El siguiente testimonio es del prestigioso periodista especializado en boxeo Carlos Irusta. El mismo fue escrito hace siete meses, cuando falleció un entrañable colega suyo: Hernán Santos Nicolini.
Hernán Santos Nicolini: la voz de la hazaña de Carlos Monzón hace 56 años
El relator, fallecido hace siete meses a los 79 años, fue quien por Radio Rivadavia nos contó a todos los argentinos el tremendo nocaut que le propinó el santafesino al entonces campeón mediano, el italiano Nino Benvenuti, en Roma, el 7 de noviembre de 1970, para arrebatarle el título.

Por los años 70 apareció por el Luna Park un jovencito inquieto y carismático. Anteojos enormes, siempre cargando un pesado grabador, verborrágico, y por todo ello lleno de inquietudes.
Los viejos hombres del boxeo lo miraban con respeto, a pesar de su edad, ya que andaba por los 20, porque se trataba ante todo de lo que fue una síntesis de su vida.

Un apasionado para el que no existían medias tintas. Donde había algo de boxeo, aparecía Santitos con el grabador y el correspondiente micrófono.
Santitos, como lo llamábamos todos, era Hernando Santos Nicolini, nombre que luego pasó a ser Hernán. Para todos los que lo conocimos de cerca, simplemente como una marca registrada: Santitos.
Ese Santitos que ya no está con nosotros, víctima de diversas enfermedades y complicaciones, dejó de existir a los 79 años (cumplía 80 dentro de 15 días) este miércoles 1 de abril de 2026.
Cuando se lanzó la concreción del combate entre el gran Nino Benvenuti y el retador Carlos Monzón, los apoderados del italiano vinieron a Buenos Aires a ultimar detalles con Tito Lectoure.
Y por allí apareció Santitos con algo más que un grabador, sino con la decisión y el empuje de sus 24 años. Y logró lo que parecía en ese momento algo remoto para él, por no decir imposible: compró los derechos de la transmisión de radio y televisión de esa pelea.
Cuando la gente de radio Rivadavia empezó a buscar la posibilidad de transmitirla, se enteró por Rodolfo Sabatini que tenían que hablar con Nicolini.
"Empecé a relatar a los 16 años (recordó Santitos en el libro Monzón, la biografía definitiva, de editorial Planeta) y esto se produjo cuando yo tenía 24 años. Cuando vinieron a Buenos Aires -el contrato se firmó en Argentina y no en Italia-, me hice amigo de Rodolfo Sabatini y cuando le pregunté por los derechos él dijo que le tenía que contestar Lectoure oficialmente tres meses antes de la pelea. Tito no estaba interesado y yo le dije: Si usted no vende los derechos me manda un telegrama y nos ponemos en contacto".
"Como Lectoure no encontró interesados, Sabatini me dijo que vendía todo, televisión y radio o nada. Entonces hipotequé un departamento que tenía en Mar del Plata. Me dieron 28.000 dólares y compré los derechos totales. Finalmente apareció radio Rivadavia", recordó Santitos.
Aquel joven cronista desafió los pronósticos de la época para que Radio Rivadavia contara la histórica consagración del santafesino desde Roma. Su apuesta se fundamentó en un dato exclusivo que recibió por télex desde la agencia ANSA, donde se indicaba que el campeón italiano no estaba entrenando adecuadamente y presentaba un exceso de peso de 10 kilos.
Ese secreto de Estado sólo fue compartido con el entrenador Amílcar Brusa antes del combate, asegurando que la preparación de Monzón fuera óptima para una pelea que el relator ya sentía ganada.
Aquel papelito con los detalles técnicos del rival fue el motor que impulsó a Santos Nicolini a jugarse entero por la jornada del 7 de noviembre de 1970.
"Lo arranqué, me lo puse en el bolsillo y se lo mostré a Brusa. Le dije: Esto es un secreto de Estado, se lo muestro y me lo guardo para mí. ¿Le sirve? 'Claro que sí', me dijo. Bueno, póngalo a Monzón lo que mejor pueda, esta pelea no se escapa", recordaba sobre aquel diálogo previo a la epopeya en el Palazzo dello Sport.

Su olfato periodístico y la valentía para autofinanciar sus coberturas lo convirtieron en una figura admirada por generaciones de cronistas pugilísticos. Su relato de aquella noche quedó grabado en la memoria de los fanáticos como una de las grandes piezas de la radiofonía nacional.
Por la televisión -transmitió Canal 11- relataron Ulises Barrera y Emilio Ferés.
El relator oficial era nada más ni nada menos que Osvaldo Caffarelli así que como Nicolini también quería hacerlo, se determinó que Caffarelli transmitiría los rounds impares y los pares serían para Nicolini.
Aquel viaje a Roma fue el de una delegación escuálida económicamente y riquísima en confianza. Monzón, su entrenador Amílcar Brusa, su preparador físico Patricio Russo -que vendió su Fiat 600 con tal de hacer el viaje, porque no había pasajes para todos-, y José Menno, sparring oficial. Juan Alberto Aranda, boxeador en actividad, se sumó para ver si de allí podía salirle alguna pelea en Europa.
Como Nicolini no daba puntada sin nudo, logró como sponsor la revista historietas D' Artagnan, para la que escribía libretos. Un cómic hoy legendario en Argentina.
¿A quién le tocó el round de la victoria? No hace falta decirlo, porque todos sabemos que en aquel decimosegundo asalto Monzón, obedeciendo las directivas de don Amílcar Brusa, salió a definir la pelea. En el minuto de descanso, Brusa dijo, simplemente: "Ese hombre está muerto, Carlos, vaya y póngalo nocaut".
Monzón, que era obediente, salió para definir una pelea que hoy está en los grandes anales del boxeo argentino.
Una voz que todavía hoy nos emociona a pesar del tiempo fue la que narró por radio aquella extraordinaria victoria y es la voz que persiste como si fuera ayer. La de Hernán Santos Nicolini. Santitos.
También se dedicó con el tiempo a colgar el uniforme de periodista para convertirse en promotor. Así llevó a Néstor Hipólito Giovannini a ser el primer campeón mundial argentino reconocido por la Organización Mundial de Boxeo, entidad que recién empezaba a despuntar con autonomía.
Dirigió durante muchos años Cuadrilátero, una revista que es hoy todo un icono del periodismo dedicado al boxeo.
Esa noche de Roma, a los 24 años, se metió él también en la historia la historia del relato deportivo de la Argentina, al contarle a todos los argentinos, la obra maestra de Carlos Monzón, quien en el round 12 (par, por eso le tocó a Santitos), consumó con un fulminante derechazo la victoria que le significó al santafesino obtener el título mundial categoría mediano, el cual defendió exitosamente en 14 oportunidades para retirarse invicto.








