Susana Rodríguez comenzó a mostrar sus obras en 1972, pero recién en 1978, en plena dictadura militar, logró realizar una muestra individual en la Galería Praxis de la ciudad de Buenos Aires. Casi al mismo tiempo su obra se ganó un espacio en la populosa ciudad brasileña de Sao Paulo, donde continuó mostrando su obra a lo largo del tiempo.
Susana Rodríguez en el Bellas Artes: abordar la intimidad para cuestionar una época
La artista, que obtuvo en 2013 el Premio de Grabado del museo Rosa Galisteo, expone cerca de 40 trabajos realizados durante las décadas de 1970 y 1980. Forman parte de una muestra que propone volver sobre su producción gráfica y sus abordajes del cuerpo, el erotismo y la memoria.

Actualmente, su labor es conocida en República Dominicana, Puerto Rico, Estados Unidos, Corea, Polonia, Japón, Tailandia, y Francia. En 2012 fue nombrada Personalidad Destacada en la Cultura por la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires. Y va otro dato que la une con Santa Fe: en 2013 ganó el Premio de Grabado del Museo Rosa Galisteo de Rodríguez.
Por estos días, unas 40 obras de su autoría integran la muestra temporaria "Historia íntima", que se puede visitar en el Museo Nacional de Bellas Artes de Buenos Aires. Las mismas datan de las décadas de 1970 y 1980 y son serigrafías, dibujos, acuarelas, collages y otras piezas gráficas "muy pocas veces exhibidas en la Argentina", según el museo.

"El grabado fue una constante en su producción. Y en esa superficie se despliegan los temas que recorren su carrera: el cuerpo, el erotismo, el tiempo y la memoria, abordados con la densidad conceptual y técnica que caracteriza su práctica", dijo Andrés Duprat, director de la institución.
"Las obras que integran esta exhibición acompañaron el pulso de los largos años 70. Partiendo de una enunciación personal, logra condensar la sensibilidad de una generación que cuestionó los modos de vida de sus padres, pero que, a diferencia de lo que ocurría con la 'revolución sexual' en Europa y Estados Unidos, debieron atenerse a las normas de conducta de un medio conservador, atravesado por el autoritarismo", señala Gabriela Naso, curadora.
Erotismo, sexualidad y cuerpos fragmentados
En las obras expuestas de Susana Rodríguez, que se pueden revisar de manera virtual en la página del mencionado museo porteño, las imágenes parecen estar a punto de decir algo que no llegan a completar. Los cuerpos están fragmentados y las figuras desarrollan relaciones inesperadas con elementos orgánicos como un corazón, piernas, ojos, bocas.

Pero el sentido de lo que aparece no termina de resolverse del todo. El erotismo, la sexualidad, el cuerpo y la identidad son parte de un universo en el que importa mucho cómo se construyen las imágenes. En tal sentido, la artista indaga las posibilidades expresivas del dibujo, el grabado y el collage.
Un aspecto a considerar es la relación imagen-escritura. En algunas composiciones, líneas y signos remiten a una caligrafía. Pero no llevan, necesariamente, a un mensaje que pueda traducirse fácilmente. Los signos conservan su apariencia de sistema comunicacional, pero es como si se liberaran de la obligación de transmitir un significado preciso.
Así, las obras invitan a una lectura que no garantiza una respuesta definitiva. El espectador reconoce formas, establece asociaciones y busca sentidos, pero debe aceptar que algunas zonas permanezcan abiertas. La incertidumbre podría ser vista como parte significativa de la experiencia.

El cuerpo tiene un lugar importante en la búsqueda. En los muchos trabajos, la figura humana es un espacio donde se cruzan el deseo, la identidad y las convenciones culturales que condicionan la mirada. Las asociaciones entre figuras humanas y formas orgánicas y las fragmentaciones de los cuerpos, desarman las representaciones más convencionales.
El título de la muestra invita a pensar la relación entre la experiencia individual y las formas de representarla. Pero una historia íntima tampoco puede separarse de su contexto, ya que las ideas sobre el cuerpo, la sexualidad y la comunicación están marcadas por los códigos de cada época.
Poner en imágenes lo indecible
Tal como señala Naso en su texto, los temas centrales de la producción que Rodríguez desarrolló en la etapa plasmada en la muestra, "emanan de la más íntima experiencia humana, vista a través de marcos interpretativos como la psicología y la semiótica, que habían trascendido sus campos disciplinares de origen para filtrarse en los discursos cotidianos".

"La dificultad de la comunicación entre las personas y la expresión de la sexualidad como forma de autoafirmación son algunas de las temáticas que la artista abordó en estos trabajos, en los que también exploró zonas más huidizas, impulsada por la voluntad de poner en imágenes lo indecible", explica la curadora.
"En esa búsqueda, apeló a un punto de vista que subvierte la pretendida neutralidad con la que históricamente se representó el cuerpo de la mujer. Así, ese cuerpo se convierte en vehículo de su propia subjetividad, en un universo formal para plasmar su mundo interior, sus deseos y temores", añade.
"Un gesto de particular audacia para el contexto en el que estas obras se realizaron y exhibieron, que abarca los años de la última dictadura cívico militar y encuentra su clímax en 1983, cuando la artista parece expurgar sobre el papel la oscura carga del horror reciente", cierra.








