"El acto de crear confiere sabiduría, si saber consiste en enriquecer las estructuras subjetivas… Pintar es conocer". Héctor Giuffré. "Hacia un realismo estructural".
Los "breves combates" de Héctor Giuffré, un maestro del realismo argentino
A 82 años de su nacimiento, la trayectoria del artista plástico fallecido en 2018 vuelve a poner en primer plano una obra rigurosa, marcada por el pensamiento, la historia y una manera única de entender el realismo.

Cuando tenía doce años, en una salida escolar por el barrio de La Boca, un chico de Buenos Aires se cruzó con Benito Quinquela Martín. El gran pintor boquense, cuyas obras se cotizan en miles de dólares.
El encuentro empujó a ese pequeño, que se llamaba Héctor Giuffré, hacia el taller de Mateo Mollo, en San Telmo, donde pasaría los siguientes seis años dibujando a diario.

Unas décadas más tarde Héctor, que había nacido el 5 de agosto de 1944, trabajaría la idea del Realismo Estructural. Este martes se cumple un nuevo aniversario de su nacimiento.
Valorar la disciplina
Giuffré no fue de los artistas que confían en la intuición. Su educación incluyó el óleo académico con Mollo, la tinta aguada con el maestro japonés Jiro Mizutani en los talleres libres de la Asociación Estímulo de Bellas Artes, y los cursos de la Escuela Ernesto de la Cárcova. A eso sumó estudios de Economía y Filosofía.
Empezó a exponer con regularidad en 1964. Entre 1968 y 1984 publicó siete manifiestos realistas, entre ellos "De la íntima estructura de lo real", "Manifiesto de los pintores libres" y "Hacia un realismo estructural", donde fue delineando una idea, que la pintura no describe la realidad, la piensa.

A partir de los años 70, Giuffré empezó a pintar a artistas, críticos y escritores de su entorno. Lo hizo con Ángel Bonomini, Raúl Santana, Rafael Squirru, Ignacio Pirovano. Pero no le interesaba el parecido físico.
La historiadora María José Herrera lo comparó alguna vez con un "Ingres criollo", capaz de dejar al descubierto, con una línea implacable, la ambición o la soberbia que anidaba en sus modelos.
Códigos ocultos
Diversos investigadores sostienen que esa concepción del retrato adquirió una dimensión política durante la última dictadura militar.

Uno de los casos más citados es el de Juliano Borobio Mathus, abogado defensor de presos políticos. Su retrato fue exhibido durante años bajo el título "Figura sentada" y recién recuperó el nombre de su protagonista con el retorno de la democracia.
En ese mismo cuadro, el periódico que sostiene el retratado exhibe palabras truncas ("...SMO", "RETORNO (...) OFRENDA DE PAZ") que, según los estudios sobre la obra, remiten al frustrado proyecto de pacificación impulsado tras el regreso de Juan Domingo Perón.
Entre 1975 y 1976 esa estrategia simbólica encontró una de sus expresiones más intensas en una serie de naturalezas muertas. Facones militares, animales sacrificados con las patas atadas y cajones apenas abiertos aparecen como elementos recurrentes.

La crítica especializada interpretó esos objetos como metáforas de la violencia política y del terrorismo de Estado en un contexto en el que la denuncia directa resultaba prácticamente imposible.
El crítico, la calavera y el busto de bronce
En 1977 pintó "El crítico de arte", un óleo de dos metros por dos metros que retrata a Rafael Squirru, fundador del Museo de Arte Moderno de Buenos Aires, sentado con autoridad señorial sobre un sillón de terciopelo. A un lado, una calavera; al otro, un busto del propio Squirru en actitud de prócer.
La investigadora Gabriela Naso leyó ese eje diagonal como la puesta en escena de una contradicción, la del intelectual dividido entre la vanidad de la inmortalidad académica y la necesidad prosaica de subsistir en el mercado del arte.

Lo que quedó después
En 1990 salió del lienzo para instalar dos monumentos públicos en Villa Elisa, Entre Ríos: uno a la Democracia y otro a los Inmigrantes, donado por la Embajada de Suiza. Poco después se radicó en Chicago, donde siguió pintando y dando clases hasta su muerte, el 26 de septiembre de 2018.
Giuffré sostenía que sus cuadros eran "breves combates que cuelgan de las paredes". Ocho décadas después de su nacimiento, esos combates que libró contra la censura, el olvido y la mera apariencia de las cosas siguen exigiendo, de quien los mira, la misma atención con la que fueron pintados.








