Algunos pintores trabajan a contramano del ruido, del mercado y de las modas. Que están convencidos de que el arte es, ante todo, una forma de pensamiento.

Figura de la llamada Generación del 28, su obra y su ética pictórica fueron un punto de inflexión en la pintura chilena de la primera mitad del siglo XX. Detalles de su vida y obra.

Algunos pintores trabajan a contramano del ruido, del mercado y de las modas. Que están convencidos de que el arte es, ante todo, una forma de pensamiento.
A 133 años del nacimiento de Augusto Eguiluz, ocurrido el 7 de enero de 1893 en Santiago de Chile, su figura sigue siendo una de las más influyentes de la pintura chilena del siglo XX.

Eguiluz, fallecido en 1969, fue el constructor riguroso de una ética, un maestro y un artista obsesionado con los problemas esenciales: la forma, la luz y el color.
Miembro de la Generación del 28 y uno de los principales discípulos del Grupo Montparnasse, Eguiluz consagró su vida a una búsqueda pictórica austera, alejada del sentimentalismo y de cualquier tentación decorativa.

No fue capricho que muchos lo llamaran el "Cézanne chileno". Su admiración por el francés se tradujo en una concepción del arte basada en la solidez, el equilibrio de la composición y una mirada analítica.
Entre 1911 y 1913, Eguiluz realizó cursos libres de pintura en Inglaterra, en la Academia Real de Londres. De regreso en Chile, alternó estudios de comercio con su formación artística como alumno del pintor Arturo Gordon, hasta decidir su ingreso definitivo a la Escuela de Bellas Artes.

Su admiración por la pintura impresionista francesa lo llevó a integrarse al Grupo Montparnasse, liderado por Luis Vargas Rosas, núcleo del movimiento de renovación del arte chileno en las primeras décadas del siglo XX.
En 1928, tras el cierre de la Escuela de Bellas Artes, fue incluido en la nómina de alumnos y profesores becados para estudiar en Europa. Ese grupo sería conocido más tarde como la Generación del Veintiocho.

En París, Eguiluz profundizó sus estudios de pintura y se especializó en la técnica del vitral en la Academia Grand Chaumière, ampliando su dominio técnico y conceptual.
A su regreso a Chile, Augusto Eguiluz inició una extensa y decisiva labor docente. Primero como profesor ayudante en la Cátedra de Dibujo de la Escuela de Bellas Artes y luego como titular de la Cátedra de Pintura.

Su vocación por la enseñanza se extendió hasta el final de su carrera. Entre los artistas que se formaron bajo su guía se encuentran Ximena Cristi y Sergio Montecino, quien dejó algunas de las reflexiones más lúcidas sobre su obra.
Según EcuRed, "su producción estuvo constituida por temas populares, religiosos, figura humana, paisajes y naturalezas muertas".

Obras como "Autorretrato" revelan con claridad la influencia cezanniana, mientras que sus naturalezas muertas son consideradas entre las piezas más bellas y sobrias de este género realizadas en Chile durante el siglo XX.
Aunque su obra muestra un avance hacia el cubismo, mantuvo siempre un apego al arte figurativo. Incluso llegó a criticar a los artistas abstractos, a quienes acusó de abusar de las texturas y del color, en detrimento de la estructura.

El pensamiento pictórico de Eguiluz encuentra una de sus formulaciones más precisas en las palabras de Sergio Montecino.
"Sus pinturas no son consecuencias de la casualidad, el azar o lo contingente, son resultado de una voluntad, de una acción que se ven impulsadas para una solución estética por un raciocinio consciente y adecuado para una interpretación de la realidad", sostiene.

"Se puede afirmar que este artista es un pragmático que no admite que su labor pictórica sea obra de la especulación. Ello es visible en toda su trayectoria", finaliza.