Para mensurar el prestigio que adquirió en vida el español Joaquín Sorolla y Bastida (nacido un 27 de febrero de 1863) hay que situarse en Santa Fe el domingo 12 de agosto de 1923. En su edición de ese día, el diario Santa Fe mencionó en su página 4 la muerte del afamado pintor.
La luz que cruzó el océano: las obras de Sorolla en el Museo Nacional de Bellas Artes
El conjunto que conserva el espacio cultural porteño sirve para recorrer la evolución del valenciano, figura del impresionismo de España. Y comprender su proyección internacional y su temprana recepción en la Argentina.

Parece un dato menor. Pero en aquellos años, con espacios limitados y comunicaciones todavía precarias, el diario apenas incluía las noticias más relevantes de cada país. Las referencias a artistas eran excepcionales.

Que esa muerte haya sido noticia en la capital santafesina habla de una figura que ya entonces trascendía el mundo del arte. Un siglo después, ese prestigio se confirma en el conjunto de obras que conserva el Museo Nacional de Bellas Artes.
Sorolla y la Belle Époque española
Para Miguel Calvo Santos, "el impresionismo español tuvo en Sorolla a su figura más influyente. Pero el artista fue también el más importante (y exitoso) de la Belle Epoque española. Después de Goya no habría otro pintor tan talentoso hasta bien entrado el siglo XX".

La comparación con Goya no es antojadiza. Sorolla logró combinar tradición y modernidad en una pintura atravesada por la luz y por una mirada profundamente humana.
Violeta Granés aporta otro dato. "Como todos los pintores de su época, tuvo que empezar su trayectoria con el género histórico de rigor. Afortunadamente, a principios de siglo Sorolla ya ha consolidado su fama a nivel mundial, la cual le permite volcarse de lleno en su auténtico motivo de inspiración: lo vital, que para él se traduce en el mar, la gente y la luz".

Ese giro es visible en el acervo del Bellas Artes. Las obras que integran la colección permiten seguir su evolución. Del aprendizaje académico a la explosión luminosa que lo convirtió en referente del impresionismo español.
Escenas costumbristas
Uno de los trabajos destacados es "En la costa de Valencia". La escena muestra a pescadores que regresan de la faena y a un niño que juega en la playa. No es una postal pintoresca, sino una síntesis de vida cotidiana y paisaje.

La luz mediterránea modela los cuerpos, define los volúmenes y marca el pulso de la escena. Allí se percibe el paso de una pintura más académica a otra basada en la observación directa y el trabajo al aire libre.
Diversidad temática y técnica
El conjunto del museo no se agota en las marinas, también incluye retratos y escenas de fuerte carácter humano. En "Lobo de mar", por ejemplo, Sorolla crea un personaje popular con una sobriedad que remite a la tradición española.

En otras piezas como "La vuelta de la pesca", "Nube de verano", "La oración", "Paisaje con figura" o "Retrato de José Prudencio de Guerrico", se advierte su versatilidad, ya que domina el óleo y la acuarela, el retrato y la escena costumbrista, el estudio psicológico y la captación atmosférica.
El resultado es un panorama amplio que permite entender su talento técnico y su capacidad para capturar identidades regionales y climas sociales. Casi como un cronista.

Técnica, modernidad y mercado
El conjunto del Bellas Artes ayuda a leer a Sorolla como un artista moderno en un sentido amplio. Por su pincelada suelta, su tratamiento de la luz y por su inserción en el circuito internacional.
Fue un pintor exitoso, solicitado por la alta sociedad y reconocido en Europa y Estados Unidos. Supo responder a encargos sin perder su identidad estética. En las obras conservadas en Buenos Aires se percibe esa combinación de virtuosismo y comprensión del público.

Mirar el costado humano
En la mirada de Sylvia Roig, "Sorolla es asociado con las marinas mediterráneas o con magníficos retratos. Pero en algunas de sus obras pone el foco en la vida cotidiana y las tragedias de las clases más humildes y los desheredados".
Esa observación permite leer con más profundidad el conjunto del Bellas Artes. Incluso en sus escenas más luminosas hay conciencia del trabajo, del esfuerzo y de la condición humana.

Tal vez por eso su muerte mereció un espacio en la prensa santafesina en el año 1923. Y tal vez por eso hoy, en pleno siglo XXI, Joaquín Sorolla sigue siendo parte de la conversación cultural.








