Huracán decidió llevar la discusión a un terreno formal y público. A días del partido del jueves ante River, el club difundió un comunicado con una frase central: “Jugar sin público nuevamente no es una opción”. La postura llega después de una semana marcada por decisiones de seguridad y un escenario todavía abierto.
El “Globo” viene de disputar a puertas cerradas su último encuentro como local, en medio del impacto que generó el derrumbe de un estacionamiento en las inmediaciones del estadio Tomás Adolfo Ducó. Ahora, con un partido de alto riesgo deportivo y de alta convocatoria, Huracán reclama garantías técnicas y jurídicas antes de aceptar otra restricción.
“Sin respaldo técnico ni jurídico”: el corazón del reclamo
En el texto institucional, Huracán sostuvo que para privarlo de jugar en su estadio con público “debe haber un informe que avale dicha medida y que establezca los parámetros de asistencia” para que el club pueda acatarla. En la misma línea, cuestionó que las medidas que se intentan imponer no cuentan con fundamentos ni respaldo técnico o jurídico.
El club entiende que la decisión de cerrar tribunas no puede sostenerse solo con argumentos generales. Pidió que se expliciten criterios, alcances y condiciones, y advirtió que no aceptará lo que define como un “despojo” de su localía si no existe documentación formal que lo respalde.
En ese marco, Huracán confirmó que resolvió “iniciar las correspondientes acciones legales” para la protección de los derechos de la institución y de sus socios e hinchas. La advertencia fue leída como una escalada: el club no solo discute la medida, sino que también la llevará a tribunales si no hay marcha atrás.
El derrumbe que cambió la agenda del Ducó
Las complicaciones comenzaron la semana pasada, cuando un derrumbe en un estacionamiento de un complejo habitacional cercano al estadio obligó a evacuar vecinos en Parque Patricios y activó un operativo de seguridad en la zona. La situación alteró la logística de los días siguientes y abrió un debate sobre accesos y circulación.
Con ese antecedente inmediato, el partido Huracán–Belgrano se jugó sin público por decisión de las autoridades de seguridad de la Ciudad. En cancha, el “Globo” ganó 3-1, pero el foco quedó afuera: la postal del Ducó vacío y la sensación de que la incertidumbre no terminaba con los 90 minutos.
Una semana después, la controversia volvió a encenderse. Distintos medios consignaron que el Comité de Seguridad de CABA avanzó con la idea de repetir el operativo de “puertas cerradas” para el partido del jueves ante River, aun cuando el club sostiene que no recibió un respaldo técnico concluyente.
River, el jueves a la noche y la localía en discusión
El partido ante River está programado para el jueves a las 21.30 por el Torneo Apertura, un cruce que suele movilizar una demanda fuerte de entradas y un despliegue de seguridad mayor al promedio. Huracán considera que jugarlo sin público implicaría un perjuicio deportivo, económico e institucional.
En el club, además, señalan un punto sensible: si la decisión se sostiene, la alternativa que queda es mudar la localía para permitir público, algo que Huracán no quiere ni validar como salida “natural”. Su mensaje fue que el Ducó no se negocia y que, si hay restricciones, deben explicarse con precisión.
La tensión abre un escenario de definiciones rápidas. Entre la agenda del torneo, la presión del calendario y la disputa por condiciones, el comunicado buscó fijar posición: Huracán acepta reglas, pero pide reglas escritas, con firma técnica, y no decisiones que —según su interpretación— se apoyen solo en la coyuntura.
Un conflicto que trasciende el partido
La discusión ya no es solo por un encuentro. Para Huracán, la cuestión de fondo es quién define las condiciones de uso del estadio y con qué documentación se sostiene una medida que afecta derechos de socios e hinchas. Por eso el comunicado fue directo y con tono de advertencia institucional.
En paralelo, el caso vuelve a poner sobre la mesa un tema recurrente en el fútbol argentino: la fragilidad de los operativos ante contingencias urbanas y la disputa permanente entre clubes y autoridades por el margen de decisión. En Parque Patricios, esa pulseada se volvió concreta, con fecha, hora y tribuna en juego.