En la ciudad de Esperanza, el Museo de Arte Héctor Borla (Rivadavia 2104) abre sus salas a una experiencia que es, al mismo tiempo, homenaje, revisión y redescubrimiento: “Hola... soy Sergio Fasola”. La exposición, dedicada al fotógrafo santafesino Sergio Fasola (1953-2022), invita a recorrer una producción tan singular como inasible, donde la fotografía se expande hacia territorios híbridos que incluyen la pintura, la intervención digital y la experimentación visual.
El eco de la imagen: la obra de Sergio Fasola vuelve a interpelar
Con curaduría de Marcelo Olmos, la muestra “Hola... soy Sergio Fasola” reúne fotografías intervenidas y serigrafías del artista santafesino, proponiendo un recorrido entre la identidad, la metafísica y la potencia expresiva de una obra que trasciende los límites de lo representado.

Curada por Marcelo Olmos, la muestra reúne una selección de obras realizadas entre 2008 y 2012, correspondientes a dos de sus series más representativas: “Ser argentino, una pasión” (también denominada “Pasión”) y “Terra Viva”. A estos conjuntos se suma un breve pero revelador corpus de serigrafías, que permite asomarse a otras dimensiones del trabajo del artista.
La exposición podrá visitarse del 18 de abril al 24 de mayo, los sábados y domingos de 17 a 18.30, con entrada libre y gratuita.

Ejes temáticos
El recorrido se organiza en torno a dos núcleos conceptuales que funcionan como claves de lectura. El primero de ellos aborda la idea de la pasión como rasgo constitutivo de la identidad argentina. En estas imágenes, Fasola despliega un lenguaje visual donde el montaje ocupa un lugar central: las escenas son construidas, intervenidas, pensadas como dispositivos simbólicos antes que como registros documentales. Hay en ellas una teatralidad latente, una impronta cinematográfica que potencia el dramatismo y habilita múltiples interpretaciones. Lo irónico y lo solemne conviven, generando una tensión que desarma cualquier lectura unívoca.

El segundo eje, en cambio, se desplaza hacia un territorio más silencioso y contemplativo. En “Terra Viva”, la naturaleza aparece atravesada por una atmósfera de extrañeza: paisajes intervenidos, casi despojados, donde la presencia humana se reduce a indicios mínimos. Estas huellas, lejos de afirmar certezas, sugieren la fragilidad del porvenir, la ilusión del progreso y la incertidumbre frente a lo que aún no tiene forma. La síntesis formal, la economía de elementos y el uso preciso del color intensifican aquí una dimensión casi metafísica de la imagen.
Lejos de oponerse, ambos núcleos dialogan y se complementan, revelando una estética que invita a desarticular la mirada habitual sobre lo real. En este sentido, la obra de Fasola no propone respuestas cerradas, sino un campo de resonancias. Como señala el artista, curador y docente Roberto Echen, su trabajo convoca a pensar no tanto en el significado de la imagen como en su despliegue, en sus devenires y en esa pluralidad que nos constituye.

Pintar con luz y materia
El texto curatorial de Olmos profundiza esta perspectiva al trazar un recorrido por la evolución del artista. Desde sus comienzos, marcados por una formación influida por el ideario de la Bauhaus -aprendido junto a su maestro Esteban Marco-, Fasola desarrolló una concepción de la fotografía como “pintar con luz”. En sus primeras etapas, esa premisa se tradujo en imágenes austeras, dominadas por la sutileza de las sombras y la soledad de los espacios. Con el tiempo, su obra se fue complejizando: incorporó modelos, exploró gestos, construyó escenas y sumó capas de intervención que ampliaron el campo de lo visible.

Series como “Pasión” evidencian ese momento de expansión, donde el barroquismo, el color y la imaginación configuran universos cargados de referencias y símbolos. Más adelante, en “Terra Viva”, el artista ensaya un movimiento inverso: reduce, sintetiza, vuelve a una economía expresiva que, sin embargo, no renuncia a la densidad conceptual. En esa oscilación entre exceso y depuración se cifra una de las tensiones más fértiles de su producción.
La inclusión de serigrafías en la muestra permite, además, reconocer al Fasola pintor. Allí se revela una sensibilidad capaz de administrar con precisión los recursos plásticos, logrando que cada trazo, cada color, cada vacío, contribuya a una imagen de gran potencia evocadora. Es en ese cruce entre disciplinas donde su obra encuentra una de sus mayores singularidades.

Devenir
Nacido en Santa Fe en 1953, Fasola desarrolló una trayectoria que combinó la práctica artística con el trabajo profesional en medios -fue fotógrafo y editor de imágenes de diario El Litoral-, la docencia y la producción audiovisual. Su paso por Florencia y su formación en Buenos Aires marcaron una base sólida que luego supo expandir a través de la experimentación constante. Reconocido por su capacidad de fusionar fotografía y pintura, su obra integra colecciones de instituciones nacionales e internacionales, desde museos argentinos hasta espacios como la New York Public Library o el Los Angeles Center for Digital Art.
A casi cuatro años de su fallecimiento (el 16 de mayo de 2022), “Hola... soy Sergio Fasola” no se limita a la evocación. La muestra propone, más bien, un reencuentro activo con su legado: una invitación a detenerse, a mirar con otros ritmos, a dejarse atravesar por imágenes que no buscan clausurar sentidos sino abrirlos. En ese gesto, la obra de Fasola se mantiene viva, desplegando interrogantes y revelando, una y otra vez, nuevas capas de significado.









