Entre Bartolomé Mitre y el Centenario: la Argentina que pintó De la Cárcova
Nacido en 1866, durante la presidencia de Mitre, Ernesto de la Cárcova vivió guerras, inmigración masiva y conflictos sociales. Su obra y su acción pública dialogaron con una Argentina que llegó al Centenario entre modernización y desigualdades.
Obras de Ernesto de la Cárcova. Foto: Secretaría de Cultura de la Nación
Ernesto de la Cárcova nació el 3 de marzo de 1866 en Buenos Aires, hace 160 años. Esa ciudad aún se estaba formando como capital. Además, el contexto estaba marcado por la Guerra de la Triple Alianza y por las tensiones entre el proyecto liberal de modernización y una sociedad profundamente desigual.
De la Cárcova fue el autor de una de las imágenes más potentes de la historia argentina, pero también fue un constructor de instituciones, un reformista urbano y un formador de generaciones.
Colección particular
Una Argentina que se estaba inventando
Cuando llegó al mundo, gobernaba Bartolomé Mitre y el país combatía en Paraguay. La Argentina de 1866 era un proyecto todavía muy frágil, era necesario darle fuerza al Estado, poblar el territorio y diseñar una identidad nacional.
En las décadas siguientes, se impulsó un modelo agroexportador. Llegaron millones de inmigrantes, se ampliaron los ferrocarriles y la riqueza se concentró en pocas manos. Buenos Aires se modernizó, pero también se llenó de conventillos y conflictos. Ese fue el mundo del pintor.
Museo Nacional de Bellas Artes
Turín, Roma, París
Como tantos jóvenes argentinos de fines del siglo XIX, Ernesto buscó legitimación en Europa. Estudió en París, Roma y en Turín. Allí absorbió el naturalismo italiano y el clima intelectual de la Italia post unitaria, donde el realismo comenzaba a adquirir tonos de crítica social.
En 1890, su pastel "Cabeza de viejo" fue adquirido por el rey Humberto I de Italia, algo que certificó su talento. Pero más importante aún fue el contacto con el debate europeo, que incluía simbolismo, verismo, modernidad finisecular.
Colección particular
Europa atravesaba una serie de tensiones sociales que, en algún punto, eran parecidas a las argentinas. Había industrialización acelerada, luchas obreras y una crisis de representación política.
El regreso a Buenos Aires
En 1893 regresó a una Buenos Aires distinta. La crisis de 1890 había terminado con el gobierno de Miguel Juárez Celman, pero también había debilitado el modelo oligárquico y abierto paso a una nueva etapa de conflictividad social.
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Las huelgas obreras, el anarquismo y el socialismo comenzaban a organizarse. La modernización mostraba su cara oscura, que era la terrible desigualdad.
En ese contexto completó "Sin pan y sin trabajo", la pintura que lo convertiría en emblema. La escena (un obrero desempleado, su mujer y la angustia del hambre) era el drama de una clase trabajadora excluida de la repartición del progreso.
Museo Nacional de Bellas Artes
La obra fue adquirida en 1906 por Eduardo Schiaffino para el Museo Nacional de Bellas Artes. Desde entonces, la pintura no dejó de resignificarse como símbolo del realismo social, ícono de la protesta, imagen reproducida en contextos de crisis.
El artista que pensó la ciudad
Pero reducir a De la Cárcova a una sola obra sería un error. Fue concejal en Buenos Aires entre 1901 y 1906 y promovió ordenanzas vinculadas al embellecimiento urbano y la educación estética. Creía, como muchos intelectuales de su generación, que la ciudad era una herramienta pedagógica.
Museo Nacional de Bellas Artes
En plena expansión edilicia, impulsó premios a fachadas, regulaciones cromáticas y la adquisición de esculturas para el espacio público. La estética, para él, era civilización.
El maestro y sus discípulos
Si su obra pictórica fue intensa pero relativamente acotada, su influencia como formador fue enorme. Fundó y dirigió la Escuela Superior de Bellas Artes que hoy lleva su nombre y participó activamente en la Academia Nacional de Bellas Artes.
Museo Nacional de Bellas Artes
Entre sus discípulos se cuentan figuras de la plástica argentina. Cesáreo Bernaldo de Quirós, autor de la serie "Los gauchos". Carlos Miguel Victorica, referente de la modernidad porteña. Y Carlos Ripamonte, ligado a escenas costumbristas.
Cada uno de ellos tomó rumbos distintos, pero compartieron una matriz común, la idea de que el arte argentino debía dialogar con su tiempo y con su territorio.
Museo Nacional de Bellas Artes
Centenario, modernidad y contradicciones
En 1910, la Argentina celebró el Centenario con fastuosas exposiciones. El país era presentado como "granero del mundo". Sin embargo, ese mismo año se reprimían huelgas obreras.
De la Cárcova recibió la medalla de oro en la Exposición del Centenario. También obtuvo el Premio de Honor en Saint Louis (1904) y distinciones en París.
Museo di Palazzo Reale
La paradoja es evidente: el artista que pintó el hambre fue celebrado por el Estado que representaba el orden conservador. Pero esa tensión define su figura, la del "dandy socialista", como lo llamó Rubén Darío.
1927, el final de una generación
Murió el 28 de diciembre de 1927. El mundo ya había atravesado la Primera Guerra Mundial, el mapa político europeo se había transformado y la Argentina ingresaba en la década que desembocaría en el golpe de 1930.