El Renault 19 terminó volcado sobre la banquina de una ruta santafesina. Dentro de la historia policial argentina, aquel automóvil quedó asociado para siempre con una de las muertes más impactantes de la década de 1990: la de Carlos Monzón, excampeón mundial de boxeo, ocurrida el domingo 8 de enero de 1995 en el paraje Los Cerrillos, cerca de Santa Rosa de Calchines.
El daño en el Renault 19 que alimentó una hipótesis perturbadora
El automóvil en el que viajaba el excampeón mundial volcó en enero de 1995 en la Ruta Provincial 1, cerca de Santa Rosa de Calchines. Años después, el mecánico y perito de aseguradoras Francisco Constanzo, amigo de Monzón, señaló daños en la parte trasera del vehículo que, a su entender, no encajaban con la dinámica de un vuelco convencional. La deformación de la carrocería y los antecedentes de supuestos sabotajes a otros autos del boxeador alimentaron la teoría de una posible embestida previa. Sin embargo, esos indicios, por sí solos, no demuestran que se haya tratado de un atentado.

Monzón murió junto con Gerónimo Mottura, mientras que Alicia Fessia, la tercera ocupante del vehículo, sobrevivió con lesiones leves. La versión oficial atribuyó el desenlace a un accidente vial. Pero con el paso de los años surgieron cuestionamientos sobre la mecánica del vuelco y, en particular, sobre algunos daños que presentaba la parte posterior del automóvil.
Uno de los testimonios centrales en esa controversia corresponde a Francisco Constanzo, mecánico, perito de compañías aseguradoras y amigo personal del excampeón. Según el relato incorporado a la reconstrucción del caso, Constanzo inspeccionó el vehículo después del siniestro, cuando se encontraba en una dependencia policial de Santa Rosa de Calchines.

Su observación habría puesto el foco en una zona concreta de la carrocería: la parte trasera del Renault 19. Allí encontró, de acuerdo con la descripción disponible, un paragolpes plástico parcialmente desprendido y una deformación en la chapa situada inmediatamente por encima de esa pieza.
Para Constanzo, ese daño merecía una explicación que no podía darse por resuelta con la sola constatación del vuelco. La posibilidad que planteó fue que otro vehículo hubiera impactado desde atrás al automóvil de Monzón y que ese contacto hubiera contribuido a desencadenar la pérdida de control.

La hipótesis tiene un punto de partida material: la existencia de una deformación que el observador consideró compatible con un impacto. Pero una marca en la carrocería no basta, por sí sola, para establecer cuándo se produjo, cómo se originó ni qué vehículo pudo haberla causado. Para llegar a una conclusión serían necesarios estudios técnicos capaces de diferenciar los daños producidos por una eventual colisión de aquellos que pudieron aparecer durante el vuelco o en otra instancia.
Impacto posterior: la hipótesis de Constanzo
La interpretación del mecánico se apoya también en las características del tramo donde ocurrió el siniestro. Según la reconstrucción aportada, la Ruta Provincial 1, a la altura de Los Cerrillos, presenta una recta prolongada, buena visibilidad y banquinas relativamente llanas en condiciones normales de tránsito.

Esas características fueron utilizadas por quienes cuestionan la explicación oficial para señalar que no había una curva cerrada ni una dificultad topográfica evidente que permitiera explicar, por sí sola, la pérdida de control. Sin embargo, una recta con buena visibilidad no elimina la posibilidad de un accidente: para establecer sus causas es necesario considerar la velocidad, las maniobras, el estado del vehículo, las condiciones del camino y cualquier otro factor que pudiera haber influido.
El relato original también destaca la experiencia de Monzón al volante y su condición física. Sus allegados, según esa reconstrucción, rechazaban las versiones periodísticas que sugerían que había conducido bajo los efectos del alcohol después de una supuesta ingesta en una estación de servicio.
Sin resultados toxicológicos documentados y debidamente incorporados a la investigación, no corresponde confirmar ni descartar aquella versión. Del mismo modo, la experiencia de conducción atribuida al excampeón no permite excluir un error humano o una pérdida de control por otras circunstancias.
El elemento más concreto de la hipótesis alternativa sigue siendo el daño en la parte posterior del Renault 19. Si la deformación hubiera sido causada por una embestida previa, su análisis podría haber aportado información sobre la altura, el sentido y la intensidad del contacto. También habría sido relevante establecer si existían restos de pintura, marcas de transferencia de materiales u otros indicios que permitieran vincular el automóvil con otro vehículo.

