Fiat Argentina fue en las décadas del 60 y 70 el grupo económico privado más importante del país - llegó a emplear a 20 mil trabajadores entre las plantas de Buenos Aires, Córdoba y Sauce Viejo – tenía el 60 % del mercado de los autos económicos con el Fiat 600 y el 128 y llegó a producir 1 de cada 3 autos que se vendían aquí.
"Construyeron un imperio en 15 años" dice Camillo Robertini, autor del libro "Erase una vez la Fiat en Argentina", en el que cuenta la historia de la empresa italiana a través de las voces de trabajadores y directivos que fueron parte de ella en sus tiempos de gloria.
"Hay tres etapas en el desarrollo de Fiat en Argentina. Una primera de llegada y asentamiento. Una segunda de boom de desarrollo hasta 1971, con pleno empleo, dificultades para conseguir autos porque la demanda era mayor que la oferta. Y una tercera etapa desde 1973, que explota y empeora aún más con el último gobierno militar, hasta su salida del país. En este período hay dos momentos claves, que son la crisis petrolera de 1973, que de alguna manera es lo que pasa ahora con la guerra en Ucrania, y otro es el golpe de estado de 1976 y la política de Martínez de Hoz. Ahí es donde todos los problemas que se habían ido acumulando desde la época del desarrollismo llegan a un punto final", describe.
- ¿Por qué Fiat desembarca en Argentina y no en otro país, como Brasil por ejemplo?
-Las empresas automotrices desde principios de siglo, sobre todo las europeas y americanas, iniciaron un proceso de internacionalización. Argentina, dentro de Latinoamérica, era un país importante, sigue siéndolo, hacia donde desde principios de siglo Fiat exportaba autos. Terminada la segunda Guerra Mundial, las empresas que habían quedado en el bloque occidental, como Fiat en Italia, deciden invertir en aquellos países que tenían un potencial de desarrollo. En esa época Fiat se asienta en España con Seat y en 1947/48 se elige a Aurelio Peccei como el jefe y la cabeza de la expansión en América Latina. El elige a Argentina, donde llega bajo el segundo gobierno peronista, primero con un plan para Mendoza que no prospera y después con una planta para producir tractores en Córdoba, donde en alianza con la empresa estatal IAME levanta en 1954 la primera fábrica. Empieza a crecer con el peronismo, a tal punto que después del 55 la Libertadora somete a Fiat a una investigación por haber crecido demasiado.
-Hasta 1964 que inauguran las plantas de Buenos Aires en Villa Bosch, Fiat solo estuvo en Córdoba.
-Si. Fiat Somenca que era tractores, después Martefer y finalmente Grandes Motores Diesel. En 1962 se inaugura la de Caseros, en 1964 la de El Palomar y en 1969 la de Sauce Viejo.
-El libro se centra en estudiar cómo funcionaba Fiat en general y Buenos Aires en particular, comparándola con las de Córdoba. ¿Qué significaba trabajar en Fiat?
-La Fiat que llega a Argentina en los 50 y hasta el Cordobazo era una empresa muy italiana, con directivos y gerentes que traen de Italia una cultura política autoritaria, que se habían formado en una Turín fascista. Era una empresa típicamente paternalista que por un lado exigía una disciplina de trabajo muy dura, donde no había ninguna posibilidad de discutir con la patronal mínimas condiciones laborales, porque la empresa alentó la formación de sindicatos "amarillos", controlados por la misma empresa. La contracara de esa política era un estado de bienestar muy interesante, el trabajador y su familia recibían una retribución muy elevada, ayuda para construir su propia casa, beneficios económicos. Todo eso contribuye a transformar al obrero de la Fiat en un trabajador con alto poder adquisitivo, que visto desde hoy es poco usual. Podríamos decir, haciendo una comparación, eran como los trabajadores de Google ahora, entraban a una empresa que les brindaba condiciones de vida absolutamente positivas.
-De acuerdo a lo que contás en el libro, Fiat no solo tenía un régimen laboral muy duro sino que también investigaba la vida de sus trabajadores, lo que no era muy usual.
-Esa metodología de conocer la vida privada de sus empleados, tener investigadores privados que indagaban hasta sobre la cuestión ideológica de los trabajadores o aspirantes a serlo, se inscribe en el clima de la Guerra Fría. Fiat seleccionaba muy atentamente a sus trabajadores, porque el objetivo era en esa época alejar la protesta y producir. Esa política efectivamente funcionó en los 60 en Buenos Aires pero no en Córdoba donde la izquierda logra romper el cerco.
-Escribís en el libro que Fiat competía con el sindicato en la administración del tiempo libre de los trabajadores. Por los servicios sociales que brindaba, por los clubes que fundaba, los torneos de fútbol que organizaba. Un trabajador de la empresa podía comprarse con dos horas extras por día un Fiat 600.
