El césped del Monumental volvió a instalarse como tema de debate justo antes del partido más esperado. A días del Superclásico frente a Boca, el campo de juego de River aparece lejos de su mejor versión y arrastra secuelas visibles de una agenda cargada de recitales que afectó la superficie en las últimas semanas.
Las huellas de los shows: el estado del césped del Monumental es la gran duda para el Superclásico
La superficie mostró irregularidades y dificultades para el rodado de la pelota en los últimos partidos. River intenta estabilizar el terreno antes de recibir al equipo de Úbeda.

La preocupación no es nueva, pero se volvió más evidente con el correr de los partidos. El terreno mostró signos de desgaste, irregularidades en distintas zonas y dificultades para que la pelota circule con normalidad, un detalle que quedó expuesto en los últimos encuentros del equipo de Marcelo Gallardo.
Recitales, desgaste y una cancha castigada
La seguidilla de shows fue uno de los factores que más incidió sobre el estado actual del césped. River recibió en febrero tres recitales consecutivos de Bad Bunny y más tarde sumó una nueva presentación de AC/DC, una combinación que volvió a poner a prueba la resistencia del campo de juego.
Aunque el club realizó trabajos de recuperación, la mejoría fue parcial. El verde mostró una recuperación respecto de jornadas anteriores, pero todavía no logró volver a un nivel plenamente confiable para un partido de máxima exigencia como el que se viene ante Boca.
La imagen del césped también quedó expuesta en el cruce con Carabobo, donde por momentos se advirtió que la pelota no rodaba de forma pareja. Ese tipo de detalles alimentó las dudas en torno a cómo llegará el campo al Superclásico y cuánto podrá corregirse en pocos días.
River acelera de cara a Boca
En Núñez trabajan con la expectativa de que el piso llegue en mejores condiciones al fin de semana. El objetivo es recuperar la mayor uniformidad posible y evitar que el estado de la cancha se convierta en un protagonista extra en un partido que ya tiene tensión propia.
El problema es el tiempo. Con el Superclásico cada vez más cerca, la recuperación del césped entró en una carrera contrarreloj. La prioridad está puesta en estabilizar las zonas más dañadas y presentar una superficie que no condicione el desarrollo del juego.
Ese esfuerzo también tiene un trasfondo más amplio. River viene intentando sostener el equilibrio entre el uso deportivo y el aprovechamiento comercial del Monumental, pero cada recital deja abierta la misma discusión: cuánto resiste el campo de juego antes de partidos decisivos.
Una vieja discusión que vuelve antes del partido más grande
El deterioro del césped del Monumental no solo preocupa por lo estético. También toca un punto sensible en la identidad futbolística de River, históricamente asociada a un juego que necesita una superficie rápida, pareja y confiable para desplegarse con naturalidad.
Por eso, la cancha aparece otra vez bajo la lupa justo en la previa del cruce con Boca. No se trata solo del impacto visual de los sectores más castigados, sino de la influencia concreta que puede tener el estado del piso sobre la dinámica de un partido que suele jugarse al límite.
River apuesta a llegar con una mejora visible. El Superclásico está cerca y el césped del Monumental, otra vez, quedó convertido en tema central antes de una de las noches más observadas del fútbol argentino.








