Ciclo de entrevistas de El Litoral y Santa Fe Arte
Sor Josefa: la pintora santafesina que sorprendió a Sarmiento
A los 17 años recibió la visita del presidente y una década después llevó su obra a la Exposición Universal de Filadelfia. Priscila Sandoval repasa cómo la investigación académica está reparando décadas de olvido.
Un momento de la entrevista con Sandoval. Foto: Guillermo Di Salvatore
Con el objetivo de difundir el trabajo de artistas plásticos santafesinos de distintas épocas,Diario El Litoral y Santa Fe Arte iniciaron un ciclo de entrevistas con especialistas. ¿La premisa? Tender puentes entre las generaciones actuales y las figuras que marcaron la pintura de la provincia.
"La Josefa" es el espacio elegido para la charla con Priscila Sandoval, quien coordina las actividades que allí se realizan. No podría ser más pertinente: en esa esquina donde confluyen las calles San Luis y La Rioja nació, hace poco más de un siglo y medio, la artista que articula todo el diálogo.
Creadora que vivió en una Santa Fe que era más periférica que la actual en relación a Buenos Aires. Y que aun así desafió el mandato de su tiempo para convertirse en una de las primeras pintoras argentinas con reconocimiento nacional.
Guillermo Di Salvatore
"Muchas de las cosas que voy a contar -advierte Priscila apenas empieza- provienen de las investigaciones de Georgina Gluzman, Magdalena Candioti y Teresa Suárez. A ellas les debemos buena parte de lo que hoy sabemos sobre Josefa".
Ese reconocimiento académico anticipa la densidad del personaje: la obra de Josefa Díaz y Clucellas ("Pepa" para los que la recuerdan con el afecto que merece) reclama memoria, contexto y una lectura situada en la Santa Fe que la moldeó.
La doble exclusión
En el siglo XIX, nacer mujer y no ser de Buenos Aires implicaba una doble invisibilidad. "La historia del arte oficial se escribió desde la capital. Las mujeres, y más aún las del interior, quedaron siempre en los márgenes", indicó Sandoval.
Guillermo Di Salvatore
Pero Josefa rompió el cerco. Hija de un matrimonio acomodado, pudo estudiar pintura desde los quince años con Héctor Facino, un pintor italiano radicado en Santa Fe. Ese apoyo económico (y simbólico) ayudó, pero no fue suficiente.
A los diecisiete años vivió un hecho que marcaría su proyección pública: la visita de Domingo Faustino Sarmiento a su taller. Es difícil mensurar ese episodio: el presidente de la Nación ingresando al estudio de una joven que llevaba apenas dos años pintando.
"Ese gesto da cuenta del reconocimiento que tenía, incluso en su propio tiempo", explica Sandoval. Josefa era una pintora prometedora en un territorio que, aunque periférico, comenzaba a construir una identidad visual propia.
Guillermo Di Salvatore
Santa Fe como materia estética
La pintura de Josefa es, en muchos sentidos, un "mapa" de la Santa Fe decimonónica. Magdalena Candioti identifica cinco grandes motivos en su producción: retratos de la élite local, tipologías sociales, paisajes, bodegones y escenas costumbristas.
En los retratos, la artista documentó a las familias influyentes de la época, especialmente a los Crespo. "La Santa Fe de la alta sociedad está guardada en sus pinceles", resume Sandoval.
Pero lo más disruptivo aparece en su mirada hacia quienes no pertenecían a ese círculo. Ahí está "La negra y el niño", obra paradigmática: un retrato donde el 70 por ciento del lienzo lo ocupa una mujer afrodescendiente, que sostiene a un niño de familia acomodada.
Guillermo Di Salvatore
"Ese cuadro es un documento de época. Muestra la convivencia y la tensión entre la élite y la servidumbre afrodescendiente, aún después de la abolición de la esclavitud", señala Sandoval.
La obra, ubicada entre el costumbrismo y la crítica social, demuestra una sensibilidad que excede los salones y se introduce en lo medular del entramado social santafesino. Estamos en presencia de arte que es testimonio.
Patrimonio vivo
El escenario de la entrevista, la casa natal de la artista, es por sí mismo una pieza fundamental del relato. Construida a mediados del siglo XIX, es una vivienda portuaria, una arquitectura que habla de la Santa Fe que se expandía del casco colonial hacia el comercio fluvial.
Guillermo Di Salvatore
"Es un patrimonio de todos los santafesinos. Un edificio que sobrevivió al avance inmobiliario y que hoy vuelve a tener voz propia", afirma Sandoval.
Se cree incluso que el taller de Josefa funcionó allí en algún momento de su vida, lo cual agrega una capa simbólica al espacio. Es un organismo vivo, atravesado por memorias y por la energía de quienes trabajaron para reponer a Josefa en el canon artístico nacional.
Una artista que trascendió fronteras
La dimensión de Josefa en su tiempo fue notable: representó a Santa Fe en la primera Exposición Nacional de 1871 impulsada por Sarmiento. Y en 1876 fue la única mujer argentina que participó de la Exposición Universal de Filadelfia.
Guillermo Di Salvatore
"Josefa tuvo trascendencia nacional e internacional. Lo que faltó fue la continuidad en la memoria colectiva", reflexiona Sandoval. Ese olvido se explica por el doble sesgo del canon: género y territorio. Su obra quedó eclipsada por artistas varones y porteños, pese a su productividad y talento.
En las últimas décadas, investigaciones como las de Georgina Gluzman y exposiciones como "El canon accidental: Mujeres artistas en Argentina (1890-1950)" realizada en 2021 en el Museo Nacional de Bellas Artes comenzaron a reparar esa deuda histórica.
Instalar su nombre más allá de Santa Fe
La recuperación de la memoria de Josefa es una tarea cultural profunda. La casa, gestionada por el Ministerio de Cultura de la provincia, trabaja en investigación, difusión y publicaciones que intentan restituir su figura en el panorama nacional.
Guillermo Di Salvatore
"No estamos inventando méritos. Estamos visibilizando a una artista cuya obra, trayectoria y legado la colocan entre las primeras pintoras de la Argentina", dice Sandoval. El desafío es hacer que salga del perímetro santafesino y ocupe, por fin, el lugar que su historia le debe.