Había terminado el Metropolitano de 1971. Fue el año en el que Colón produjo una renovación de su plantel, que se dio a partir del gran acierto en la llegada de Juan Eulogio Urriolabeitia como entrenador. Al poco tiempo, el Vasco convocó a Rubén Cheves para que dirija la reserva. Y Cheves inició una carrera, exitosa, que se prolongó durante mucho tiempo en el club y que excedió, inclusive, al periplo del hombre que lo trajo a Santa Fe.
La particularidad es que, en el receso entre el Metropolitano y el Nacional, mientras el Vasco anunciaba su continuidad en el club, se produjo la llegada de un "seleccionado" alemán. En realidad, se trató de un equipo de universitarios que viajó a la Argentina para enfrentarse con equipos de Primera. No le fue bien en Santa Fe, porque Colón le ganó 7 a 0 en el Brigadier López.
Sin dudas que el bajo nivel del rival y el abultado resultado hizo que en Colón no se lo consideraran como un partido histórico. En el primer tiempo, Colón ya ganaba 2 a 0, pero la andanada de goles llegó en el segundo tiempo, con un resultado incuestionable.
Colón formó ese día con Costantino; Silguero, Alcorcel, Florit y Mario Rodríguez; Lo Bello, Trullet y Ripke; Motura, Di Meola y Zibecchi. También entró Grosso, arquero suplente de Costantino, Sacconi y Velásquez. Los goles de Colón fueron convertidos por Di Meola, Lo Bello, Ripke, dos de Trullet, Velásquez y Zibecchi.
Al mismo tiempo que se jugó aquél partido, en setiembre de 1971, Buenos Aires asistía a un hecho histórico en ajedrez: la partida entre Bobby Fischer y Tigran Petrosian, para determinar el retador de Boris Spassky. También llegaba a su fin el Metro de ese año, que se lo adjudicó Independiente y en el que Colón terminó en el puesto 14. Carlos Bianchi, con 36 goles, era el indiscutido goleador de ese campeonato y lo seguía Alfredo Obberti, el ex goleador sabalero que nutría de goles a Newell's en ese entonces. Y Carlos Monzón ajustaba los últimos detalles de su preparación para vencer por nocaut técnica a Emile Griffith en la primera defensa que realizó en el Luna Park, después de vencer por dos veces a Nino Benvenutti, en lo que era el inicio de las 14 brillantes defensas que realizó de su título del mundo, para convertirse en el mejor boxeador argentino de todos los tiempos.
A los pocos días se iniciaba el Nacional, que terminó ganando Rosario Central. No fue buena la actuación de Colón en ese torneo, Rosario Central llegó a la final luego de vencer a Newell's con la famosa palomita de Poy y en el partido decisivo venció a San Lorenzo en la cancha de Newell's por 2 a 1. Festejó Central, pero fue el aperitivo para que San Lorenzo se convierta, al año siguiente, en el primer equipo del fútbol argentino en coronarse bicampeón, de la mano del Toto Lorenzo.
En ese rearmado de Colón, ya habían llegado algunos de los jugadores que trajo del Vasco desde Estudiantes y que en casi todos -por no decir todos- los casos, dieron un gran resultado. Baley, Zuccarelli, Trullet, Spadaro, el Gringo Sacconi y Cococho Alvarez, entre otros, fueron esos jugadores que le dieron un salto de calidad indiscutido que permitió una progresiva mejoría hasta llegar a conformar, un par de años más tarde, un equipo de jerarquía y protagonismo.