otorga un extraño 'trascendentalismo físico', para usar palabras del futurista Boccioni, que tanto innovara en el movimiento de la masa escultórica".
Dibujantes y grabadores
Al momento de aludir a los aguafuertes de Alda Armagni, Taverna sugirió que "abren un poético mundo a través de las caligrafías que construyen simbólicos encajes".

Luego, observó que Kochashian "brinda una lección acerca de la depuración de sus tintas cromáticas. Contrastes simultáneos y sucesivos, finísimamente alcanzados, dan a sus aguafuertes un incomparable goce visual".
En otro párrafo, apuntó que las monocopias de Norberto Onofrio "revelan la voluntad gráfica de un talento. Dramáticas estampas, a veces con acentos antiguos y de fino humor, son desplegadas por su firme intención neofigurativista".

Finalmente, dijo que "la capacidad lineal de Jorge Mario Ludueña revela estar cayendo en una reiteración literaria, de limitados pronunciamientos".
La presencia de figuras consagradas del arte argentino, el respaldo de algunos críticos influyentes del país y la repercusión que alcanzó en la prensa dan cuenta de una muestra que trascendió el calendario de 1970 para quedar en la historia cultural santafesina.








