Acuerdo Mercosur-Unión Europea: qué pasará con los aranceles y cómo beneficiaría a Argentina
El tratado entre ambos bloques podría comenzar a aplicarse de manera gradual una vez superadas las instancias políticas pendientes. La reducción progresiva de aranceles y la apertura de mercados generan expectativas en sectores exportadores argentinos, aunque también plantean desafíos para algunas industrias.
Carne vacuna y aviar, con cupos ampliados y menores aranceles.
Elacuerdo de libre comercio entre el Mercosur y la Unión Europealleva más de dos décadas de negociaciones. Aunque el texto principal fue anunciado en 2019, la implementación se demoró por diferencias internas en Europa, especialmente por cuestiones ambientales y productivas.
En los últimos meses, funcionarios europeos, entre ellos la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, señalaron que el acuerdo podría aplicarse de forma provisional mientras avanzan las ratificaciones parlamentarias.
Este mecanismo permitiría que algunas partes del tratado comiencen a regir antes de la aprobación completa en todos los países.
Productos agroindustriales como aceite de soja, biodiésel y derivados.
Si se confirma esa vía, el tratado podría empezar a aplicarse en etapas. Primero entraría en vigor el capítulo comercial, que incluye reducción de aranceles y acceso a mercados. Luego quedarían pendientes otros aspectos institucionales y regulatorios que requieren validación legislativa en cada nación.
Para Argentina, esto implicaría un proceso gradual. La eliminación de barreras comerciales no sería inmediata, sino escalonada durante varios años, con cronogramas distintos según el tipo de producto.
Qué pasará con los aranceles y cómo impactará en Argentina
Uno de los puntos centrales del acuerdo es la reducción progresiva de aranceles entre ambos bloques. Actualmente, muchos productos argentinos pagan impuestos elevados para ingresar al mercado europeo, lo que limita su competitividad frente a otros proveedores internacionales.
Con el acuerdo, la Unión Europea eliminaría aranceles sobre la gran mayoría de los bienes industriales provenientes del Mercosur. En paralelo, el bloque sudamericano reduciría sus tarifas para productos manufacturados europeos, aunque en plazos más largos para proteger a sectores sensibles.
Vinos, frutas y alimentos procesados con mayor valor agregado.
En el caso argentino, los beneficios potenciales se concentran en rubros agroindustriales y de economías regionales. Entre los sectores que podrían mejorar su acceso al mercado europeo aparecen:
Carne vacuna y aviar, con cupos ampliados y menores aranceles.
Productos agroindustriales como aceite de soja, biodiésel y derivados.
Vinos, frutas y alimentos procesados con mayor valor agregado.
Algunas cadenas industriales, como autopartes y químicos, en segmentos específicos.
La apertura del mercado europeo resulta estratégica por su tamaño y poder adquisitivo. Se trata de uno de los principales destinos comerciales del mundo, con consumidores que demandan productos de calidad y con certificaciones ambientales.
Sin embargo, el acuerdo también implica compromisos. Argentina deberá reducir gradualmente aranceles para bienes europeos, lo que podría incrementar la competencia en sectores industriales locales. Por eso, el cronograma prevé plazos de hasta 10 o 15 años para ciertos productos considerados sensibles.
Más allá del impacto comercial directo, el acuerdo podría tener efectos estructurales en la economía argentina. Entre las oportunidades más mencionadas por analistas se encuentran la diversificación de exportaciones y la posibilidad de atraer inversiones extranjeras.
La previsibilidad normativa y el acceso preferencial a un mercado amplio podrían incentivar proyectos en sectores como alimentos, energías renovables y economía del conocimiento.
También se espera que el tratado facilite estándares comunes en temas sanitarios y técnicos, lo que simplificaría exportaciones.
Otro punto a favor es el posicionamiento geopolítico. Un acuerdo con la Unión Europea permitiría al Mercosur fortalecer su inserción internacional en un contexto de creciente competencia comercial global.
No obstante, también hay desafíos. Algunas industrias locales temen que la apertura genere mayor presión competitiva, especialmente en manufacturas donde Europa tiene mayor desarrollo tecnológico. Por eso, especialistas remarcan la necesidad de políticas de transición, reconversión productiva y mejoras en competitividad interna.
Asimismo, el capítulo ambiental del acuerdo sigue siendo un tema sensible. Europa exige garantías vinculadas a sostenibilidad y trazabilidad, lo que implica nuevas exigencias para cadenas productivas sudamericanas.
La posibilidad de una aplicación provisional aparece como una alternativa para destrabar el proceso político. Para Argentina, el impacto dependerá tanto del calendario de implementación como de la capacidad de aprovechar las nuevas condiciones de acceso a mercados.
La reducción de aranceles y la apertura comercial pueden generar oportunidades relevantes, pero su resultado final estará ligado a la estrategia productiva y exportadora del país.