Tigre dio el golpe en el Monumental: venció 4-1 a River por la fecha 4 del Apertura 2026, con goles de Serrago, Romero y un doblete de Russo. El “Millonario” terminó con diez por la roja a Vera.

El "Matador" fue implacable y se impuso 4-1 en el Monumental con un doblete de Russo. El equipo de Gallardo lució desconocido, terminó con diez por la expulsión de Vera y sufrió la reprobación de su público.

Tigre dio el golpe en el Monumental: venció 4-1 a River por la fecha 4 del Apertura 2026, con goles de Serrago, Romero y un doblete de Russo. El “Millonario” terminó con diez por la roja a Vera.
El Monumental entró en partido con una idea conocida: River con la pelota y Tigre listo para morder arriba. Pero esa foto duró poco. A los 6 minutos del primer tiempo, Tiago Serrago abrió la cuenta para el “Matador” y el estadio quedó en shock, con un inicio que desacomodó el plan local.
El gol fue un mazazo por el momento y por el contexto. River todavía se estaba acomodando, y Tigre olió nervios. Con presión y transiciones rápidas, empezó a encontrar espacios cuando el “Millonario” intentó salir desde el fondo, una apuesta que terminó siendo un riesgo demasiado caro.
Diez minutos después, el visitante volvió a golpear: David Romero firmó el 2-0 a los 16’ y el partido se convirtió en una subida empinada para el equipo de Marcelo Gallardo. Tigre ya no solo ganaba: imponía condiciones con una eficacia quirúrgica.
River tuvo arrestos, buscó empujar con más gente por delante de la línea de la pelota, y se arrimó con algún remate de media distancia. Pero le faltó continuidad. La sensación fue que cada avance era trabajado, mientras que Tigre atacaba con menos toques y más veneno.
El clima en las tribunas se fue tensando con el correr de los minutos. La impaciencia empezó a empujar desde afuera y la presión se notó adentro: cuando River se apuró, perdió claridad; cuando intentó administrar, quedó expuesto a la contra.
En ese marco, Tigre sostuvo su idea sin correrse. Ordenado para defender y filoso para salir, administró el primer tiempo con la ventaja en el bolsillo y con la certeza de que el partido estaba exactamente donde lo quería.
El segundo tiempo terminó de inclinar la cancha. A los 4 minutos, Ignacio Russo marcó el 3-0 y el Monumental se llenó de bronca: el partido ya parecía decidido, no por falta de tiempo, sino por falta de respuestas.
Para colmo, River se quedó con diez. Fausto Vera vio la tarjeta roja y el equipo local perdió una pieza clave en el medio, además de perder la calma. Con inferioridad numérica y con el resultado en contra, la remontada pasó de difícil a improbable.
Tigre aprovechó el escenario sin piedad. A los 23’ del complemento, otra vez Russo, otra vez el “Matador”: 4-0 y fiesta visitante en Núñez. El doblete coronó una noche redonda para el delantero y para un equipo que no dudó cuando olió la sangre.
River encontró el descuento recién sobre el final. Lautaro Rivero marcó el 4-1 a los 44’ del segundo tiempo, más como un gesto de orgullo que como una amenaza real. El partido ya estaba escrito y el cierre fue apenas una línea al pie.
La derrota fue la primera de River en el torneo, pero sobre todo fue una derrota que duele por las formas: una defensa castigada, errores en salidas sensibles y un equipo que quedó partido cuando el partido le pidió orden y paciencia.
Para Tigre, en cambio, fue una confirmación. La victoria lo dejó como líder de la Zona B con 10 puntos y con una actuación que, por contundencia, lo pone en el radar temprano en el Apertura. Ganar 4-1 en el Monumental no es un resultado más: es una declaración.
La próxima fecha ya asoma como examen inmediato. River deberá salir a recomponerse en una visita exigente, con la urgencia de cambiar la imagen y recuperar confianza. Tigre, por su parte, intentará sostener el envión con su gente, sabiendo que el torneo recién empieza pero que los golpes simbólicos también construyen campañas.