-Los de Fiat o de otra automotriz. Eso en términos clásicos era una aristocracia obrera. Fiat competía con los sindicatos porque había dibujado un sistema de administración del tiempo libre de sus empleados cuyo objetivo era fundamentalmente alejarlo de la sociabilidad obrera no controlada por la misma empresa. Esto es, 8 horas de trabajo más dos o tres extras, tiempo libre en el club de la empresa y con eso alejarlo lo más posible de la protesta. Eso se ve muy claramente en la organización de actividades deportivas. En los 70 Fiat llegó a tener más de 60 equipos de fútbol en todas sus plantas.
-Fiat tenía 20 mil obreros, era el grupo privado más importante del país y llegó a tener el 60% del mercado de los autos económicos.
-Tenía una penetración del mercado impresionante, era un imperio que se construyó en 15 o 20 años.
-Contas en el libro que quienes armaron Fiat y trabajaron en ella eran inmigrantes italianos distintos a los que vinieron a principios de siglo pero que además constituyeron una especie de capitalismo italiano, como los Rocca por nombrar a los más conocidos.
-Es la etapa de lo que se llamó la última oleada de inmigración italiana, entre 1945 y 1955. Y fue una inmigración en buena medida de proletarios, de gente que huyó de la segunda guerra y más aún de la post segunda guerra porque a Europa le llevó 10 años volver a estar bien. Esta última ola fue no solo una migración de mano de obra sino también de empresas, de pymes familiares que decidieron trasladar la producción a Argentina porque las condiciones económicas generales y los convenios que había entre países favorecían esto.
-Hay un decreto de Frondizi que da una serie de beneficios para la instalación de las automotrices.
-Fueron políticas macroeconómicas desarrollistas que por un lado favorecieron la presencia de empresas extranjeras en Argentina y por el otro generaron un monstruo porque en realidad en un momento las automotrices llegaron a tener una capacidad de producción que probablemente era el doble de lo que necesitaba el país. El mismo Aurelio Peccei en sus memorias dirá que en un momento la presencia de Fiat, Peugeot, Ford, etc. se transformó en una lucha de grandes grupos internacionales para agarrar todos los subsidios posibles. La política de estas automotrices fue muy directa, ocupar mucha gente y luego amenazar a los gobiernos con cerrar las fábricas y generar de repente una gran cantidad de desocupados. El incentivo a la radicación de estas empresas por un lado fue una forma de responder al subdesarrollo, pero por el otro se transformó en una herramienta para poner bajo amenaza al gobierno todo el tiempo porque si el señor Agnelli decidía cerrar sus fábricas en Argentina la Casa Rosada temblaba.
-¿Usaban procesos productivos que ya habían dejado de usarse en Europa?
-Fiat importaba las líneas de montaje que eran obsoletas en Europa a Argentina, cosa que hacían todas las automotrices. Cuando el gobierno militar decide abrir las importaciones, por un lado, había un producto nacional como el Fiat 600 que ya era una pieza de museo y por el otro los autos japoneses que eran tecnológicamente el futuro. Es ahí donde el mercado del auto en Argentina implosiona y hay empresas como Ford que deciden quedarse en el país y otras que se van. Fiat entre 1973 y 1981 lleva adelante una política de expulsión de la fuerza de trabajo brutal. En 1981 se fusiona con Peugeot, nace Sevel que es comprada por Franco Macri, y se cierra Peugeot. Ese es un momento muy duro de la historia industrial del país.
-Hay como un paralelismo entre las plantas de Europa y Argentina, no eran solo condiciones locales las que provocaron su caída. La baja de las ventas también sucedió en Europa a punto tal que Agnelli tuvo que venderle el 10% de la empresa a Kadaffi, las Brigadas Rojas mataban todos los días y también gerentes de la empresa fueron asesinados. El escritor italiano Erri de Luca, que fue obrero de Fiat, decía que la década del 70 terminó en el otoño del 80 cuando Agnelli despidió a 24 mil obreros de la planta Mirafiori en Turin.
-A Fiat uno lo pensaba como una empresa local pero respondía a dinámicas globales. Lo que acontecía en las fábricas de Fiat en Turín, Buenos Aires, Córdoba, Sauce Viejo y la Unión Soviética era parecido, había un proceso de reivindicación sindical muy fuerte. Lo que hubo fueron respuestas distintas. En América Latina hubo una represión ciega, en Italia y Francia no porque eran estados democráticos. Pero es cierto lo que dice De Luca porque a fines de los 70 el grupo Fiat reconoce que la conflictividad social en la fábrica rompe con lo que había sido el fordismo. Eso lleva después a lo que hoy en el mundo anglosajón llaman nostalgias de chimeneas, es decir, de ese capitalismo que hizo de Londres una ciudad de niebla constante, pero que otorgaba una casa, un estatus social al obrero. Hoy nadie se siente orgulloso de ser obrero, el obrero mismo probablemente se considera dueño de una pyme porque en los tiempos libres hace otras cosas. Ese tipo de fábricas cierra en la década del 80 cuando la identidad de la persona ya no pasa por el lugar de trabajo. La fábrica Fiat, bien o mal, otorgaba una identidad que buscaba una afiliación clánica, ser parte de una gran familia. La fábrica después del 80 será un lugar de trabajo en el cual el obrero peleará para defender el trabajo y no para mejorar sus condiciones de vida. Esos son los 90 en América Latina y en Europa también, solo que acá la receta se aplica de una forma mucho más drástica y los resultados son una carnicería social.