Pero, según el material disponible, no se cuenta con un informe metalúrgico exhaustivo que permita confirmar esa secuencia. Tampoco se identifica un segundo vehículo ni se aporta una pericia concluyente que demuestre que el Renault fue embestido antes de volcar.
La diferencia no es menor. La hipótesis de un choque posterior puede ser investigada y contrastada con los rastros físicos; la afirmación de que ese choque fue deliberado requiere todavía más elementos, porque supone establecer no solo que hubo una colisión, sino también que alguien la provocó intencionalmente.
Los antecedentes de sabotajes
La teoría de una intervención externa no se alimentó únicamente de la deformación observada en el Renault 19. En el relato de allegados a Monzón también aparecen episodios anteriores de hostigamiento y presuntos sabotajes contra vehículos de su propiedad.
De acuerdo con esa versión, el excampeón habría sufrido provocaciones callejeras de personas que buscaban inducirlo a reaccionar violentamente para luego formular denuncias o reclamar dinero. También se mencionan episodios en los que habrían aflojado deliberadamente los bulones de las ruedas de sus automóviles mientras permanecían estacionados en la vía pública o cerca de locales nocturnos.

Esos antecedentes, si estuvieran documentados, podrían resultar relevantes para reconstruir el contexto de seguridad en el que se movía Monzón. No obstante, para relacionarlos con el vuelco de Los Cerrillos sería indispensable establecer quiénes participaron en aquellos episodios, cuándo ocurrieron y si existe algún nexo verificable con el siniestro de enero de 1995.
La notoriedad del excampeón, su historia personal y la condena por el femicidio de Alicia Muñiz también forman parte del contexto, pero no constituyen pruebas de una conspiración ni de una agresión en la ruta.

En el momento de su muerte, Monzón cumplía la condena de once años de prisión por el crimen cometido en Mar del Plata en 1988 y gozaba de salidas transitorias del penal de Las Flores. Su figura dividía a la sociedad entre el reconocimiento por sus logros deportivos y la condena moral y judicial por la violencia ejercida contra Muñiz.
Esa dualidad convirtió el accidente en un episodio de enorme repercusión pública. Sin embargo, la investigación sobre cómo murió debía sostenerse sobre evidencias materiales, testimonios comprobables y pericias capaces de reconstruir la secuencia, independientemente de la valoración social del protagonista.
La causa fue archivada en dieciséis días, según el material aportado. Quienes cuestionan ese cierre señalan que no se profundizó lo suficiente en la deformación trasera del automóvil y que la liberación del vehículo habría limitado la posibilidad de nuevas comprobaciones. Para determinar si esas críticas se corresponden con las actuaciones judiciales sería necesario acceder al expediente y a los informes periciales originales.
Dudas y ninguna certeza
A casi 31 años de la muerte de Carlos Monzón, el debate continúa girando alrededor de una diferencia fundamental: una cosa es cuestionar si la investigación agotó todas las posibilidades y otra, muy distinta, afirmar que el excampeón fue víctima de un atentado.
La observación de Francisco Constanzo aporta un interrogante concreto sobre los daños del Renault 19. Los supuestos antecedentes de sabotajes, por su parte, introducen un contexto que algunos allegados consideraron significativo. Pero ninguno de esos elementos, tal como aparecen documentados en el material disponible, permite establecer de manera concluyente que otro vehículo haya provocado el vuelco y que la maniobra haya sido deliberada.

Para resolver esa discusión sería necesario revisar la documentación judicial, los informes médicos, las fotografías del automóvil y las pericias efectuadas en 1995. También resultaría fundamental determinar si existieron análisis técnicos sobre la deformación de la carrocería y qué conclusiones extrajeron los investigadores.
El caso conserva así una pregunta que la reconstrucción periodística puede formular, pero no resolver sin pruebas adicionales. ¿Fue el vuelco de Los Cerrillos un accidente vial o hubo un factor externo que no llegó a esclarecerse? La hipótesis de una embestida previa merece ser diferenciada de la afirmación de un atentado: la primera puede evaluarse a partir de rastros mecánicos; la segunda exige demostrar la intencionalidad y la participación de terceros.
La muerte de Monzón sigue siendo una historia atravesada por la tragedia y la controversia. Pero el tiempo transcurrido, la persistencia de las dudas y la existencia de testimonios que cuestionan la versión oficial no reemplazan la evidencia que haría falta para sostener una conclusión definitiva.








