La marginación, la crueldad, el dolor y el hastío atraviesan la obra de Víctor Rebuffo, grabador nacido en Italia y radicado desde muy joven en la Argentina, donde murió en 1983.
Víctor Rebuffo en Santa Fe: dos visitas y una mirada sobre los hombres, la ciudad y la desigualdad
El reconocido grabador argentino pasó por la ciudad en 1964 y en 1970. Una conferencia en el Museo Rosa Galisteo y una retrospectiva en el Museo Municipal de Artes Visuales permiten reconstruir su vínculo con Santa Fe y acercarse a una obra vinculada con las luchas obreras, las vidas humildes y los cambios en la vida urbana del siglo pasado.

Sus piezas rebosan de un realismo social que lo vincula con Antonio Berni y Lino Enea Spilimbergo. En el Museo Nacional de Bellas Artes se conservan más de dos mil grabados sobre madera de Rebuffo. Silvia Dolinko, en un texto publicado en el portal de la institución, señala que el artista "desplegó un particular imaginario sobre los derroteros y escenarios del hombre contemporáneo".
"En sus imágenes, la ciudad resulta un motivo recurrente, con vistas de la calle en cuanto ámbito de las luchas obreras o de las penurias de los trabajadores, a la vez que como escenario conformador de la sensibilidad contemporánea, de los intercambios sociales y del devenir existencial de los sujetos", agrega.

Esa mirada le valió numerosas distinciones, entre ellas la Medalla de Bronce en la Exposición Internacional de Bruselas de 1954 y el Premio Konex en 1982. También cultivó la ilustración de obras literarias como "Don Segundo Sombra", "Nuestra gente y su tierra en el Martín Fierro", "Los gauchos judíos" y "Contraluz".
El hombre y la ciudad
Pero en este espacio nos interesa especialmente otro aspecto de Rebuffo, nos referimos a su vínculo con Santa Fe.
Una búsqueda en los archivos de El Litoral permite rastrear al menos dos pasos por la ciudad. El primero fue una muestra retrospectiva realizada en agosto de 1970 en el Museo Municipal de Artes Visuales, que reunió 35 años de trabajo, desde 1933 hasta 1968. El segundo, una disertación ofrecida en julio de 1964 en el Museo Rosa Galisteo de Rodríguez.

Comenzaremos por aquella exposición de 1970 porque hoy, 25 de agosto, se cumplen 56 años de la publicación de la reseña que le dedicó Jorge Taverna Irigoyen en El Litoral. Allí, el crítico definió a Rebuffo como uno de los "propulsores de más auténtica resonancia" dentro del grabado argentino.
Para Taverna, Rebuffo era un verdadero maestro grabador. "Como Víctor Delhez, Sergio Sergi o Facio Hebecquer, el nombre de Rebuffo significa también una línea dentro del difícil arte de la incisión, línea que entiende al grabado directamente emparentado con la imprenta, con el libro, otorgándole a través de su vida inicial de ‘ilustración’ ritmos de creciente belleza".
"La exposición, según el crítico, permitía comprobar la coherencia de una trayectoria construida a través de un trabajo "consecuente y siempre depurado". "Si bien todo lo expuesto es grabado en madera, sus xilografías van descubriendo nuevos ritmos lineales, otros ‘contrapuntos’ de grises, a medida que se van sucediendo sus períodos", escribió.

Taverna también destacó "el equilibrado balance de los grises” y ese difícil “punto” de limpieza de atmósfera necesario para quien cultiva la figuración dentro del grabado. Toda la muestra, sostuvo, estaba atravesada por ese acorde de dignidad, sin perder “esa humildad artesanal que hace alto y claro al grabado, poderoso y significativo".
Para el crítico, esa era también la lección que Rebuffo transmitía desde la enseñanza y que había llevado a sus participaciones en las bienales de San Pablo, México, Tokio, Leipzig, Cracovia, Vancouver, Bruselas y Suiza, en representación del grabado argentino.
La tierra como materia del arte
Algunos años antes de aquella retrospectiva, Rebuffo ya había visitado Santa Fe. En julio de 1964 ofreció una conferencia en el Museo Rosa Galisteo de Rodríguez, presentado por el docente, coleccionista y mecenas de las artes Luis León de los Santos, quien por entonces ya estaba radicado en la ciudad.

"La tierra, su influencia y proyección expresiva en el grabado" fue el tema elegido para aquella exposición. Luego de agradecer la presencia del público, Rebuffo repasó una trayectoria que por entonces llevaba más de cuatro décadas, iniciada cuando apenas comenzaban a perfilarse los nombres propios del grabado argentino.
"Intérprete de las inquietudes y el sentir de una época, esta labor se desenvolvió estimulada por un profundo amor a las cosas de la tierra, el destino de las vidas humildes y la lucha del hombre sometido a los rigores y a las injusticias del medio social", expresó.
En su mirada también hubo lugar para las transformaciones de la plástica. Rebuffo destacó que los nuevos enfoques artísticos y el contacto con David Alfaro Siqueiros, representante de la plástica mexicana, habían influido en la construcción de un nuevo equilibrio intelectual y en la formación de las generaciones posteriores.

"Dentro de ese clima se ha elaborado el material de mi obra. Su trayectoria ha sufrido las consecuencias de los nuevos aportes formales pero su contenido humano se mantiene fiel a las primitivas expresiones", sostuvo.
"No es aventurado afirmar que los rasgos fundamentales y los caracteres etnológicos de una comunidad constituyen factores ponderables que se reflejan y reconocen con mayor o menor intensidad en la obra de arte en todas sus manifestaciones: música, literatura, plástica y los diversos aspectos de la alfarería y la artesanía popular", afirmó.
Para Rebuffo, esa influencia podía reconocerse desde las formas más primitivas de la expresión artística hasta los lenguajes plásticos más elaborados. Y encontraba en el grabado, especialmente en la xilografía, un territorio privilegiado.

"Este encuentro de lo auténtico y lo telúrico en la obra de arte adquiere especial significación en la práctica del grabado, sobre todo en la xilografía, íntimamente arraigada a la vida del hombre y hermanada a su civilización y cultura", dijo.
La técnica tenía, para él, una potencia particular: la posibilidad de multiplicar las copias, su sencillez y su sistema directo de impresión se combinaban con una gran capacidad expresiva. Todo ello permitía, según sus palabras, expresar "con mayor austeridad y dramatismo, el pulso y la angustia del mundo, la pasión del hombre y la poesía del paisaje".