-Una de las características que tenía Fiat y que describís en el libro es que era muy buena comunicando, cosa que habitualmente no es común en las empresas.
-Fiat en Argentina tuvo desde 1964 su propio órgano de prensa que era la revista Nosotros, que estaba muy bien hecha por periodistas que trabajaban full time para la empresa, y salió hasta 1978. También producía documentales, noticiarios breves de 10 o 15 minutos. En Italia existía algo parecido pero la cabeza de todo eso estaba en el edificio Mirafiori de Buenos Aires, donde además funcionaba un centro de estudios económicos internacionales que después asesoró a un montón de empresas locales. Fiat no tenía solo la pretensión de ser la primera empresa privada del país sino también de marcar una tendencia y hacer que todos pensaran como pensaba Fiat, que es una ambición propia de las grandes empresas.
-Cuando empezamos la nota hablaste de Aurelio Peccei, que fue uno de los grandes directivos de Fiat. El otro gran hombre de la empresa fue Oberdan Sallustro, que fue asesinado por el ERP en 1972.
-Sallustro fue importante porque desde el principio estuvo al lado de Peccei hasta que se retira por la edad. Sallustro habitualmente se reunía con el presidente de turno, era una personalidad de peso de la política del país, no era solo un empresario. En las memorias de los trabajadores que entrevisté la muerte de Sallustro es un evento central, mediático, y es una bisagra de la historia de Fiat en la región porque después de su muerte empieza a mirar a Brasil. La muerte de Sallustro es para muchos trabajadores la causa de que Fiat se vaya de la Argentina, pero en realidad Fiat se va de Argentina porque el mercado estaba saturado y en Brasil ve una ocasión de prosperar, como finalmente termina siendo. Desembarca en Belo Horizonte en 1978 y ahí constituye otro monopolio comercial muy importante, se transforma nuevamente en la cabeza de la región y todavía lo es. Fiat vuelve a la Argentina en los 90 a Córdoba, pero no es la Fiat Concord.
- ¿Cómo fue la relación de la empresa con los sindicatos?
-En la década del 60 eran sindicatos "amarillos", de fábrica y gracias a los gobiernos de turno no tuvo que aplicar la ley de Asociaciones Profesionales que determinaba un sindicato nacional por rama de actividad. Fiat siempre gozó de otro canal para poder actuar libremente, era la contrapartida que tenía por emplear a muchos trabajadores. Después de 1972, cuando Perón se perfila como el próximo presidente de la Nación, Fiat financia la campaña electoral desde Italia, es un avión de Alitalia en el cual vuelve a Argentina. En Roma se reúne con el primer ministro italiano Giulio Andreotti y con Gianni Agnelli y ahí surge la necesidad para la empresa de que sus empleados se afilien a la UOM y no al Smata, como devolución por el apoyo que había recibido en su exilio y regreso al país. Con la UOM tuvo una relación positiva, en el sentido de que comparte con Fiat el proyecto industrial, es un sindicato que en ningún momento plantea apropiarse de los medios de producción y colectivizar la fábrica como se planteaba en los 70 y como estaba pasando en Chile con la Unidad Popular. En la década del 70 el proyecto de la empresa es colaborar con la UOM, lo cual le sale bien en Buenos Aires, en Santa Fe menos porque hay distintos momentos de tensión entre el sindicato y agrupaciones proletarizadas que se oponen a eso y la UOM local y en Córdoba es aún más traumático porque el SITRAC y el SITRAM habían sido conquistados legítimamente por el clasismo , aunque después fueron intervenidos.
Camillo Robertini es Doctor en Estudios Históricos por la Universidad de Florencia y Siena, Licenciado en Historia por la Universidad de Perugia y Magíster en la Universidad de Venecia "Ca' Foscari". Sus temas de estudio son la historia oral, la historia del trabajo y la memoria de la última dictadura argentina. Ha sido becario postdoctoral del Conicet y actualmente se desempeña como investigador en el Instituto de Estudios Internacionales de la Universidad de Chile y desarrolla un proyecto financiado por la Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo.