Alberto Cedrón: el que eligió el "pincel" en una familia de artistas
Entre el cine de Jorge y el tango del "Tata", Alberto encontró su propia vocación dibujando paredes de su casa a los 6 años. La historia del hombre que le puso “imagen” a un apellido que es igual a arte.
"Sin título", obra de Cedrón del año 2003. Foto: Arte de la Argentina
"Por diversas circunstancias del destino me tocó andar por muchos lugares de este planeta, siempre con mi profesión, oficio o como quieran llamarle. Empecé dibujando en las paredes de la cocina de mi casa a los seis años, desde allí no paré nunca. Dibujé sobre paredes, papel, piedra, latón, arcilla, chatarra; en fin materiales diversos, soportes diversos y también momentos históricos diversos".
El calendario marca que el primer día de marzo se cumplen 19 años de la muerte de Alberto Cedrón. Miembro de una dinastía de creadores (hermano del músico "Tata" Cedrón y del cineasta Jorge), transitó diversos lenguajes, desde la pintura de caballete hasta el muralismo de gran escala.
Su muerte, ocurrida en Buenos Aires a principios de marzo de 2007, cerró un capítulo de lo que podría denominarse neofiguración argentina, pero dejó abierta una obra que hoy se encuentra distribuida en colecciones privadas, museos y espacios públicos de Europa y América Latina.
Arte de la Argentina
La mirada de Berni
Nacido en 1937, Cedrón irrumpió en la escena artística de los años 60. Su estilo se alejó rápidamente de las abstracciones de moda para proponer una figura humana cargada de expresividad y crítica social.
Fue Antonio Berni quien, tempranamente, reconoció su talento al adquirir varias de sus piezas, validando a un joven artista que ya demostraba una técnica depurada y una visión del mundo emparentada con el realismo social.
A lo largo de su carrera, Alberto Cedrón llevó su interés por la materia a la experimentación. Trabajó en la escultura, con metales como el hierro y el aluminio. En la cerámica y en el muralismo, entendiendo el arte como herramienta de comunicación pública.
Gentileza FADLA
El exilio y los horizontes
Como tantos otros intelectuales de su generación, la dictadura militar lo forzó al exilio en 1976. Este proceso, aunque doloroso, internacionalizó su producción. Residió en Brasil, Italia, Francia y, con especial énfasis, en Portugal.
En la Isla de Madeira, Cedrón realizó algunos de sus trabajos más ambiciosos. Sus murales sobre la historia lusa son considerados parte del patrimonio regional.
Esta etapa europea también acentuó su vínculo con la literatura, colaborando con editoriales de prestigio como Libros del Zorro Rojo, donde ilustró obras de autores como Eça de Queirós, aportando una dimensión visual.
Gentileza Art Soul
El retorno y el espacio público
Al regresar a la Argentina, se instaló en el barrio de San Telmo y continuó produciendo con la misma urgencia de sus inicios. Una de sus obras más accesibles para el público es el mural escultórico de la plaza Roberto Arlt, en el centro porteño.
Además, su impronta quedó para la posteridad en la identidad del Cuarteto Cedrón. Las portadas de los discos de la agrupación liderada por su hermano contaron con sus dibujos, creando una estética unificada donde el tango de vanguardia y la plástica neofigurativa se potencian mutuamente.
Neia Cunegatto, en un artículo publicado en 2013 en Página 12, recuerda la admiración que le tenía Julio Cortázar. "Sus valores, que son grandes, contienen y recrean los valores del amor y la fidelidad a lo argentino, esos valores que un día nos devolverán a lo nuestro para siempre", dijo el escritor.
Archivo El Litoral
¿Por qué recordarlo?
A casi dos décadas de su desaparición física, la obra de Alberto Cedrón mantiene su valor crítico y comercial. Instituciones como el MNBA Neuquén y diversas fundaciones culturales en Portugal custodian parte de su patrimonio.
Para el coleccionismo actual, sus piezas representan un testimonio de una época de gran efervescencia política y cultural en América del Sur.